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ELENA VIÑAS
PASAIA.
Jueves, 4 de octubre 2018, 06:51
Se proyectó a finales de la década de los cincuenta con una forma inspirada en barcos como los que en aquella época atracaban por decenas en el puerto de Pasaia. La construcción se dota de un mástil, lucernarios y hasta puertas que parecen sacadas de un mercante. El arquitecto José María Yturriaga Dou debió de inspirarse en ellos cuando ideó el Colegio Infantil Madre Pilar Izquierdo, erigido en el distrito de Trintxerpe.
Su obra fue distinguida ayer con la colocación de la placa Docomomo (acrónimo en inglés de Documentación y Conservación de los edificios, entornos y barrios del Movimiento Moderno), una organización internacional creada en 1990 con el fin de inventariar, divulgar y proteger el patrimonio arquitectónico moderno del siglo XX. El acto se enmarcaba dentro de la semana de actividades que, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Arquitectura, organiza la delegación en Gipuzkoa del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro.
Su presidenta, Judith Ubarrechena, recordó que es la segunda placa de este tipo que colocan en el municipio. La primera vio la luz hace un año en el edificio Trasatlántico, de Luis Tolosa, actual sede de la Autoridad Portuaria de Pasaia. Ubarrechena destacó que el inmueble obra de Yturriaga Dou continúa acogiendo el uso para el que fue destinado originalmente, «algo que no suele ser habitual en los edificios Docomomo».
Al acto también asistieron la teniente alcalde de Trintxerpe, Lore Suárez; la directora del centro infantil, María Asunción Ganado; y Concepción Gómez, una de las monjas que estuvo en la creación del mismo, quien recordó su historia, remontándose a 1959, cuando fue proyectado. Los trabajos arrancaron en 1960 y no concluyeron hasta 1972, ya que tuvieron que ir haciendo frente a sucesivos pagos de un presupuesto cifrado inicialmente en cuatro millones y medio de las antiguas pesetas.
Ana Azpiri, doctora en Historia del Arte, señaló que el edificio fue «pionero» en un momento «bisagra» en la historia de la arquitectura. En ese sentido, subrayó el protagonismo que comienza a tomar lo estructural, como portador de la estética. «Aquí podemos hablar de sinceridad constructiva en un grado superlativo», declaró. Aseguró que éste fue un edificio «claramente vanguardista», con una estructura diáfana abierta, detalles cuidados «con mimo» y un estado de conservación «impecable».
A continuación, se llevó a cabo una visita guiada que permitió contemplar, de la mano de Azpiri, elementos únicos que oculta en su interior la construcción. Entre ellos destacaban las escaleras de mármol que parecen suspendidas en el aire, los espacios abiertos y la capilla provista de un techo que ofrece la sensación de movimiento.
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