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«Le he dedicado la vida a la escultura y la escultura me ha dado vida». Así resume Lorenzo Ascasíbar sus siete décadas dedicadas ... al arte en las que ha producido más de 700 obras que se encuentran repartidas entre el País Vasco y Estados Unidos, donde desarrolló gran parte de su carrera. A pesar de su extensa trayectoria, el nombre de este elgetarra, que nació en el caserío 'Jalotza' hace 90 años, es desconocido para la mayoría del público, quizás porque gran parte de su trabajo lo ha realizado en el extranjero y porque se ha centrado en la escultura figurativa, principalmente religiosa. Su obra 'St. John', ubicada en el cementerio St. Raymond de Nueva York, se erigió en honor al presidente John Fitzgerald Kennedy en el primer aniversario de su asesinato, y le supuso el reconocimiento de la crítica hasta el punto que la revista Art in Stone lo comparó como «un moderno Miguel Ángel».
Ahora ha llegado el momento de subsanar esa falta de reconocimiento y durante las próximas semanas va a recibir una serie de homenajes, comenzando por un libro en el que Miguel Ángel Elkoroberezibar recoge su testimonio directo. El viernes de la semana que viene se inaugurará una exposición retrospectiva en la sala Aroztegi de Bergara, donde recibirá un homenaje el 6 de junio. Tres días más tarde, en su localidad natal tendrá lugar otro reconocimiento, que incluirá una conferencia sobre su obra y trayectoria. El 15 de junio en Vitoria, ciudad donde reside en la actualidad, el alcalde le ofrecerá una recepción.
El escenario para presentar ayer la recopilación de sus vivencias y de sus obras no fue elegido al azar. El lugar, el Museo de Reproducciones de Bilbao, es donde comenzó su carrera. Allí asistió durante cuatro años y medio a las clases impartidas por Higinio Basterra, que también fue maestro de otros escultores como Ricardo Iñurria, Joaquín Lucarini o Nemesio Mogrobejo. El mismo se define como «el último de los clásicos de la época de Basterra. He sido el cierre de una manera de trabajar y tras de mí no veo a nadie en mi línea. Lo clásico es lo más difícil y lo que más me llega al alma».
Autor: M. A. Elkoroberezibar.
Páginas: 132.
Precio: 15 euros.
Ascasíbar define la escultura como una práctica muy difícil porque requiere la conjunción de técnica y sensibilidad. «Pienso que la escultura es para los escultores, es difícil entenderla en su totalidad sin ser escultor. Solo tú puedes darte cuenta del trasfondo que hay tras la obra, de su proceso de elaboración».
Su lanzamiento como artista comenzó en 1949 tras ganar el Concurso de Artistas Noveles, al que se presentó instado por otro escultor que influyó mucho en su expresión, Julio Beobide. Después se desplazó a Madrid para matricularse por libre en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en el Círculo de Bellas Artes.
Ya había realizado algunos encargos importantes –el monumento público Vicente Goikoetxea en Aramaio, la estatua del explorador Manuel Iradier para Vitoria, o 'La Piedad' y el 'Cristo de la Columna' para la iglesia de San Pedro de Bergara–, cuando se animó a viajar a Estados Unidos. «Fui a América sin nada, con las manos en los bolsillos. La escultura me dio de comer, me facilitó un medio de vida. Hice obra comercial para sobrevivir y logré conseguir dinero con obras mayores», recuerda ahora en el libro.
Allí se especializó en trabajar el granito. Tenía un taller en el Bronx. En el cementerio de Saint Raymond de esta zona de Nueva York se encuentran varias piezas como el monumento de la entrada, el 'Triangular Pylon', 'Saint Paul' y el homenaje a Kennedy. De esa época son el monumento a Cristóbal Colón en Stamford y varias obras para el cementerio de esa ciudad de Connecticut, así como otra para el parque de bomberos de Long Island.
«Obtuve un gran prestigio allí. Por Bridgeport, Stamford, New Canaan... están extendidas mis obras, en los mejores lugares cercanos a Nueva York. Los ejecutivos tenían sus residencias allí. El dinero estaba allí, en la zona residencial. Me fue muy bien. Mi obra fue distribuida a todo Estados Unidos. Está desperdigada, pero la mayor concentración se encuentra en Connecticut y Nueva York. Me acuerdo de todos los trabajos que tuve que hacer y todos los pasos que tuve que dar y me emociono. Fue muy duro, pero mereció la pena», rememora.
A mediados de los años 70 regresó con su familia a Euskadi. Se instaló en Vitoria y retomó la pintura, principalmente paisajes, a la espera de que le llegaran encargos. En escultura apostó por el bronce y de esa época son numerosas figuras que siguiendo siendo clásicas, pero están más depuradas y libres de artificios. Algunas de ellas se pudieron ver en la exposición que la Galería Echeberría de San Sebastián organizó en 1979.
Donostia acoge numerosas obras públicas de este escultor. Cabe destacar las imágenes de San Ignacio, San Martín Agirre y los beatos Juan Plazaola y Madre Cándida María de Jesús en la catedral del Buen Pastor. Son también reseñables, entre otras, la imagen del 'Cristo Resucitado' en la iglesia San Francisco Javier y la 'Virgen de la Ofrenda' en la parroquia del Espíritu Santo, así como bustos de personalidades como Jose Migel Barandiaran o Ignacio Errandonea en diferentes enclaves.
Tiene muchas piezas distribuidas en el territorio guipuzcoano. En Bergara se encuentran dos de las más emblemáticas, la 'Piedad' y el 'Cristo de la Columna', así como un busto de Simón Arrieta, también un relieve y un monolito. Sendos nazarenos en Elgeta, su pueblo natal, y Legazpi; en Antzuola una 'Inmaculada Concepción' y la imagen del pelotari Aitor Elkoro; en Arrasate una obra con la figura de José María Arizmendiarrieta; la imagen del Hermano Garate en Azpeitia; la de 'Madre Cándida' en Andoain y Tolosa o la de 'Antoñita Bandrés' también en esta última localidad.
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