Es el solista en los próximos conciertos de la Euskadiko Orkestra que se inician el viernes en San Sebastián y que se repetirán en el ... Kursaal también el jueves y el sábado de la próxima semana. La doble sesión en el mismo día, a las 17.30 y a las 19.30 horas, ha dado la oportunidad a Pablo Ferrández, (Madrid, 1991), uno de los jóvenes violonchelistas más solicitados en todo el mundo, de tocar los dos conciertos para violonchelo y orquesta de Shostakovich en un solo día.
- Se enfrenta a un verdadero 'tour de force'...
- La idea original era hacer los cinco conciertos con Schumann, pero cuando empezó el problema de los aforos y había que hacer dos sesiones cada día, Robert Treviño, el director, me dijo si quería hacerlos diferentes. Como nunca había tocado el segundo concierto de Shostakovich, aunque sí el primero, me apeteció mucho hacer uno en cada sesión. Es una oportunidad única, aunque luego me di cuenta de lo complicado que es.
- ¿En un reto incluso físico?
- Sí, enseguida vi que tenía que prepararme bien en todos los aspectos, mentalizándome y trabajando la resistencia. Pero me apetece muchísimo. Era el momento perfecto para un reto así, porque ya conozco muy bien a Robert y a la Euskadiko Orkestra, así que en ese sentido va a ser muy cómodo.
- ¿Cómo son esos dos conciertos de Shostakovich?
- La música de Shostakovich me encanta, y así como el primer 'Concierto para violonchelo y orquesta' se suele tocar mucho, el segundo apenas se toca. Y no sé por qué, quizás por lo complejo que es, pero musicalmente es una pasada. El primero tiene mucho ritmo, es muy enérgico, a la gente le llega fácil, está lleno de fuerza, aunque también tiene esa oscuridad propia de Shostakovich. Pero donde sacó todo su dramatismo y su dolor es en el segundo concierto. De hecho, creo que le va muy bien a este 2020, porque para nosotros, que no hemos vivido lo que él vivió, puede ser una manera de conectar con su sufrimiento. El segundo concierto es muy crudo, opresivo y depresivo, pero está lleno de significado, en cada nota hay un gran contenido emocional y la orquestación y la manera de componer es magistral, saca unos sonidos que nunca se habían escuchado hasta entonces. También hay partes de una violencia increíble, te pone los pelos de punta solo por el tipo de sonidos que busca.
«El esfuerzo que hace ahora el público por estar en esa butaca me hace disfrutar al máximode cada momento»
- Será especialmente emocionante transmitir esas sensaciones en una gran sala con el público limitado y diseminado...
- Es una sensación rara salir a una sala medio vacía, pero tiene un doble efecto, y es que la gente que está allí tiene todas las ganas del mundo de escuchar música, ha hecho un esfuerzo doble por ir a ese concierto, y realmente quiere estar en esa butaca.
- ¿Cada concierto se ha convertido en una ocasión especial?
- Claro, porque nunca sabes cuándo va a ser la próxima vez, aún sigue habiendo cancelaciones, las normas cambian continuamente. Llevo casi 50 conciertos cancelados desde marzo, así que cada vez que salgo al escenario me digo 'disfruta de este momento, no hay tiempo para ponerse nervioso o preocuparte', y es lo que pienso hacer en estos diez conciertos.
- Y justo ahora estaba recorriendo el mundo continuamente....
- Sí, el año pasado en una semana estuve actuando en Estados Unidos, Europa y Asia. Este año tenía programados 80 conciertos. Pero he sacado cosas positivas, porque uno empieza a dar por hecho el tener un concierto cada tres días y a quejarse de cansancio, aunque a mí me gusta ese ajetreo. Y ahora que veo que nada está garantizado he podido apreciar que cada concierto es un regalo, y que todo lo que me está pasando es lo que siempre soñé, dar conciertos por todo el mundo y vivir de mi música. Y bueno, la agenda ya se está llenando para los tres próximos años.
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.