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JUAN A. MIGURA
Martes, 4 de diciembre 2012, 02:25
Diecinueve religiosas con una edad media de 25 años, sustituyen desde hace unos días a las cinco clarisas de la orden franciscana que los vecinos despidieron de forma oficial el 21 de octubre y que superaban los 80 años de media. Las jóvenes vocaciones de la recién fundada orden de San Juan y Santo Domingo, llegaron a la villa hace unas semanas para ocupar las dependencias del convento de Goenkale, donde las franciscanas estaban a punto de cumplir 500 años de vida monacal.
Si la despedida a las primeras, conocidas cariñosamente como monjazarrak, dejó pequeña la iglesia del convento, también se dieron cita muchos vecinos en la recepción oficial a la nueva orden que se desarrolló el domingo en la parroquia de Santa Marina en el transcurso de la misa de las 12 horas. Ofició el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, junto a otros dos sacerdotes.
La ceremonia cantada, incluía en el repertorio piezas en latín, por Aretxabaleta Abesbatza, no dio el protagonismo a las nuevas religiosas hasta el tramo final. Tras la comunión y la invitación de Munilla, la hermana Lucía, de origen italiano, dio lectura a una carta de presentación en castellano con acento francés. Se congratuló de la acogida que han recibido, destacó su dedicación a la oración por todos, y explicó que en su vida contemplativa se sustenta en oración, formación y trabajos manuales para buscar el sustento, de una congregación que también recurre a la caridad para cubrir sus necesidades. A la conclusión de la misa recibieron la bienvenida de algunos feligreses.
Manualidades y visitas
La vida intramuros de las 19 hermanas procedentes de once países como Francia, Estados Unidos, Rumania, Croacia, Finlandia e Italia entre otros, no contempla la clausura por lo que es habitual encontrar en la calle a la misma vestidas de gris y toca blanca.
La religiosas de San Juan y Santo Domingo afrontan una estricta rutina. Se levantan antes del amanecer para dedicar las primeras horas a rezos y asistir a misa, poco después, desde las 9 horas, inician los estudios centrados en principio en el castellano, ya que muy pocas pueden expresarse en ese idioma, «en euskera sabemos algunas palabras. Entre nosotras hablamos en francés».
Por la tarde realizan trabajos manuales, «una fuente de ingresos. Realizamos trajes religiosos, trabajos de caligrafía, cirios, rosarios y otros cosas», destacaba la hermana Lucia, que no olvida destacar que disponen de un horario de visitas de 14 a 17 horas, para que se acerque cualquier bergarés, «una forma de conocimiento mutuo entre la comunidad y las religiosas», apuntó el obispo, que está en el origen de la llega de esta comunidad.
Es la segunda de la orden en el estado español tras la fundada en 2011 en Córdoba. Disponen de casas en Estados Unidos, Filipinas, México o Brasil con un total de 150 religiosas. La Comunidad de San Juan y Santo Domingo fue fundada en 1975 por el dominico Marie-Dominique Philippe, profesor de filosofía en la universidad suiza de Friburgo.
Fueron implantadas a nivel estatal por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández González, desde donde han llegado a la villa, como apuntó Munilla, «me invitaron a ofrecer unas conferencias en Córdoba el pasado verano y allí conocí a esta congregación interesadas en fundar casas. Vista la situación de las clarisas en Bergara, les ofrecí esa posibilidad».
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