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Isabel Ibáñez
Domingo, 30 de marzo 2025, 10:25
Cuando escucha por ahí la canción de 'Mari Jaia', su hija Sunne, de 22 años, la segunda de tres (junto a Maren, de 24, y ... Kerman, de 20), siempre bromea con lo mismo: «¡Pero si la has copiado de la calle!». «Claro, cuando la hice, ella ni había nacido... Es una cachonda», dice Kepa Junkera (Bilbao, 1965) en su piso del Casco Viejo, encima de la academia de trikitixa, que por momentos se escucha lejana mientras el músico contesta a la entrevista. Sentado ante el ordenador, cuenta con la ayuda de la nicaragüense Norelys Gutiérrez, su asistente desde hace cuatro años, pues ya hace más de seis de aquel diciembre de 2018 en que sufrió un ictus estando en Bélgica para actuar. «No me acuerdo de mucho. Pum y me caigo al suelo. Estuve 21 días en coma y al despertar no podía hablar».
El 10 de abril cumple 60, y algo anda tramando: «Voy a hacer cosas, lo que me dejen, que es poco, porque me tienen miedo, ja, ja». Para empezar, hay una fiesta preparada el día anterior en la sala BBK. Y un mes después, en mayo, sacará el disco 'Kameleoiak', con colaboraciones que a lo largo del tiempo ha grabado para otros y que están diseminadas en distintos álbumes «de artistas de la Península, porque si lo abro a más necesito una biblia». Aún no quiere desvelar nombres. Aparte de esto, habla con entusiasmo de su próxima aventura: ha cogido un pandero de su caserío de Busturia del siglo XVII que tuneará y donará al que fue su barrio, Rekalde.
La actividad que realiza desde su ordenador es intensa, escribiendo wasaps con los que lo mismo se comunica con sus amigos que contesta entrevistas a los medios de comunicación. Hoy, sin embargo, recibe en su casa a este periódico. Es hombre de abrir las puertas a quien lo necesite, también las de su casa en Urdaibai. «Estoy aprovechando estos días para escuchar la música que he hecho y alucino con la brasa que he dado», bromea socarrón. «También escucho canciones de otros, ja, ja, siempre buenas, eso sí».
Su jornada comienza pronto, a veces a las cinco, seis de la mañana. Trabaja en sus proyectos y hace los ejercicios de rehabilitación en casa con el apoyo de Norelys. Ella también le ayuda a hacerse entender. Tras las tres semanas en el hospital de Bélgica fue trasladado a Cruces, y de ahí a Mondragón, al centro especializado en rehabilitación de ictus de Aita Menni. Y ya, por fin, a la 'sucursal' que gestionan en Bilbao. «¡Por fin!», repite sarcástico, y se ríe. Ríe mucho, incluso cuando Norelys se confunde en alguna ocasión al entenderle: «Aquel día que toqué de la hostia», 'traduce' ella. Kepa echa la carcajada: «¡Que toqué en Austria!», le corrige. Pero la progresión ha sido mucha: «Me alegro de que se entienda lo que digo, aunque lo bonito es entender lo que no se dice. Para eso la música es un lenguaje penetrante que produce diferentes sensaciones. A uno le lleva por un camino, a otros, por otro, siendo el mismo tema».
Tiene cerca los libros que repasan su carrera, el último, el lujoso tomo de 'Berpiztu' (2022), que tuvo su reflejo en un documental de Fermín Aio. Guarda fotos con todo y por todo el mundo, pues ha trabajado con artistas de todas las latitudes: Compay Segundo, Mónica Naranjo, Santiago Auserón, Julio Pereira, Loquillo, Calamaro, Juanes, Pablo Milanés, Miguel Bosé, Raphael... Galicia, Cataluña, Andalucía, Europa, Sudamérica... Abre las páginas y se ve a sí mismo sentado con la trikitixa delante, a punto de tocar y mirando con gesto reflexivo hacia abajo: «Parece que estoy pensativo, ¿verdad? Estoy mirando la 'chuleta' que tenía pegada en la parte superior de la triki con la estructura de la canción, porque como siempre toco a mi bola...». «¿Sabes cuántos años tenía aquí? 15», y señala a un joven rematado por una mata de pelo sorprendente. Empezó en el conservatorio con el acordeón, pero no terminó: «Cuando el profesor salía un momento de clase, yo aprovechaba para tocar mis cosas, y cuando volvía y me pillaba me llamaba 'armonías', ja, ja. En realidad soy autodidacta».
– ¿Es consciente del impacto que produjo en Euskadi la noticia de su ictus, el tiempo que tardaron en llegar las noticias sobre su estado, la preocupación...?
– He sentido cariño y sonrisas muy bonitas y generosas hacia mí. Lo demás, son cosas de la vida y como vitalista las asumo. Son un reto que hay que aprovechar. No sé si seré capaz de aportar, me dejo llevar y lo que surja. Cuando terminaba de hacer un tema, me decía, ¿dónde estaba yo hace un rato? Son misterios que hay que disfrutar. No era mi intención preocupar a nadie, al contrario, siempre valoré la ayuda que me han regalado, hubiera sido casi imposible salir adelante sin mucha ayuda. Son más de los que parecen, piezas esenciales de un engranaje misterioso y mágico, y me refiero a esas personas que piensan que su ayuda es superflua y desde mi punto de vista son todo lo contrario. Por ejemplo, acababa de tocar, se acercaba alguien, y como disculpándose me decía: 'Yo no sé música', y yo les respondía 'Yo tampoco'. Quien dice algo así tiene una sensibilidad especial.
