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Tres balas necesitó el magnicida Michele Angiolillo para arrebatarle la vida al entonces presidente del Gobierno Antonio Cánovas del Castillo. Fue un 8 de agosto ... de 1897 en el antiguo balneario de Santa Águeda de Arrasate, un entorno antaño conocido por las cualidades medicinales de sus aguas sulfurosas. Precisamente, allí es donde comienza la historia que ha imaginado Patxi Irurzun (Pamplona, 1969) para su nueva novela 'El tren de los locos' (Harper-Collins).
Como consecuencia de tal suceso, el balneario entró posteriormente en decadencia y pasó de ser «un lugar al que iban a 'tomar las aguas' personajes distinguidos de la familia real, para convertirse en algo completamente alejado de lo que era», explica el autor. Al nuevo Hospital Psiquiátrico de Santa Águeda, inaugurado tan solo un año después de la tragedia, se fletaron trenes que trasladaban a los pacientes desde los manicomios de Zaragoza y Valladolid hasta allí.
Todo este escenario, de hecho, es tan solo la excusa para narrar la historia de Maurizia, trabajadora del balneario, y su novio Xalbador, un pelotari anarquista que sufre un intento de asesinato que le lleva a recorrer los bajos fondos de múltiples rincones. «En París se encuentra con los 'apaches', una banda juvenil con su propia cultura, armas y argot; también conoce la Barcelona prerrevolucionaria. Esa época me atraía mucho, está llena de curiosidades y contrastes que dan mucho juego».
Un tiempo, el de la 'Belle Époque', que baña esta novela histórica con tintes negros de intriga, aventura y erotismo que, el propio Irurzun, considera una «mezcla de géneros sin ceñirse a patrones». «Se trata de un momento muy importante de la historia por los movimientos obreros, el auge del anarquismo, el nacimiento de la fotografía postmortem y el ambiente de lujo, coqueteo y superficialidad social. Una época muy novelesca». El autor ofrece todo lujo de detalles como, por ejemplo, a la hora de describir el episodio de la muerte de Cánovas. «Investigué mucho», cuenta «e intenté descender al fondo hasta llegar a saber qué ocurrió cada día concreto en los que se fue concibiendo el plan. Descubrí que, en el momento en que Angiolillo le dispara, él está leyendo un ejemplar de un periódico con un titular que dice 'Te voy a volar la tapa de los sesos'. De ese hecho real yo empiezo a fantasear, pero son los personajes quienes articulan la historia».
Asesinato de Cánovas: «Cuando le dispara, él está leyendo un titular que dice 'te voy a volar la tapa de los sesos'»
En el siglo XIX: «Esa época me atraía mucho, está llena de curiosidades y contrastes que dan mucho juego»
Santa Águeda: «Me llamó la atención cómo un lugar tan distinguido se convierte en algo tan alejado de lo que era»
Irurzun también se detiene a desgranar el personaje del verdugo que ajustició al magnicida, de nombre Gregorio Mayoral Sendino y que, años después, inspiró a Berlanga para 'El verdugo' (1963). Describe cómo arreglaba sus herramientas para provocar a la víctima el menor daño, ensayando con gatos y perros callejeros o incluso utilizando su propio cuello para ajustar el corbatín de hierro.
Pero si hay algo que sirve de hilo a lo largo de toda la historia, eso es la pelota. «Los frontones están muy presentes», comenta Irurzun y es que, además de que Xalbador es pelotari y trabaja cosiendo pelotas, «esta es una época en que se ponen de moda la pelota y la cesta punta. Aún no existía el fútbol y empezaron a construirse grandes frontones incluso más allá del País Vasco, había cromos de pelotaris en las tabletas de chocolate, apuestas en los pueblos, crónicas en los periódicos... ».
Pero hay historias que siguen sorprendiendo a Irurzun incluso después de haber publicado su novela. Una de ellas es que «una vez las pelotas se fabricaban, había que curtirlas con más de tres mil botes. Era un trabajo que daban a los pacientes de los manicomios para entretenerse». Quién sabe cuántas de las que Xalbador fabricó sonaron contra las paredes de Santa Águeda.
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