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Roberto Herrero
Lunes, 28 de diciembre 2020, 06:28
Tras varios libros de ensayo, Javier Mina (Pamplona, 1950) regresa a la novela llevando la ficción al San Sebastián donde vive. Lo hace con una ... historia que mezcla la intriga de novela negra con la realidad política guipuzcoana, el contrabando de arte, los delitos financieros, antiguas aventuras de nazis y la aparición del amor como elemento de redención y de ruptura en su vida. Todo escrito con la sencillez y buena literatura que caracteriza su obra.
- Esta novela nos adentra en un lado oscuro de nuestra ciudad ¿Igual alguien se asusta?
- Imagino que sí, porque los humanos tendemos a creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles, aun sin leer a Voltaire, y deseamos que la basura se meta corriendo debajo de la alfombra, incluso antes de verla. Ceguera y autocomplacencia se consideran auténticas virtudes, pero la realidad suele ser tozuda. Hubo un momento en que esta novela se tituló 'La ciudad y sus sombras'…
- La novela no utiliza ese 'noir' congelado del estilo nórdico. Se adapta perfectamente al tono templado de una ciudad aparentemente tranquila y amable.
- Durante los peores años, es decir, cuando aquella banda de redentores de la que nadie quiere acordarse la estaba volviendo nada tranquila ni amable, si te encontrabas con Raúl Guerra Garrido por la calle y le preguntabas a ver qué tal estaba, solía responder: «Por lo demás bien».
La otra Donostia
- La trama principal nos presenta a un grupo de hombres y mujeres intachables de la sociedad donostiarra que se dedican a eso que algunos llaman ingeniería financiera imaginativa.
- Exacto, una afición que no conoce estatus, credo político, religión, ni fronteras, más bien se burla de ellas cuando sus representantes deciden exiliar sus monederos adonde no existen: los paraísos fiscales.
- Cualquiera que se interese por las noticias de tribunales seguramente identificará cierto paralelismo con algún caso sonado por estos lares.
- Y no se equivocará. Escribí la novela entre 2008 y 2009, justo cuando coleaba un escándalo por apropiación indebida de caudales públicos. Aquel caso constituyó la idea de partida de una trama que, por lo demás, no guarda relación ninguna con el caso real: personajes y situaciones son totalmente inventados. De hecho, captado el tema, procuré no leer nada del asunto para que no contaminara el relato. Y, como al venir de fuera, soy pamplonés, no conozco a casi nadie de aquí -apellidos, clanes, familias-, los parecidos son pura coincidencia.
- Áticos de millones de euros, pero no muy ostentosos; casa en La Rioja aparentemente sencilla, pero con tesoros ocultos. Una de las claves de algunos de estos personajes es que robar, roban mucho, pero con estilo guipuzcoano. Siempre discretos.
- La ostentación suele perder a los tramposos. ¿Cómo justificar gastos suntuarios con sueldos corrientes, por muy altos que sean? Supongo que un funcionario de hacienda corrupto hará que sus declaraciones de renta resulten inmaculadas. La opacidad deberá ser absoluta, por el contrario, en lo que respecta a los ingresos irregulares, ya que nadie podrá meter mano a lo que existe bajo un tupido velo.
- El protagonista trabaja en la Hacienda guipuzcoana y desde ahí monta el negocio casi con la sensación de que es su casa. Su hermano es diputado foral. ¿Se siente protegido por pertenecer a una buena familia nacionalista de toda la vida?
- ¡Evidentemente! La tapadera resulta esencial en estos casos. Cuanto más de orden se parezca, más villano se puede ser. Y en el mundo que nos rodea, ser nacionalista de toda la vida procuraba y procura buenas credenciales. A lo mejor se nos está olvidando, pero en los tiempos en que transcurre -y está escrita- la novela, militar en el nacionalismo solía constituir un detente bala bastante apreciado.
Ficción con una base real
- Su San Sebastián es un escenario que al pasar de la postal al negocio oscuro sin dejar de ser postal, se transforma en algo extraño. Es la misma, pero parece otra al mismo tiempo.
- Me gusta esa metáfora… Una postal suele ir escrita por el envés y, a veces, lo que escribe el remitente puede estar en completa disonancia con la imagen idílica que transmite la imagen. Pero seguirá siendo una postal, es decir, una foto -generalmente- con un texto detrás o, lo que es lo mismo, un solo ente.
- Hay una trama secundaria, relacionada con el contrabando de arte, que nos lleva a una Donostia histórica que puede resultarnos chocante. Como la comida en el Náutico de Himmler, dirigente de las SS nazis; o el expolio a los refugiados que llegaban huyendo de la Francia ocupada.
- Fue una época tremenda. Hubo muchos desaprensivos que se lucraron estafando o expoliando a los refugiados que huían de los nazis y que, hasta donde yo sé, tuvieron la suerte de librarse de pasar por los juzgados. Antes de la guerra civil, existió en San Sebastián un partido nazi que extorsionaba a la colonia alemana. O sea, más sombras que añadir a la ciudad que se conocía por aquel entonces como la Perla del Cantábrico. Aunque parezca asombroso, hacia el año 1935 un periodista de La Voz de Guipúzcoa fue encarcelado por haber escrito un artículo ¡contra Hitler!
- Koldo Zapiain, el personaje principal, es socio del Náutico, aunque no haya tocado un barco en su vida. Pertenece a la sociedad más pudiente, busca su compañía, pero no acaba de ser parte de ella totalmente.
- Es así. Sucede que este hombre en realidad no pertenece a la buena sociedad. Es un advenedizo de clase media que aspira a más y que encuentra un modo de lucrarse un tanto retorcido, y castigado penalmente, para darse la gran vida. Pero carece de aspiraciones de ascenso social, aunque solo sea porque le mirarían con lupa y tiene demasiado que ocultar.
