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Casi cien años subiendo y bajando sin descanso.
LA OTRA CARA DE IGUELDO
GENTE

LA OTRA CARA DE IGUELDO

¿En qué parque de atracciones los abuelos pueden decir a los nietos que, cuando tenían su edad, se divertían en las mismas atracciones? En el Monte Igueldo, claro

KARMEN ARRIETA

Viernes, 22 de agosto 2008, 11:56

Subir al parque de atracciones, hacerse unas fotos con marco incomparable de fondo y montar en la Montaña Suiza no significa necesariamente conocer la historia del clásico monte donostiarra. Una historia ya muy larga que esconde muchas curiosidades que no saltan a la vista.

Dentro de nada, el parque de atraciones del Monte Igueldo será centenario, porque todo comenzó cuando, en 1911, varios dueños de caserios de la zona se juntaron, crearon la sociedad anónima Monte Igueldo y decidieron comprar todo el monte, con el propósito de crear un centro de ocio y recreo en su cumbre. Para facilitar el acceso al casino y restaurante que instalaron en la cumbre se construyeron la carretera y el funicular, que hoy en día sigue en funcionamiento pese a que pronto cumplirá cien años. El funicular fue proyectado por el ingeniero Emilio Huici en colaboración con la casa suiza Von Roll. Sigue un trazado de vía única, salvo en su zona central, donde un sistema de doble vía permite el cruce de los vagones que suben y bajan. Hoy en día funciona con los mismos equipos y vehículos de su inauguración, e incluso los coches conservan todavía la carrocería de madera originaria. Pilar Pascual, directora adjunta de la Sociedad Monte Igueldo, explica que «los donostiarras se refieren al funicular como algo viejo, pero la gente de fuera lo valora mucho más. Hace poco, por ejemplo, nos visitó un ingeniero austríaco que se quedó maravillado con el funicular».

Las primeras atracciones

Igueldó nació como un centro de ocio que contaba con un casino y un restaurante de alto nivel al que acudía mucha gente de la ciudad. En tiempos de la dictadura de Primo de Rivera se prohibió el juego, por lo que a partir de 1925 la actividad del casino se sustituyó por elegantes bailes y meriendas en sus instalaciones. En 1929, los integrantes de la sociedad viajaron a Sevilla para visitar la Exposición Iberoamericana. Allí vieron varias atracciones y las trajeron a San Sebastián al año siguiente. Se trataba de clásicos como el y el , entre otros.

En 1967, en el solar que ocupaban el antiguo casino y restaurante se construyó el hotel que hoy en día está en lo alto del monte y forma parte del paisaje de la bahía donostiarra, al que acuden numerosos turistas y es un lugar muy concurrido para celebrar bodas y comuniones a lo largo del año.

El antiguo faro

Pero tal vez el gran desconocido de Igueldo sea el Torreón. Desde el siglo XVI hasta 1854 hubo allí un faro de leña destinado a evitar los naufragios que la peligrosa entrada al puerto ocasionaba. Fue construido por el Consulado de San Sebastián a 180 metros sobre el nivel del mar. A pesar de que con sus más de nueve leguas de alcance era uno de los mejores de la época, el faro fue finalmente abandonado debido a los destrozos ocasionados por las guerras carlistas y también porque las nieblas lo cegaban con relativa frecuencia. De esa forma, en 1854 se construyó un nuevo faro, que es el que continúa iluminando hoy en día.

Pero la Sociedad Monte Igueldo decidió recuperar el torreón, por lo que encargaron su proyecto de reconstrucción al arquitecto Luís Elizalde. El proyecto incluía incorporar una nueva planta con amplios ventanales y, sobre ésta, una terraza panorámica desde la que, hoy en día, cuando el cielo está despejado, se pueden ver el cabo vizcaíno de Matxitxako y las Landas francesas. «La vista desde la terraza es espectacular. Parece que tiene que ser la misma que se ve desde las terrazas del self-service, pero todos los que suben a la torre se quedan sorprendidos», señala Pilar. Además, el Torreón está especialmente preparada para los niños, ya que han organizado una que permite a los más pequeños descubrir, de manera divertida y amena, el tesoro más oculto del torreón de Igueldo.

¿Suiza o rusa?

Sin duda la atracción estrella y las más querida por todos es la . Saca lo mejor de todos los que suben al parque, ya que provoca risas y gritos cuando baja por sus cuestas.

La gran duda en torno a esta atracción es si se trata de una clásica montaña rusa o no. Las montañas rusas se caracterizan por tener una estructura removible, que se puede trasladar. La estructura de la atracción de Igueldo, sin embargo, no lo es, ya que se asienta sobre una plancha fija de hormigón. Por lo tanto, duda resuelta: no se trata de una montaña rusa, aunque en alguna ocasión haya recibido ese nombre.

Sobre su procedencia y año de fabricación también hay varias teorías. Algunos apuntan a que se remonta al año 1928 y que su creador fue un tal Heidrich. Otros, en cambio, piensan que es del año 1930 y que su nombre se debe a que fue construido por un ingeniero suizo. La tercera hipótesis baraja la opción de que la se trajera de la exposición de Sevilla en 1929. Por lo tanto, lo único claro es que existen muchas dudas en torno a la atracción más conocida de todo el parque.

Proyectos de futuro

De cara al centenario que el parque celebrará el año 2012, a los responsables de la Sociedad Monte Igueldo les gustaría realizar una serie de reformas en las instalaciones y las atracciones del parque -en total, casi una veintena- pero, eso sí, manteniendo siempre su esencia. Porque, como reconoce Pilar Pascual, «el carácter histórico tiene mucho peso». Por parte de la sociedad el proyecto está en marcha, y actualmente están en conversaciones con las instituciones para obtener ayudas económicas que les permitan hacer frente a los costes de las obras, ya que sus medios son limitados. Unas obras que llegarán tarde o temprano pero que conservarán las atracciones emblemáticas del Parque, ya que no sólo forman parte de propia historia sino de la historia sentimental de miles de guipuzcoanos.

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