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El palacete de Andia fue sede de la entidad entre 1945 y 1964. LOBO ALTUNA
El Ateneo cumple 150 años

El Ateneo cumple 150 años

Celebración. La entidad cultural más antigua del territorio conmemora con una exposición y unas conferencias su aniversario

Borja Olaizola

Lunes, 2 de noviembre 2020, 06:24

El Ateneo Guipuzcoano, la institución cultural más antigua del territorio, celebra este mes su 150 aniversario sin perder de vista los ideales que encarnó desde su nacimiento. Heredero del legado de la Ilustración, el que durante los primeros años del franquismo fue el Círculo Cultural Guipuzcoano mantiene más vivo que nunca su objetivo de hacer llegar la cultura a todos los ciudadanos. Una exposición y un ciclo de conferencias serán los ejes de una celebración que tendrá menos brillo del que inicialmente se había previsto debido a la pandemia.

No son muchas las instituciones capaces de sobrevivir 150 años, menos aún cuando su razón de ser persigue un objetivo como el de divulgar la cultura. El Ateneo Guipuzcoano, que vio la luz en octubre de 1870 en San Sebastián, llega a la conmemoración con una hoja de servicios intachable y una voluntad renovada de trabajar por cumplir los ideales que motivaron su creación. Cierto es que el San Sebastián de hace 150 años, que apenas sumaba 16.000 habitantes, tiene poco que ver con el actual y que la sociedad de entonces se parece bien poco a la de ahora, pero las señas de identidad de la institución son tan reconocibles como las del primer día.

El Ateneo suma hoy alrededor de unos 130 socios y mantiene una de las constantes que le han acompañado desde su nacimiento: la carencia de una sede estable. «Se podría decir que por desgracia el Ateneo es una institución nómada, ya que desde sus orígenes ha saltado de un local a otro sin encontrar un acomodo definitivo», observa su presidente, el economista, historiador y escritor Ángel García Ronda.

Las claves

  • Origen Fue fundado por un grupo de emprendedores liberales con el fin de instruir y educar

  • Años oscuros Franco autorizó su reapertura en 1944 a condición de que no se llamase Ateneo

Esa precariedad en lo inmobiliario ha ido pareja a una trayectoria plagada de altibajos, con periodos de esplendor a lo que siguieron etapas en las que prácticamente desapareció del mapa. «En tantos años se han vivido toda clase de vicisitudes, pero no se han perdido los ideales del librepensamiento que estuvieron detrás de su fundación», remarca García Ronda.

Esos ideales ilustrados que habían sido el armazón teórico de la Revolución Francesa se abrieron camino en la Europa de siglo XIX hasta arraigar en los sectores más dinámicos de una efervescente burguesía. Fue así como surgió el Ateneo de Madrid, que este mismo año cumple 200 años, al que unos años más tarde se le añadieron réplicas en buena parte de las capitales de provincia españolas. «La consigna del momento -escribe Javier Mina en su libro 'El Ateneo Guipuzcoano. Una historia cultural de San Sebastián'- es instruir y educar. Por eso el periódico liberal 'Aurrera' de San Sebastián considerará necesario hacer suyas las palabras que 'El Imparcial' publicó el 5 de junio de 1869:

«Sólo los pueblos instruidos, morales y redimidos de la miseria son los pueblos verdaderamente libres. Enseñad al pueblo ignorante, y por cada letra del alfabeto, por cada idea científica que hayáis inculcado en su ruda y yerma inteligencia habréis conquistado un triunfo en pro de la libertad y en pro de la civilización. Todos los caminos conducen a la libertad, se ha dicho, hasta los caminos vecinales; gran verdad es ésta, pero no lo es menos que el gran camino para la libertad es la cultura».

