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Jorge Martín Montenegro terminó ganando la Clásica de Aiztondo después de realizar una exhibición subiendo a Alkiza. /USOZ
Montenegro, ¡qué bueno que viniste!
CICLISMO

Montenegro, ¡qué bueno que viniste!

El corredor argentino del Andalucía dominó la Clásica Aiztondo

BENITO URRABURU

Lunes, 9 de marzo 2009, 13:11

DV. «Hola mi amor, he ganado, he ganado». Jorge Martín Montenegro hablaba con su esposa, una juez árbitro de Pamplona, criada en Tenerife, con la que vive en Málaga, donde tiene su residencia este argentino de 25 años nacido en Mar del Plata, pocos minutos después de llegar a la meta.

Lo hacía desde la caravana de su equipo, el Andalucía-Cajasur, tras ganar la Clásica de Aiztondo. Se abrazó a todo el que se le acercó en la meta. Unos abrazos fuertes, de los que se dan con el corazón; más tarde se agarró con sus compañeros, y con su director, también argentino, Fernando Devechi.

No se le iba la sonrisa del rostro, ni la alegría. Montenegro sabe que ganar puede ser su pasaporte para el profesionalismo.

Tiene 25 años. La subida que realizó a Alkiza resultó primorosa, fortísima, imposible de seguir para Ugaitz Artola (Bidelan), Zambrano (Extremadura), Javier Martínez (Cafés Baqué), Alarcón (Valencia) e Iriarte (Lizarte).

Pagaron el esfuerzo que realizaron durante toda la carrera, el ritmo, pero sobre todo sucumbieron al ataque de Montenegro, una de esas salidas demoledoras, de alguien que sabe que necesita ganar, que tiene que ganar, como sea. Y gana. Esos corredores llevaron parte del peso de la prueba.

Romero y Artola, delante

También Igor Romero (Cafés Baqué) estuvo en todos los cortes. Hubo una constante en el valle de Aiztondo, los nombres que iban surcando la carretera. El resumen lo aportan esos cinco supervivientes que vieron Alkiza de lejos.

De hecho, en el kilómetro 58, Ugaitz Artola, Etxezarreta (Caja Rural), Toribio (Andalucía) e Igor Romero ya estaban metidos de lleno en la pelea. Se les unirían en distintos momentos de la prueba nombres como los de Arnaud Méndez (ECP), Pablo Torres (Caja Rural) o Garate (Bidelan), entre otros.

La carrera es un canto a la belleza, los paisajes, la depresión, las zonas industriales desiertas, la emoción, los caminos estrechos, la dureza, la subida hacia la sidrería Sarasola y, finalmente, Alkiza, un puerto que se ve casi entero, al que llegaron los corredores exhaustos. Se convirtió en ese lugar en el que un ciclista siente que esta vacío, sin nada dentro, después de dejarse las tripas en el asfalto.

Montenegro perdió la primera prueba de la Copa de España, el Trofeo Guadiana, «por levantar los brazos antes de tiempo. Llevo cinco años en España. Corrí con el Telcom, Soctec, Diputación de León. Este es el segundo año en el Andalucía-Cajasur».

Corrió el mundial sub 23 en Madrid y allí se enganchó a un ciclismo que debía de darle más oportunidades que el de su país: «Argentina está mal, ya sabes. Se me hizo muy duro quedarme aquí. Por eso tengo tanta alegría por ganar. Allá no hay profesionalismo», explica.

Iba desgranando su palmarés, en el que hay una medalla de plata en los Panamericanos de ruta, un campeonato argentino sub 23, títulos de pista: «Allí corrí con un equipo que se llamaba Supermercados Toledo, en el que estaba Juan Curuchet». Todos los sacrificios que está haciendo tienen un único objetivo, «pasar al mundo profesional. Quiero pasar como sea. Mi única familia aquí es mi señora».

Landa, con los mejores

Llevaba tiempo buscando una victoria en la Copa de España: «Me he ido guardando hasta el final. El equipo ha estado controlando todas las escapadas».

En esta ocasión no ha tenido nadie a su lado a la hora de levantar los brazos. Ganador de etapas el año pasado en Tarragona y León, una depresión y una lesión, una fisura de costilla, le lastraron durante toda la temporada.

Dice que le van mejor las pruebas de un día que las vueltas, pero su director opina lo contrario: «Si está en forma anda en todos los terrenos. Es un corredor hecho. Cuando llegó a España no lo estaba. Ahora, sí». Entre los diez primeros hubo varios ex profesionales y un chaval con muy buena pinta, Mikel Landa.

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