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ANA VOZMEDIANO
Domingo, 13 de abril 2014, 15:09
El objetivo es la materia orgánica, reutilizarla, reciclarla y convertirla en compost que luego se utilizará para el auto consumo o para jardines y parques en función del sistema utilizado. Se quieren dar pasos y, en principio, se relanzan los dos modelos de autogestión, el compostaje domiciliario y el comunitario.
Etxean Komposta es uno de los métodos que más gusta en el seno del gobierno municipal donostiarra, aunque tiene un inconveniente: solo puede instalarse en viviendas con jardín, no con terraza ni pavimento ni siquiera con cajones de tierra en un balcón. No. Hace falta tierra consolidada, zona verde. Ya hay familias, un total de 541 en toda la ciudad, que tratan la materia orgánica con este sistema
Axier Jaka explica que, hace unos años, la Diputación Foral puso en marcha una campaña que consiguió llegar a estos ciudadanos. Sin embargo, y según datos recabados por el departamento de Urbanismo del propio Ayuntamiento, habría entre 2.900 o 3.000 domicilios que podrían participar en el programa.
Jaka no se atreve a pronosticar que llegará a tanta gente, pero la campaña que ha iniciado tiene como objetivo alcanzar las 1.000 viviendas colaboradoras con el sistema. De momento se han enviado cartas a esos 541 que ya cuentan con su compostadora en el jardín. El Ayuntamiento va a ponerse en contacto con ellos, un técnico municipal se acercará a sus viviendas a ver cómo lo hacen y saber si necesitan ayuda o tienen dudas. Podrán inscribirse en el Registro de Familias Compostadoras.
Es el caso de Oihane Orkolaga, del paseo de Hériz. Vive con Joseba, su pareja, y dispone de un pequeño jardín en el que hace un año y medio instaló la compostadora que también utiliza su tía, vecina muy cercana de la pareja. Era consciente de que «tenemos un problema con los residuos» y se apuntó a la iniciativa que ahora quiere relanzarse.
Está encantada, asegura. No ha tenido «ni medio problema» y las temidas moscas se han limitado en su caso a mosquitas pequeñas en el interior de la compostadora cuando la temperatura es alta. «Una muestra de que no se generan bichos como mucha gente teme es que mi jardín es enano y tenemos las sillas y una mesa para comer muy cerca de la compostadora».
Oihane anima a la ciudadanía a que se apunte a la iniciativa domiciliara, «a nada que tenga un poquito de verde donde colocarla». «Más cómodo, imposible; más cerca de casa, imposible... echas la materia orgánica cuando quieres, sin estar pendiente de regulaciones horarias».
De 300 a 360 litros
El siguiente paso que se ha propuesto el Ayuntamiento es llegar hasta esas familias que pueden ser potenciales participantes en este compostaje domiciliario y ofrecerles una compostadora de 300 a 360 litros y una charla formativa. Su obligación es colaborar con el sistema de inspección y tendrán que registrarse, una obligación que tiene como gratificación beneficios fiscales.
Porque no solo el uso del quinto contenedor permite pagar menos por el recibo de la basura, sino que este sistema, junto al del compostaje comunitario, van a obtener ventajas económicas, superiores, además, a las de los que van a obtener quienes utilicen los contenedores.
Axier Jaka lo explica: «Tanto el compostaje domiciliario como el comunitario son la mejor solución desde el punto de vista de la directiva europea. Las personas reciclan su materia orgánica y generan compost para ellos, sin ningún gasto para el Ayuntamiento, sin necesidad de recogida en camiones».
La experiencia donostiarra va a tener muy en cuenta la de Nantes, localidad francesa a la que viajó el concejal el año pasado. «Tienen programas muy avanzados», afirmó. «Y más unifamiliares que Donostia», reconoció también.
Según sus cálculos, una familia media que en Donostia es de 2,6 miembros que recicla en su casa ahorra 208.000 kilos de residuo en la basura convencional.
Carlos Guereñu vive en Añorga Txiki. No tiene jardín, pero sí participa en otra de las alternativas que se consideran más recomendables, el compostaje comunitario en su barrio. Su barrio fue el primero en contar con uno de estos puntos y la pareja Guereñu decidió apuntarse y cumplir con las condiciones estipuladas por este sistema. De eso hace ya un año. Carlos reconoce que se dejó llevar por su interés hacia las cuestiones medioambientales y se apuntó sin información y sin saber muy bien «en qué lío» se había metido.
«Tengo que reconocer que la experiencia ha sido sorprendentemente buena, algo que me alegra. Porque la basura no es cuestión de una lucha entre partidos, es un problema que está en la calle». A la entrada del barrio está la zona del compostaje comunitario que comparten veinte familias del barrio. Están divididas en cuatro grupos de cinco personas y cada uno de estos grupos cuenta con dos compostadoras. «De cada grupo, cuatro se limitan a llevar el cubo de residuos y echarlo y el quinto es el que que se encarga de revolver el compost cada dos o tres días y echar los restos de poda que son el residuo seco imprescindible para que el compost se haga como es debido. «Esos restos de poda nos los facilita el Ayuntamiento. Pensamos que era más complicado, pero hemos aprendido». Los Guereñu generan basura para llenar su cubo dos veces por semana
En estos momentos hay tres puntos de compostaje además del de Añorga Txiki, el de Zubieta, Aiete e Igeldo, «este último pendiente de la independencia», matiza Jaka. Según sus previsiones en breve se llegará a seis puntos, el Antiguo el próximo.
Siete por cuatro metros
El sistema es similar al del compostaje domiciliario, pero esta vez el terreno lo facilita el Ayuntamiento, no hace falta tener jardín. Eso sí, el punto compostador no se coloca nunca sobre el pavimento sino sobre una zona verde y tiene unas dimensiones de 7 por 4 metros cuadrados. Está vallado, tiene llave, y dentro alberga cuatro compostadoras de 700 litros y dos contenedores de 200 litros en los que hay ramas y hojas, el llamado material estructurante.
De cada uno de estos puntos se ocupan al menos 16 familias que gestionan su funcionamiento y consiguen compost para sus jardineras, huertos o tiestos. Ni tan siquiera es reciclaje, sino un punto anterior que la normativa europea prioriza: reducir la cantidad de lo que se echa a la basura.
¿Es compatible con el contenedor marrón? ¿Puede hacer que éste desaparezca? El concejal Jaka es rotundo. «El contenedor marrón y el reciclaje comunitario se complementan muy bien y, además, ambos se ubican en ámbitos distintos. En el primero hablamos de reciclaje de residuos, en el segundo, de prevención, porque esos residuos no entran en la recogida convencional. En ambos casos producimos compost».
Las familias que se ocupen de cada punto lo gestionarán como decidan, aunque contarán en todo momento con el apoyo del Ayuntamiento. «No somos el sujeto principal de la iniciativa, pero lo que sí proporcionaremos será el llamado material estructurante, el que surja de la poda».
Quienes se apunten al compostaje domiciliario no pueden hacerlo también al comunitario, pero sí al contenedor marrón en ambos casos. Cada familia que pueda debe optar por uno de los dos sistemas, porque se hace por unidad familiar y no por persona.
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