– ¿Qué es lo que más echa de menos?
– Echo de menos sudar, sentir aquella fuerza interior, lo daba todo en el escenario. Lo que tocas te lleva por un camino desconocido, pero te atrae, no sabes por qué, es como si tiraran de uno, tampoco lo puedes explicar.
– Esa fuerza sigue ahí, ¿no?
– No sé lo que está o lo que se fue. Sí sé que estoy, y para mí es mucho estar. Ahora aprovecho para escuchar trabajos que hice, porque antes estaba con algo y ya pensaba en otra cosa. He hecho lo que he podido, aunque por mí hubiera hecho mucho más.
– Ha hecho muchísimo, se estará incluso sorprendiendo al volver a escuchar algunas cosas...
– Una amiga de Galicia me dijo: 'Kepa, harían falta seis vidas para hacer lo que has hecho'. Sorprender... sobre todo encontrar belleza, siento qué bonito es esto o aquello. Siempre me animé a mí mismo. Y lo sigo haciendo, no busco aprobaciones. Nunca me afectó si me aprobaban o suspendían. Por ejemplo, mi madre, Kontxa Urraza, bailaba con una fuerza increíble, la veía y me llevaba. Era en la casa de Rekalde, increíble lo que transmitía. Su padre, Román, tocaba la pandereta. Nunca dije nada pero la fuerza estaba allí.
– La ha heredado de ella.
– Es algo que no se aprende en una escuela convencional. Y aun así, nunca le pregunté si un tema que hacía le parecía bien o mal, no le quería pasar esa responsabilidad. Seguramente, como hijo suyo me diría que muy bien. Pero si tuviera que tocar para que bailara tocaría otra cosa. Y tanto acertar como equivocarme, tenía que hacerlo yo.
– Cita mucho a su madre. Habrá sufrido mucho con todo lo de su ictus...
– Sufrir como toda madre, no es patrimonio suyo. Y, yo como padre, puedo imaginar, y como madre, una pasada. No me puedo acercar a lo que siente una madre.
– Tras lo que le pasó, se sentiría preocupado como padre por sus hijos. Doble preocupación.
– Eso de doble... Una ya es potente, no hace falta añadir más. Por lo mío... no tenía importancia. Era por mi familia y amigos.
– ¿Sigue yendo a San Mamés y a animar al Bilbao Basket?
– Claro, el Athletic lleva conmigo más de 40 años. Siempre que salía por ahí a tocar llamaba a mi madre y hablábamos del Athletic.
– Supongo que le siguen viniendo nuevas melodías a la cabeza.
– Alguna, lo que pasa que cuando tocaba, la triki me iba llevando de la mano para componer. Es difícil explicarlo, es como si te preguntan lo que sientes al escuchar un tema. Una vez hice un proyecto con la Euskadiko Orkestra Sinfonikoa, y al acabar de ensayar se me acerca uno de los músicos y me dice: 'Estos temas no están mal'. Claro, le habían dicho algo así como 'Va a venir un tío de Bilbao que toca la triki...' Ese proyecto fue chulo. Me acuerdo de sentir esa masa sonora en directo, algo increíble, como una tempestad en el mar. Ahí fui sin miedo, me planté solo con la orquesta y me dije 'a por ellos'. Sin miedo, que sepan lo que vale un peine. Con esa mentalidad fui. Nervioso, respetuoso... pero adelante.
El día 8 de mayo habrá fiesta en Rekalde. Será a las 19.00 horas en el Centro Municipal (Travesía Altube, 6). Junkera ha elegido un pandero que tenía en su caserío de Busturia y se lo ha dado a Tomás Ondarra (ilustrador y colaborador de EL CORREO) para que lo tunee con dibujos de distintos motivos de Rekalde. «Lo primero que escuché fue la pandereta de mi abuelo. El mundo de las panderetas me apasiona». Mientras Ondarra dibuja sobre el instrumento, Marieli Oviedo, la hasta hace nada fotógrafa oficial del Athletic, retratará todo el proceso para exhibirlo en una exposición con fotos. Cuenta con la colaboración de Radio Bilbao, que se encargará de imprimir las imágenes en gran tamaño para que integren una exposición que podrá disfrutarse a partir de ese día. Todo ello será donado para que se quede en Rekalde: «Quería devolver algo a mi barrio, es un gesto humilde pero rico en sentimientos». La Diputación vizcaína imprimirá camisetas sobre este evento, para el que el Ayuntamiento de Bilbao se hará cargo de los carteles. Además, ese día colaborarán tocando el percusionista colombiano afincado en Santurtzi Danny Merchan y el albokari Ibon Koteron, y contarán con la colaboración de Alberto Oliveros, propietario de un taller de bolsos y cinturones en Bilbao que suele tunear panderos para el trikitilari. «También estará mi amigo del barrio, Ander Sagastuy, que me ha ayudado muchísimo en este viaje. Y muchos otros amigos de Rekalde y de otras zonas de Bilbao», añade el músico. Pero hay una persona a la que Kepa Junkera aguarda especialmente: su madre, Kontxa Urraza, de la que tiene grabada su imagen bailando en la cocina de su casa de Rekalde. «Espero que mi ama pueda estar ese día presente. Vive en Zeberio y tiene 93 años. Me haría mucha ilusión verla, y creo que a ella también estar allí».
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