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LUIS LÓPEZ ,
Domingo, 19 de mayo 2013, 17:52
Las obras en la 'Y' vasca languidecen y a poco que se indague aparecen nuevos motivos para alimentar el pesimismo sobre el futuro de la alta velocidad ferroviaria en Euskadi. El problema está en los trabajos entre Vitoria y Bilbao, que desarrolla el Ministerio de Fomento a través de la sociedad pública Adif, y para los que este año se han hecho realidad los peores presagios: primero, las obras sufrieron un recorte presupuestario del 40%; luego, Adif ordenó a las empresas adjudicatarias trabajar únicamente a un 15% de su capacidad porque no había dinero para pagarles más.
Eso es malo para la mayor infraestructura jamás construida en Euskadi. Pero es que se une a unos retrasos que asustan y que hasta ahora no se habían cuantificado. En un esfuerzo por demostrar transparencia en la gestión, la ministra de Fomento, Ana Pastor, reveló recientemente en sede parlamentaria el grado de ejecución de todos y cada uno de los tramos de su competencia en la 'Y' vasca. Y hay casos sangrantes.
Pastor se refirió al segmento Durango-Amorebieta, que está construido al 52%. El problema es que las obras arrancaron en febrero de 2009 con un plazo de ejecución de 30 meses. Es decir, en un escenario ideal deberían haberse concluido en agosto de 2011. Pero ahora, casi dos años después del momento en el que estaba fijada su terminación, los trabajos apenas están por la mitad.
Aún más llamativa es la situación del Galdakao-Basauri, donde se empezó a trabajar en mayo de 2008. Según el contrato, debería estar terminado en 28 meses, o sea, en septiembre de 2010. Sin embargo, a estas alturas, y según reveló la ministra, se encuentra en un grado de ejecución del 56,4%.
Y eso que los dos anteriores son ejemplos de segmentos que arrancaron cuando, en principio, la obra del tren de alta velocidad (TAV) gozaba de vigor pese a una crisis que no parecía afectar a esta infraestructura. ¿Qué ocurre entonces con tramos más recientes? Clamoroso es el caso del Elorrio-Atxondo. Aquí se empezó a trabajar en enero de 2012 y el plazo de ejecución contratado eran 26 meses. Es decir, ahora mismo ya se ha consumido más de la mitad de ese tiempo. Pero los trabajos, siempre según la ministra Pastor, solo han avanzado un 5%. ¿Por qué? Desde Madrid aseguran que ha habido un problema técnico en la estabilización de la ladera de Santa Catalina, que afecta al viaducto de Kinatoi (de 880 metros de longitud). Pero, esencialmente, las mismas fuentes se refieren a lo evidente: no ha sido posible avanzar más en las obras por «falta de disponibilidad presupuestaria».
Distintos ritmos
Todo esto dibuja un escenario diabólico. Porque si todos estos retrasos se fraguaron cuando no faltaba dinero -aunque, también es cierto, sobre ellos pesaba entonces la amenaza terrorista-, cuando cada año la consignación presupuestaria mejoraba la del ejercicio anterior, ¿qué ocurrirá ahora, que falta financiación y se limita a las empresas para que trabajen únicamente al 15% de su capacidad? Evidentemente, todo apunta a que la 'Y' vasca se está quedando al borde de la parálisis. Con el agravante de que incluso hay tramos en los que ni se ha empezado a trabajar; entre ellos, el vital nudo de Bergara, el corazón del TAV.
Lo más curioso es que la otra parte de la 'Y' vasca, la que discurre por Gipuzkoa y gestiona el Gobierno de Vitoria, mantiene un ritmo de obra ágil y su financiación (que paga el Ejecutivo central) es la misma que el año pasado. Esto es, 350 millones de euros. Según la consejera vasca de Medio Ambiente y Política Territorial, Ana Oregi, podría estar funcionando en 2018 (aquí se incluye el plazo de dos años para electrificación, instalación de vías, pruebas...), eso sí, teniendo en cuenta que en un principio se remarcó la cifra de 2016.
Tal planificación hace que se planteen varias preguntas. ¿A qué se debe esa decisión de mantener el ritmo en unas obras (en Gipuzkoa) y ralentizar otras (Vitoria-Bilbao), si la infraestructura no podrá estrenarse hasta que estén todas concluidas? ¿No sería más razonable acompasar ritmos para llegar al final de manera coordinada? Pero, sobre todo, crea inquietud el asunto de los plazos. Si el trazado competencia del Gobierno Vasco, que va viento en popa, no estará en condiciones de estrenarse, como pronto y en el mejor de los casos, hasta 2018, ¿cuándo se deberá esperar para que esté lista la plataforma Vitoria-Bilbao?
No hay respuesta. Y eso que los jeltzales Jokin Bildarratz e Isabel Sánchez Robles, en el Senado y en el Congreso de los Diputados, respectivamente, plantearon en varias ocasiones la pregunta tanto a la ministra como al propio presidente, Mariano Rajoy. Pero en todos los casos, verbalmente y por escrito, los populares se han limitado a asegurar que la 'Y' vasca es «prioritaria», sin 'mojarse' a la hora de aventurar fechas de conclusión.
Naturalmente, todo es cuestión de dinero. Según fuentes del Gobierno central, Fomento debe resignarse a gestionar los recortes recetados por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, cuya prioridad es atajar el déficit. Así, el TAV deberá esperar a que el escenario económico mejore y las arcas públicas puedan estar en disposición de dinamizar la financiación para una infraestructura tan cara (más de 4.000 millones de euros, de los que ya se han gastado casi la mitad). Aunque también es cierto que con las deprimentes previsiones para los próximos años el margen para el optimismo es más que limitado. Al fin y al cabo, cuando los recortes llegan a ámbitos esenciales del Estado Social resultaría incluso reprochable que no afectasen a las infraestructuras.
Dimensión política
Pero, por otro lado, hay una lectura política que pone en tela de juicio el compromiso de Madrid con un TAV que no se cansa de calificar como prioritario. Ha sido el PNV quien más ha incidido en ello. Según los jeltzales, mientras el recorte de este año en la parte de la 'Y' vasca que gestiona Adif ha sido del 40%, en el corredor noroeste (a Galicia) cayó solo el 11%, y en el del Mediterráneo, un 5%. Además, está el tema de los plazos. La ministra rechaza aventurar cuándo se terminará la obra en Euskadi por considerarlo temerario, pero hace poco sí manifestó su «compromiso firme» con que el AVE a Galicia esté listo para 2018.
Los peneuvistas ven así contradicciones serias entre lo que el Ejecutivo de Madrid dice y el trato que efectivamente dispensa a la mayor infraestructura vasca. Y aunque el PNV presiona en el Parlamento español en busca de avances y compromisos, con la mayoría absoluta del PP quedan lejos los tiempos en que los jeltzales tenían el poder de negociar apoyos al Ejecutivo central a cambio de compromisos de éste en Euskadi.
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