Liberalismo vasquista

Los fundadores del Ateneo de San Sebastián, continúa el libro de Mina, fueron «un grupo de jóvenes que se hallaban al comienzo de unas carreras prometedoras y cuyo rasgo común era un liberalismo con tintes vasquistas, o como mínimo fueristas, que buscaba hacer ciertos los ideales de instrucción y cultura nacidos con la revolución de 1868». Entre esos jóvenes se encontraban Ramón Fernández, entonces alcalde de San Sebastián, José Goicoa, el arquitecto que desarrollaría la segunda parte del Ensanche diseñado por Cortázar, José Arana, un promotor de espectáculos que años más tarde estaría en el origen de la Semana Grande donostiarra, o Fermín Lasala, duque de Mandas, a quien la ciudad debe el parque de Cristina Enea.

En 1870 San Sebastián comenzaba a expandirse -las murallas se habían derribado en 1863- y la ciudad mantenía su condición de bastión liberal pese al empuje del integrismo carlista. Fue precisamente la Segunda Guerra Carlista de 1872 la que motivó la primera de las desapariciones del Ateneo después de una etapa inicial en la que se estrenó con conferencias sobre dos cuestiones que polarizaban a la sociedad de entonces: la educación de la mujer y la enseñanza obligatoria. La institución reapareció en 1879 pero volvió a apagarse en 1882 debido a los vaivenes de la política. A partir de 1916 inició su época dorada tanto por el número de socios como por su influencia en la sociedad guipuzcoana para volver a extinguirse en septiembre de 1936 con la entrada de las tropas de Franco en San Sebastián.

Unamuno, en el centro, en una comida ofrecida por el Ateneo antes de la charla que dio en 1924 A.G.

El franquismo borró del mapa el movimiento ateneísta, en las antípodas de su concepción totalitaria de la sociedad. En el caso del Ateneo Guipuzcano se incautó incluso de su memoria, ya que requisó todos los archivos de la institución, por entonces radicada en unas oficinas junto al antiguo Pequeño Casino. García Ronda cuenta que la institución resurgió en 1944 de la mano de Leandro Martín Santos, médico militar que había estado destinado en Marruecos que pidió personalmente al mismísimo Franco, a quien conocía de su estancia en África, que autorizase su reapertura. El dictador accedió con una única condición: que la palabra Ateneo desapareciese del nombre. Fue así como surgió el Círculo Cultural Guipuzcoano, que inició su andadura en unos antiguos locales del Club Cantábrico propiedad del Estado radicados en un palacete ya desaparecido de la calle Andia. El propio Leandro Martín Santos, padre del escritor Luis Martín Santos, ocupó la presidencia.

El Círculo no tardó en consolidarse como la principal institución cultural del territorio gracias a sus ciclos de conferencias, clases de idiomas -inglés francés y euskera-, cursos de taquigrafía y una biblioteca recuperada en parte después de la requisa de las tropas franquistas. A esas actividades se fueron sumando un cine-club, una compañía de teatro aficionado, una sección de filatelia e incluso un foto-club con laboratorio incluido. Convertida en la única institución cultural de Gipuzkoa, el Círculo creció en número de socios y en influencia hasta el punto de que las autoridades del régimen aceptaron que se añadiese la palabra ateneo a su denominación. En 1964 el palacete de la calle Andia fue derribado y en su lugar se levantó un edificio de siete plantas. El Gobierno central cedió al Ateneo la cuarta planta del nuevo inmueble, 400 metros cuadrados en los que distribuyó sus servicios. Con la llegada de la democracia y las consiguientes transferencias, el edificio pasó a manos del Gobierno Vasco, que en 1992 tomó la decisión de demolerlo sin ofrecer alternativa alguna al Ateneo, algo que sus actuales dirigentes siguen considerando un desalojo en toda regla.

