Dos de las fotografías que forman parte de la exposición de Zurutuza en el Photomuseum. M. ZURUTUZA

Zarautz

El fotógrafo Martín Zurutuza presenta en el Photomuseum a sus nuevos vecinos

En la exposición 'Ser y no ser' (Izan eta ez izan), muestra a los nuevos vecinos de Vitoria-Gasteiz llegados con las recientes migraciones

Martes, 25 de marzo 2025, 20:05

'Ser y no ser' (Izan eta ez izan), es el título de la exposición que presenta el fotógrafo Martín Zurutuza (Beasain, 1957) en el ... Photomuseum y que se podrá visitar hasta el próximo 13 de abril. El título de la exposición hace referencia al callejón de pabellones industriales donde, desde hace más de veinte años, tiene su estudio Martín Díez Zurutuza; uno de tantos lugares urbanizados, en la segunda mitad del siglo XX, bajo el impulso desarrollista conocido como el milagro económico español. Recientemente, cuatro de sus locales se reconvirtieron en centros de culto para comunidades de distintas etnias que profesaban la fe evangelista.

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El autor sitúa su cámara, por lo tanto, en una isla o pausa de cemento y religión; embutida entre viviendas de un barrio obrero de Vitoria. Un espacio heterogéneo que Michel Foucault no hubiera dudado en calificarlo como heterotopía.

Sus nuevos vecinos

Las obras que componen esta serie también son y no son lo que parecen. A simple vista podríamos pensar que nos encontramos ante fotografías de viaje, ligadas a la vía documental, pero el autor las ha realizado en su entorno más cercano. Las personas fotografiadas son sus nuevos vecinos. Zurutuza toma como punto de partida la curiosidad por captar la diferencia cultural, un lugar muy alejado de la introspección. Pasa por girar la cámara 180 grados y fotografiarse a sí mismo. Se adentra en su pasado para rescatar la foto de su primera comunión. Y acaba colocando, en el mismo escenario donde han posado sus modelos, una suerte de barricada con sus libros sobre fotografía –la última obra de la serie–.

En los días de culto

Este viaje personal desde lo externo hacia lo interno, paradójicamente, se proyecta en un sentido inverso en las obras. La luz parece emanar del propio modelo para proyectarse al exterior. Incluso en las fotografías realizadas fuera del estudio, que tienen como fondo el callejón y que están tomadas los domingos –día de culto– al mediodía, el autor captura la imagen oscureciendo ostensiblemente el entorno, para lograr este efecto. Y aquí entramos en la mística. La luz, como en el barroco, se convierte en la verdadera protagonista de la obra. Al igual que en los cuadros de Zurbarán, los pliegues de las vestimentas y otras luces detalladas del modelo, son los encargados de elevar el concepto de retrato a una escala espiritual más trascendente, que lo hace inmenso y sobrecogedor. La dialéctica entre la luz artificial y la luz divina, dice el autor.

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No hay trampa ni cartón en la obra de Zurutuza. No hay atrezzo, los modelos visten así para sus liturgias. No hay poses predefinidas ni voluntad fervorosa. Ni siquiera hay una idea de retrato, sino más bien de objeto. Hay una técnica exquisita y una dedicación obstinada por los pequeños detalles que magnifican el conjunto. Hay una mirada sincera y delicada por parte del autor, que bien merece una visita, recordando que los miércoles ylos viernes la entrada es gratuita.

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