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JUAN A. MIGURA
Viernes, 23 de marzo 2012, 03:46
Un centenar de fuelles de acordeón sonarán en el tutti con 'Viva México' esta noche en la parroquia de Santa Marina para homenajear a Miguel Sagastune, 'El Mago de Urki', que con 81 años cumplidos ayer, recibirá más de un zorionak en esta jornada que le dedican los centros musicales de Debagoiena, los bergareses y los acordeonistas.
De una manera especial sentirá las melodías que partan del instrumento de su nieta June Martin, la única que ha seguido la tradición familiar. Esta joven irundarra de 19 años, junto con el sexteto en el que toca, acudirá a felicitar a su aitona, un acordeonista de raza que ha gozado y ha hecho gozar con la riqueza musical de este instrumento durante más de 60 años. «Hace dos años que no me dejan tocar. Me pusieron un marcapasos y me han prohibido conducir y el acordeón, pero no ir a trabajar», manifiesta con cierta sorna y nostalgia un Miguel que, «en lugar de tocar escucho las grabaciones que tengo hechas».
Eibarrés, natural del caserío Urki, e hijo único de Victoriano Sagastume y Bonifacia Narvaiza, ha sido continuador de la afición musical de su padre. «Tocaba de oído el acordeón diatónico, el pequeño. Con diez años me mandó a recibir clases de piano con Amada Mugerza. Se casó y se fue de Eibar, y a los doce me mandó a Bergara con Miguel Gz. Bastida y su padre».
En sus primeras actuaciones llegó el bautizo. «Unos que organizaban festivales benéficos para los tuberculosos vinieron a casa a pedir permiso al padre. Cuando bajaban le preguntó uno al otro, ¿«Sabes cómo se llama el chaval»? Y en lugar de subir a preguntar, decidieron anunciarme en los carteles como 'El Mago de Urki'. En Eibar casi no me conocen por Miguel Sagastume».
De joven tomó parte en concurso con su íntimo amigo, ya fallecido, Felix Aranzabal, Angiozarko Itsua, «el mejor acordeonista que he conocido. Se quedó ciego de niño, estudió en Sestao y se aprendía las lecciones de cabeza».
Con la mayoría de edad parte a su intensa aventura caribeña. «En una boda un cubano que tenía un cabaret me propuso ir a La Habana. Yo le dije que si mi padre me daba permiso, me iba. Cumplía los 19 años y entraba en caja para la mili».
La Orquesta de Tropicana
«Fui con mi madre, un viaje de un mes en barco, y estuve de 1950 a 1954. Mi padre se quedó trabajando en Ocamica Hermanos». En lugar de realizar el servicio militar se presentaba en la embajada en Cuba. Formó parte de un cuarteto y de la Orquesta del mundialmente conocido cabaret Tropicana en tiempos de la dictadura de Batista, cuando era la capital mundial del juego para norteamericanos y mafiosos que huían de la prohibición en EE.UU. Conoció a Orson Welles, Ernest Hemingway, y en lo musical se codeó con Xabier Cugat, Celia Cruz o el pianista nonagenario Bebo Valdés. «Hace tres años cuando vino con su hijo Chucho al Kursaal a presentar el disco 'Juntos para siempre' estuve con Bebo. Fue un reencuentro emocionante y de recuerdos después de 53 años».
Jai Alai, romerías y Ariznoa
A su regreso del otro lado del charco fundó la Orquesta Urki con seis miembros y eran habituales en las veladas de la sala Jai Alai. «Eibar vivía su apogeo con la Lambretta y otras muchas empresas». También en la romerías, «en algunos sitios como Azkoitia y Azpeitia no nos dejaba tocar agarradas. A las 12 se presentaba la Guardia Civil y se acabó, aunque siempre se buscaba alguna forma para seguir un poco más». Otro de sus escenarios más cotidianos fue el de sala Ariznoa.
Valorado por su calidad musical con teclas y los botones, y apreciado por su simpatía, además de músico, fundó la empresa de autobuses urbanos de Eibar. «Recuerdo que cobrábamos una peseta. Yo llevaba la oficina. Después Pesa compró la línea. Entrados los años 80 entre en el obrador de la pastelería a trabajar». Casado 53 años con Miren Berasategui Raizabal, ha sido gestor también de la herencia pastelera que recibió su mujer, es padre de cuatro hijos de los que tres dominan el arte de los tostones y rellenos.
Sonriente como siempre, Miguel acudirá hoy al homenaje con ese aire campechano, «mi hijo se comprometió, y voy ilusionado».
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