Aunque el Ateneo terminó encontrando acomodo en unas dependencias que le cede la Caja de Ahorros Municipal en la calle 31 de agosto, la aparición de las casas de cultura y de fundaciones culturales de distinto signo arrebataron a la institución el protagonismo absoluto que había tenido hasta entonces en el campo cultural. La entidad mantiene a día de hoy su actividad con la organización de conferencias y conciertos. «Somos una organización privada y no tenemos la presión de llenar grandes auditorios», apunta su presidente. El Ateneo, además, se ha adaptado a los nuevos tiempos con la publicación de una revista digital -'Trépanos'- de carácter cuatrimensual que ya va por su número siete. «No solo ha tenido una gran acogida, sino que hay muchos colaboradores con ganas de publicar», asegura García Ronda.

La pandemia ha frustrado buena parte de los proyectos que se habían ideado para celebrar el 150 aniversario. Aun así, el Ateneo ha programado un ciclo de tres conferencias bajo el título 'Cultura siempre: Donostia-San Sebastián' (Ayer, Hoy y Mañana)' que serán impartidas por Félix Luengo Tejedor, Frantxis López Landatxe y Carlos Rilova entre el 27 de noviembre y el 10 de diciembre. En paralelo, el 11 de noviembre se abrirá una exposición que recorrerá los 150 años de actividad ateneística a través de fotografías y documentos. Una buena oportunidad para asomarse a una ventana no muy frecuentada de nuestra historia.

Valle Inclán, sentado, acompañado por integrantes de la institución con motivo de la conferencia que dio en febrero de 1935. En la segunda foto, la reina María Cristina, en el centro, en la inauguración de la Gran Semana Humorística de 1926 que organizaba el Ateneo.Y por último, García Lorca visitó Donostia en cuatro ocasiones invitado por la institución
Imagen principal - Valle Inclán, sentado, acompañado por integrantes de la institución con motivo de la conferencia que dio en febrero de 1935. En la segunda foto, la reina María Cristina, en el centro, en la inauguración de la Gran Semana Humorística de 1926 que organizaba el Ateneo.Y por último, García Lorca visitó Donostia en cuatro ocasiones invitado por la institución
Imagen secundaria 1 - Valle Inclán, sentado, acompañado por integrantes de la institución con motivo de la conferencia que dio en febrero de 1935. En la segunda foto, la reina María Cristina, en el centro, en la inauguración de la Gran Semana Humorística de 1926 que organizaba el Ateneo.Y por último, García Lorca visitó Donostia en cuatro ocasiones invitado por la institución
Imagen secundaria 2 - Valle Inclán, sentado, acompañado por integrantes de la institución con motivo de la conferencia que dio en febrero de 1935. En la segunda foto, la reina María Cristina, en el centro, en la inauguración de la Gran Semana Humorística de 1926 que organizaba el Ateneo.Y por último, García Lorca visitó Donostia en cuatro ocasiones invitado por la institución

De Unamuno a Valle-Inclán pasando por García Lorca

La edad de oro del Ateneo Guipuzcoano coincidió con el florecimiento que vivió San Sebastián en los últimos años de la Primera Guerra Mundial. La nómina de artistas e intelectuales que acudieron a la llamada de la institución reúne a lo más granado de la cultura española. Miguel de Unamuno acudió dos veces, en 1916 y 1924. También lo hicieron personalidades como Rafael Alberti, Pedro Salinas, Ramón del Valle Inclán, José Bergamín, Gregorio Marañón, Clara Campoamor, Ravel, Américo Castro, Ramón Gómez de la Serna, Pío Baroja, María Zambrano o Federico García Lorca. Este último visitó San Sebastián invitado por el Ateneo en cuatro ocasiones, la última de ellas el 7 de marzo de 1936, meses antes de la sublevación de las tropas franquistas. El poeta granadino pasó todo el fin de semana en la capital donostiarra. Comió en Gaztelubide y visitó la sociedad Gu, fundada por el arquitecto donostiarra José Manuel Aizpurua, ferviente falangista y autor del edificio del Náutico junto a Joaquín Labayen. Fue el último encuentro entre dos genios que no tardarían en ser fusilados: García Lorca fue abatido por disparos de los franquistas el 18 de agosto mientras que Aizpurua cayó bajo las balas de los milicianos el 6 de septiembre.

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