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MARIO GARCÍA
Jueves, 17 de octubre 2013, 03:35
El cerebro humano es el órgano más desconocido y su complejidad lo hace apasionante para los investigadores. Tres proyectos mundiales se han puesto en marcha para conocer su funcionamiento, sus posibilidades y las causas que generan enfermedades como párkinson, alzhéimer, esquizofrenia o autismo. Probablemente estemos ya en las puertas de una etapa de importantes cambios que permitan avanzar hacia un cerebro «diferente, más sano, más envejecido, multitarea y tecnológico». Es la reflexión que propone hoy el neurólogo Gurutz Linazasoro en el Aula de Cultura de DV.
- ¿Estamos ante una revolución?
- Sin duda. Además es una revolución bien organizada. Los avances en los campos de la informática, el análisis de imágenes y la nanotecnología puestos al servicio del conocimiento del cerebro abren unas puertas enormes a la investigación. Los grandes estudios en marcha están aplicando todos estos avances.
- ¿Cuáles son esas investigaciones?
- En Europa, el Proyecto Cerebro Humano; en Estados Unidos, el Conectoma Humano, el Brain Initiative, que auspicia Obama, y el Allen Brain, que cofinancia Paul Allen, uno de los fundadores de Microsoft. Son cuatro proyectos muy importantes para conocer el cerebro.
- Entre los objetivos previstos, se pretende desarrollar tecnología para crear simulación computerizada del cerebro.
- Eso pretende el proyecto europeo. Intenta simular un cerebro humano para ponerlo a disposición de todo tipo de investigaciones. Se podrá estudiar cualquier enfermedad neurológica, tanto el alzhéimer como la esquizofrenia o las bases neurobiológicas del odio.
- ¿Se desarrollarán medicamentos?
- Sí. Ofrece la posibilidad de profundizar en el estudio de las dolencias, pero además facilitará el testado de medicamentos. Si un investigador quiere conocer los efectos secundarios de un fármaco podrá tener una referencia exacta a través de este modelo.
- Pero es una tecnología que no existe en este momento.
- Bueno, existe parcialmente. Este proyecto, que lo lidera Henry Markram en la Politécnica de Lausana, con IBM, está en marcha desde hace quince años. Se basa en más de 150.000 experimentos en la corteza somatosensitiva de las ratas. Intentan recrear un cerebro orgánico. El método que siguen es el de ingeniería inversa. Es decir, se sabe que la corteza cerebral se organiza en columnas y en cada columna hay miles de neuronas que forman miles de conexiones. Para simular 10.000 neuronas necesitaron 8.000 procesadores. Y para simular los dos millones de columnas que, se cree, hay en el cerebro humano se necesita un montón de procesadores. Calculan un consumo energético aproximado de 20 megavatios, es decir, el de una ciudad pequeña en invierno. Pero el cerebro humano hace todo con 20 vatios, es decir, lo que consume una bombilla. Ese es el reto, entender cómo nuestro cerebro es capaz de ser tan eficiente.
- ¿Qué más retos se plantean?
- El cerebro tiene vida propia y es cambiante. Esta entrevista, por ejemplo, no sería la misma si se realizara en otro momento. Cada segundo se producen miles de cambios y las conexiones de las neuronas están cambiando permanentemente. Es un sistema vivo. Dentro de 50 años las personas tendrán percepciones totalmente diferentes del mundo. Y es que el cerebro que viene va a ser totalmente diferente.
- ¿En qué sentido?
- La evolución que está teniendo lugar ahora en el ser humano ya no depende tanto del punto de vista darwinista, sino que tiene mucho más que ver con los cambios culturales. Y esto es súper veloz. Un ejemplo: el dedo que más representación tiene en el cerebro de un niño de ahora es el pulgar, mientras que en los adultos es el índice. Esto tiene que ver con el manejo que hacen del pulgar con las nuevas tecnologías. Por otro lado, por efecto de internet el cerebro de las nuevas generaciones es multitarea, con las consecuencias que comporta el estar a mil cosas.
