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En un día gris para la cultura, la librería Yraolagoitia ha cerrado sus puertas definitivamente esta semana dejando a Eibar sin establecimientos específicos de este tipo. Tras 85 años de historia y resistencia frente a la digitalización, el comercio en línea y el creciente desinterés por la lectura impresa, el emblemático local bajó su persiana, y la ciudad se queda sin un espacio tradicional donde adquirir libros físicos.
Suele decirse que el nivel cultural de una ciudad se mide por su número de librerías. Y, en Eibar este tipo de establecimientos en los últimos veinte años ha sufrido un preocupante descenso. Ya causó impacto en su día el cierre de la Librería Ayerbe, en la calle Estación, seguida después por la de Zezenbide, así como de la de El Corte Inglés. Ahora el turno le llega a la última librería de Eibar, la de Yraolagoitia, en la calle Bidebarrieta. Tras esta despedida está la jubilación de Maite García que llevaba regentándola desde 2014, y la falta de relevo.
Desde hace años, el negocio luchaba contra el descenso del libro en papel y el aumento del digital. «Me jubilo y lo peor es que no he encontrado a nadie que quiera regentar el negocio», explica Maite, la última arrendataria que ha dedicado una década a la promoción de la lectura en nuestra ciudad.
Los clientes fieles, muchos de ellos nostálgicos y frustrados, visitaron el local en sus últimos días para despedirse y compartir recuerdos. «Tenía muchos clientes que me hacían los encargos por whatsapp. Me ponía en contacto con las editoriales y traía todos los libros que me pedían», cuenta Maite, mientras recoge los últimos enseres y procede a quitar la luz del establecimiento. «Es una pérdida irreparable».
En un contexto complicado, García había logrado hacer sobrevivir el negocio después de hacerse cargo de él tras la jubilación de su propietaria, Mertxe Yraolagoitia , en 2014, pero en esta ocasión no ha encontrado relevo.
Esta librería, que siempre ha estado ubicada en la calle Bidebarrieta, fue promovida inicialmente por Sebastián Yraolaogitia, quien tras su fallecimiento, cedió el negocio a su esposa Felisa Bilbatua. Desde 1974, su hija Mertxe se había encargado de la venta de libros. «Desde muy pequeña había estado metida en la librería. Del colegio venía al negocio. Al ocuparme del local y pude contar con el apoyo de mi cuñada Amaya», contaba al despedirse del negocio.
En los años de creación de empresas en Eibar, la librería era un foco de negocio importante, al servir mucho material de oficina. «Se trabajaba mucho con las fábricas y se facturaba al mes. Habitualmente, se hacían entregas de mucho material de oficina. Mi cuñada y yo íbamos por las empresas a cobrar», comentaban. Inicialmente, Librería Yraolagotia estuvo alojada en un antiguo inmueble, unos metros más abajo del actual, hasta que en 1992 se volvió a abrir en el nuevo edificio que se levantó en el solar.
Con la desaparición de las empresas, se produjo el cambio del perfil del negocio. Posteriormente, las librerías se dotaron de nuevos productos pasando a vender también mochilas y maletas para los colegios. El primer problema que tuvieron que solventar fue que el libro de texto, eje del negocio, pasó a ser vendido por asociaciones de padres y madres. Por ello, se tuvieron que centrar más en regalos y soportar la llegada de Internet y los libros digitales.
La librería Yraolagotia había sobrevivido a la desaparición de este tipo de establecimientos y al boom de internet. «Yo creo que el papel tiene vida, pero no veo a la juventud, ni a los menores, comprar libros en librerías. Los más pequeños tienen ordenadores infantiles que sustituyen a los libros».
Conocida la situación en la que se encontraba la librería, Maite García se ha encargado de tratar de buscar sucesión, sin fruto. «He tenido muchas ventas de libros infantiles, de material escolar y de regalo, libros para adolescentes, los clásicos de la literatura y tamaño bolsillo, idiomas, bestsellers, novedades y nuevas ediciones, así como artículos de manualidades...», señalaba Maite.
A todo establecimiento que vende un producto cultural le preocupa también la 'piratería', pero García no lo ve como causa del cierre. «Yo creo que la gente no quiere cumplir un horario de tienda abriendo los fines de semana. Me gustaría que el negocio siguiera como librería, pero veo que va ser difícil, pese a contar con una fiel clientela que siempre compra las últimas novedades».
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