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Después de debutar hace veinte años en la literatura de género con 'El santuario', continuar con 'La fórmula Stradivarius', y pasarse a la novela histórica ... con 'Valkirias', 'Proyecto Moisés' y 'El lobo de Whitechapel', el donostiarra Iñaki Biggi (San Sebastián, 1965) regresa al policíaco con 'La rosa blanca' (Ed. Plaza y Janés). Biggi recupera aquí al subinspector Herrero de su segunda novela, 'La fórmula Stradivarius', pero en esta ocasión lo sitúa en el centro de una trama que transcurre en la Transición, vinculada a la Guerra Civil. La novela se presenta en Fnac el miércoles, a las 19.00 horas.
En concreto, la novela teje una historia de venganza relacionada con la ejecución por parte del franquismo de 'Las trece rosas'. Preguntado al respecto, admite que «aunque lo normal es decir que no se es, yo sí soy una persona rencorosa. Me cuesta muchísimo dar la vuelta a esas cosas». Sin embargo, añade: «El principal perjudicado de esa venganza suele ser el que la lleva a cabo porque no es que te coma el alma, pero al final no te queda tan claro si estás devolviendo lo que has recibido o sólo has dado rienda suelta a tu pulsión interior y cuando terminas, te quedas con el 'y ahora, qué'».
Sobre su retorno a la novela negra tras publicar tres títulos de histórica, explica que la secuencia en la que las ha escrito la tenía prevista hace años. «Me siento más cómodo en el 'thiller'. La novela histórica exige una documentación terrible y al no ser escritor profesional, se te va el tiempo. Cada una me lleva dos años en los cuales yo he cambiado, la novela también y los personajes, lo mismo». Por contra, continúa, «la novela negra es más ágil, fluye más. En la otra necesitas más trabajo y en ésta, más inspiración».
El subinspector Herrero, que en 'La fórmula Stradivarius' era un personaje crepuscular al borde de la jubilación, aquí es un joven policía ya «empático, descreído y cínico, al que le gusta más el espíritu de la ley que la propia ley».
Sobre la posibilidad de que se repitan las circunstancias de aquella guerra, afirma: «Tiendo al pesimismo respecto a la condición humana. Ya suenan tambores de guerra. Todo esto es cíclico, volverá tarde o temprano y cuando hay guerra, las atrocidades regresan. No existe la guerra limpia, sólo la sucia. Por definición», concluye Biggi, que descubrió su vocación con Agatha Christie y a día de hoy se confiesa lector de Michael Connelly o el francés Jean-Christophe Grangé.
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