- ¿Se puede decir que el cerebro humano ha cambiado en los últimos años?
- Sin duda. El impacto que la cultura tiene en el cerebro es brutal. Porque ni es una nube ni una roca; es como un junco que se adapta a la realidad del mundo. Y ahora tenemos un mundo globalizado y tecnológico.
- Un cerebro vivo y que se adapta. ¿Qué más características tendrá el cerebro que viene?
- También será biotecnológico. Uno de los grandes retos planteados, y esto tiene muchas connotaciones éticas, es la 'aumentación', es decir, mejorar o aumentar las capacidades del cerebro para hacer determinadas cosas. Esto comenzó en los sesenta y lo inició un español, José Manuel Rodríguez Delgado. Colocaba chips dentro del cerebro de animales para modificar su conducta. Lo más renombrado fue un experimento con un toro en 1968. Le colocó un estimulador en la zona cerebral de la amígdala, que controla la agresividad. Él se ponía con un mando de radiofrecuencia frente al toro; cuando este embestía, le estimulaba la amígdala y el animal se volvía manso. Pero, al margen de esto, otro punto importante es el de las interfases cerebro-máquina.
- ¿De qué se trata?
- De la capacidad de registrar la actividad neuronal y trasmitirla vía ordenador. Hablamos, por ejemplo, de que una persona tetrapléjica pueda adquirir la capacidad de mover con su mente un brazo robótico. Es una manera de manipular el cerebro con un fin noble. Pero, claro, también se podría crear un algoritmo de inteligencia artificial con tamaño nanotecnológico que pueda implantarse en el cerebro y que permita dominar un idioma sin esfuerzo.
- ¿Como en Matrix?
- Sí, va a ser posible y la ciudadanía debe comenzar a familiarizarse con estos temas porque al fin y al cabo tendrá que tomar decisiones al respecto. No todo lo científicamente posible debe hacerse. Porque si por una parte es fantástico que una persona con tetraplejia pueda moverse, por otro lado tenemos un problema. Por ejemplo, quien tenga acceso a chips que le permiten hablar sin esfuerzo seis, siete o más idiomas, estará mejor situado socialmente y la tecnología le concederá una ventaja que en cierto modo podría suponer una desigualdad o una injusticia.
-¡Qué miedo! Porque los chips también podrían emplearse para otros fines menos nobles.
- Claro. De hecho, la industria militar considera que la guerra y el soldado del futuro tendrán mucho que ver con todo esto. E incluso, dando un salto más allá, hay quien se está planteando utilizar esta tecnología para conseguir la inmortalidad.
- ¿Cómo?
- Volcando toda la información que contiene el cerebro de una persona en un robot androide. Ahora bien, aquí se plantea el problema de si realmente ese robot con toda la información de la persona es realmente esa persona. Visto desde una perspectiva positiva, supone un intento de liberar al cerebro de las ataduras del cuerpo para que sea mucho más libre y más capaz de hacer cosas limitadas por el cuerpo.
- Sigue dando miedo.
- Pues es una línea de investigación sobre la que se está trabajando mucho en todo el mundo. El consorcio 'Walk again', que lidera el brasileño Miguel de Nicolelis, se ha propuesto el objetivo de que el saque de honor del Mundial de Fútbol de Brasil 2014 lo haga un tetrapléjico. Para ello se trabaja en un exoesqueleto controlado por la mente de la persona con el apoyo de un ordenador. Seguro que lo consiguen.
- ¿De qué forma se contribuye desde Gipuzkoa a estas investigaciones?
- Estamos trabajando para intentar subirnos a uno de los proyectos, a ser posible el europeo. En el estudio que desarrollamos en CITA Alzheimer tenemos un archivo de imágenes muy completo que podría interesar al Proyecto Cerebro Humano. Estaríamos encantados de participar porque pensamos que ahí está la clave del conocimiento en neurociencias del futuro. Biodonostia también está desarrollando investigaciones que podrían tener cabida en el proyecto europeo.
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