La corrupción
- Por si fuera poco aparece ETA con el envío de una carta de extorsión. Pero es una ETA extraña, parece sacada de un tebeo.
- Puede que, en eso, la novela resulte profética, porque es en lo que la están convirtiendo ahora mismo, en una entrega de aquella serie de 'Vidas ejemplares' que publicaba la editorial Novaro allá por los años 50. Por lo que se refiere a la novela, ETA está presente como la espada de Damocles que gravitaba sobre la conciencia ciudadana para mantenerla encarrilada y entumecida: ¡nada como el terror para domar a la gente! Pero hacia finales de la primera década del siglo XXI corrían tiempos de transición en la banda y algunos de sus integrantes preparaban sus bazas. Hasta ahí puedo leer para no destripar el relato.
- Llegan a decir los protagonistas del libro, no sin gracia, que practican «un patriotismo bancario».
- Sí, están convencidos de que, en cierta forma -bastante retorcida, por cierto-, contribuyen al desarrollo del país, por cuanto generan riqueza.
- Koldo vive además una intensa relación amorosa fuera del matrimonio. En esos encuentros parece que surge el hombre que desea renacer. ¿Es esa mujer su redención?
- Así es. El protagonista ve una vía redentora en esa relación amorosa. La incógnita o intríngulis del relato radica en si la llevará a efecto. Koldo es un individuo más bien monoamor, se ha casado con su novia de toda la vida y en su proyecto vital no entran los devaneos sexuales. Conquistar no es lo suyo, emplea su energía y sus caudales en los negocios y en su pasión coleccionista. Encontrarse con Eva le ha roto los esquemas y le abre un mundo nuevo. ¿Entrará en él?
- Una peculiaridad de este hombre es que le interesa tanto el arte como el dinero. Prefiere poseer un valioso cuadro para disfrutarlo él solo a tener un yate o un Ferrari.
- Será ese interés por el arte el que acabe enfrentándole a una dolorosa alternativa. Pero es cierto que le apasionan los objetos de colección, ya se trate de libros, autógrafos, cachivaches varios y cuadros, aunque estos últimos a una escala más bien modesta, porque no puede permitirse los Ferrari de la pintura y tal vez ni siquiera los Porsche. Aunque es verdad que ha conseguido hacerse, por vías muy poco ortodoxas, con una pequeña tabla que vale un dineral.
- La novela se puede adquirir en versión digital en Amazon. ¿Por qué se ha decidido a hacerlo en este formato?
- Por cansancio. Empecé a moverla en 2010 y la envié a dos o tres editoriales que pasaron de ella olímpicamente. En los diez últimos años la habré desempolvado otras tres o cuatro veces, con idéntico resultado. Aprovechando el confinamiento la revisé a fondo para aligerarla un poco, hice lo que se llama una corrección meramente cosmética. Lo sustancial de la novela: trama, personajes, situaciones, etc. quedó igual. Y me la jugué a un premio en otoño. Quedé finalista. Y como las medallas de humo no sirven para nada, tenía que elegir entre olvidarme de ella o lanzarme otra vez a buscar editorial. Me cansé por anticipado. Y antes de meterla en un cajón decidí darle una oportunidad en formato 'Kindle'.
- Usted es un coleccionista de objetos, juguetes de todo tipo. Su casa es un pequeño museo.
- Los cachivaches están ahí para decirte que también eres o has sido un niño. Tengo una edad y estoy planteándome qué hacer con todo eso que he hecho y todo eso que me ha hecho. ¿Donarlo elegantemente a la basura?
Autor de prestigiosos ensayos como 'Montaigne y la bola del mundo' o 'En busca de la inmortalidad', ha recibido también premios en novela como el 'Pío Baroja' y el 'Príncipe de Viana'. Escritor, pintor y fotógrafo, Mina regresa a la ficción con este texto en formato digital.
- ¿Publicar solo en digital le parece un paso atrás?
- No, la 'nube' parece un cajón más trasparente que el de mi escritorio, de esta forma, la novela está a disposición de quien quiera leerla. No trabajo en línea recta, intentando asentar lo que viene sobre lo anterior, un ladrillo detrás de otro. Mis esfuerzos van en paralelo y lo que se queda atrás, ahí se queda, en la biblioteca del cajón.
-Las editoriales vascas que publican en castellano casi han desaparecido. ¿Se está empobreciendo el panorama?
- Evidentemente. Pero me quedo en la constatación. Otro de mis problemas, porque reconozco que lo es, radica en que vivo al margen de la sociedad literaria. No comparto tiempo real ni virtual con colegas, ni me desvivo por figurar. He confiado y confío, como un tonto, en que las obras se imponen por sí mismas, ¡y así me va! Da risa ver de qué bodrios presumen algunos. Por no hablar de críticos y jurados que se dedican a promocionar libros que dan vergüenza.
- ¿Tenía abandonada la novela?
- Más o menos, pero desde que empezó la pandemia he recuperado dos y he escrito otra, lo que me sitúa en lo que menos me gusta: darles salida. Para el ensayo, cuento con la benevolencia de la editorial Almuzara, a la que he remitido otro ensayo que espero publicar el año que viene.
- Pintura, fotografía, literatura. ¿Todo forma parte de lo mismo?
- Sí. Hay cosas que solo pueden decirse en el medio más apropiado, pero el conjunto es el que te mueve, te enriquece y te mantiene vivo. Espero no dejar nunca de trasmitir mi asombro a la escritura, el pincel o la cámara fotográfica. Y, cuando la cosa decaiga, echaré mano de la cámara oscura cerebral para proyectarme sombras chinescas.
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