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ARANTXA ALDAZ aldaz@diariovasco.com
Jueves, 16 de febrero 2012, 09:36
«Nosotros corremos maratones, pero la verdadera maratón es la que hacen cada día cuando se levantan los niños que luchan contra el cáncer, sus familiares y cuidadores». Iñigo Sáenz y Toni Duart se esforzaron ayer en restarle mérito a su labor solidaria, aunque fueran ellos los protagonistas del homenaje que les brindó la asociación de padres de niños con cáncer de Gipuzkoa, Aspanogi, por la estrecha colaboración de estos dos atletas con la entidad. El reconocimiento se extendió también a otra corredora, Alexia Bertolino, que no pudo asistir al acto, celebrado en el centro Txara de Donostia, por motivos de trabajo.
¿Y qué tiene que ver el atletismo con el cáncer infantil? El paralelismo lo explica rápidamente Toni Duart, corredor catalán de Calafell. «La vida, como las competiciones, es una carrera de fondo con obstáculos», responde. Hace cuatro años que decidió darle un mayor sentido a las aventuras deportivas con las que recorre el mapa. Una necesidad personal que también compartía Iñigo Sáenz, conocido corredor de montaña guipuzcoano, con quien coincidió una noche en un albergue en La Molina, en el Pirineo catalán. De aquella conversación nació el germen del proyecto Team Aspanovas, con un fin solidario: donar el dinero recaudado en las competiciones a la asociación guipuzcoana. Hasta entonces ninguno de los dos mantenía relación con las familias de niños con cáncer, pero cuando se decidieron a arrancar con el proyecto no encontraron mejor motivo que el de contribuir con ese dinero a estos «verdaderos corredores». El primer grano de arena lo pusieron en la Marathon des Sables, que se corre por el desierto del Sáhara, y donde se unió al grupo la tercera homenajeada, la italiana Alexia Bertolina. Aquel reto deportivo que marcó sus vidas lo hizo también para las familias de Aspanogi. El proyecto nació con la idea de donar el dinero recaudado a una asociación distinta cada año, «pero el vínculo fue irrompible», dice Iñigo.
Ane, el espíritu del proyecto
Desde entonces, corren empujados por el espíritu de superación de los niños enfermos de la asociación y, como ellos, ríen, lloran, caen y se levantan, y cuando no pueden más, «sacamos fuerzas de donde no las hay para seguir siempre hacia adelante, hasta llegar a la meta, como hacen ellos», describe Toni.
Organizan competiciones, cuyo dinero recaudado se destina a la asociación. En total, en estos cuatro años habrán sumado más de 15.000 euros entre las acciones que se hacen en Gipuzkoa y en Calafell. El dinero no lo es todo. Las familias guipuzcoanas viajan cada año a Calafell para disfrutar de un merecido respiro, costeado casi al 100% por los organizadores de la competición. Y de paso ayudan como voluntarios en carrera. Con especial emoción describen aquella que terminó con las rodillas del ganador clavadas en el suelo y el dedo señalando hacia el cielo, en recuerdo de Ane, una niña de la asociación fallecida, «que es el espíritu del proyecto».
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