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:: ELENA VIÑAS
Sábado, 7 de diciembre 2013, 12:09
Para quienes pasean a los pies de la siempre imponente infraestructura, la escena que se encuentran desde hace apenas una semana no puede ser más evocadora. La central térmica de Iberdrola en Pasai Donibane va perdiendo día a día, como si se despojara de su traje, parte del recubrimiento exterior del edificio que se alza a la entrada de la población. Su desaparición del paisaje se asemeja al desarme de un puzzle que alguien acomete con la misma pericia con que lo montó.
Los operarios encargados de su desmantelamiento han dado inicio a una de las fases ya más visibles de éste, la que permite apreciar cómo la térmica dice poco a poco adiós. Las placas que cubrían el exterior del inmueble están siendo retiradas, dejando paso a un cambio de tonalidades en su fachada. La superficie de color marrón que se escondía bajo el metal va ganando terreno, ascendiendo desde la base hasta extenderse a ambos lados de la chimenea y creciendo a un ritmo acelerado.
Empleando grúas o descolgándose con ayuda de cuerdas y arneses en los lugares de más difícil acceso, los trabajadores se afanan por ir eliminando los materiales exteriores.
En tres partes
Esta nueva fase del desmantelamiento se pone en marcha cuando se cumple un año del cierre de la central térmica de Iberdrola. La instalación dejó de funcionar el 29 de noviembre de 2012. Pocos meses antes, la eléctrica solicitaba su clausura al Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. El argumento que entonces se esgrimió fue el de la obsolescencia de esta infraestructura, unido, al parecer, al de la caída de la demanda experimentada en los últimos tiempos y a la apuesta de la misma compañía por fuentes de energía más limpias y respetuosas con el medio ambiente, como las derivadas de las centrales de ciclo combinado.
Con el permiso ya otorgado, se afrontaba el desmantelamiento, un proceso de una duración aproximada de dos años y un coste que podría rondar los 5 millones de euros, tal y como estimaba Iberdrola a comienzos del pasado verano.
En su primera fase, se procedió a la retirada de tuberías de aceite y gasoil. Las labores eran las menos visuales de cuantas habrán de acometerse, pero sí las que mayor dificultad entrañaban, según explicaba la compañía eléctrica vasca, por el «carácter contaminante de los materiales que debían de retirarse para su reciclaje.
A partir de los primeros meses de 2014, los trabajos permitirán contemplar cómo la central va poco a poco desapareciendo. Uno de los elementos que se eliminarán el próximo año será la caldera.
En una tercera fase, se dirá adiós a la chimenea de más de cien metros de altura. No será derribada, sino que se desmontará pieza a pieza con ayuda de una máquina de demolición, que funciona mediante control remoto.
Todo el proceso de desmantelamiento, incluida la descontaminación de suelos, habrá de concluir antes de finales de 2015. A partir de entonces se podrá dar un nuevo uso a la superficie de más de 61.000 metros cuadrados que quedará libre en suelo portuario.
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