Maite Larburu
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Maite Larburu
Con 'Maizter' ('Inquilino'), Maite Larburu (Hernani, 1979) ha decidido modificar su forma de trabajar, de modo que ha registrado los diez temas que componen el ... disco de una manera artesanal y despojada de buena parte de las prestaciones técnicas de un estudio. Con la colaboración de Carlos Taroncher, Jan Rokyta y Karlos Arancegui, principalmente, la 'artista del sonido' ha incluido en las canciones ruido de ambiente porque así se lo pedía el cuerpo en esta ocasión. Larburu reconoce que sí se siente una 'rara avis' en el panorama musical vasco, aunque por otra parte, duda del significado de esa expresión. La presentación de 'Maizter' en directo comenzará en la sala Lugaritz de Donostia el próximo 11 de abril (19.30), en un concierto en el que Larburu estará acompañada de Karlos Arancegui a la batería y Carlos Taroncher al clarinete.
– Dadas la situación de la industria discográfica y las escasas ventas, ¿de dónde le ha nacido el impulso para grabar este nuevo álbum?
– Es el mismo impulso que llevo teniendo toda la vida, que es muy creativo y que me lleva a hacerme preguntas y buscar respuestas. Y de la necesidad de expresión. Es un impulso un poco loco e irracional que no piensa en las consecuencias porque, como dice, la industria discográfica ha cambiado mucho y es complicada. Si piensas en si vendes o no vendes, a lo mejor no lo haces.
– ¿Se desgasta ese impulso con los años?
– Tienes fases. El impulso es el mismo, lo que pasa es que a veces te llega muy fuerte y lo das todo para acercarte a lo que soñabas y después necesitas descansar para que lo siguiente pueda germinar. Si le pides demasiado al impulso, una se agota.
– Son diez temas muy heterogéneos, pero ¿hay algún hilo conductor que atraviese todo el disco?
– Sí, me parece que la música, junto a la danza y el teatro, es el arte que mejor representa la existencia: algo que está y ya no está. No puedes instalarte en la música igual que no puedes en la vida porque, aunque lo creamos, no somos dueños de nada, ni siquiera de nuestro propio cuerpo. 'Maizter' significa 'inquilino' y esa sensación de no poder habitar algo para siempre es la que me ha inspirado.
– Lo cual engancha con la sensación de provisionalidad que nos traen estos tiempos...
– Sí, puede ser. No lo había mirado desde ese punto de vista. Creo que tiene que ver con mi forma de ser en la música porque soy una autora un poco peculiar. Cambiar de registro, ser flexible quizás sea necesario para sobrevivir en la música y aunque quizás desde fuera sea sencillo encasillarme, a mí me cuesta mucho hacerlo. Y además, no me gusta. Me eduqué en la música clásica, me especialicé en la antigua, tengo una faceta como cantautora, y en los últimos años estoy componiendo para películas y para podcasts. Soy un poco inquilina de aquello hacia lo que me lleva la vida.
– Se autodefine como 'artista del sonido' y en este sentido, ha dado rienda suelta pero bien en este disco.
– Gracias. Pues sí. En los últimos años se me pregunta mucho cómo me defino y me cuesta mucho hacerlo como cantautora o violinista, así que lo hago como 'artista del sonido'. Soy inquilina en la música antigua, en la composición, en la escritura... pero mi medio es el sonido y es el material que utilizo para desarrollar mi creatividad.
– En 'Maizter' es autora de todas las letras, excepto de una, que es de Harkaitz Cano.
– Exactamente.
– ¿Escribe primero la letra o a la inversa?
– Muchas veces primero la letra. En ocasiones parto de una idea sobre algún tema del que quiero hablar, como en 'Hi herorri legez', con la frase bíblica de «ama a tu prójimo como a ti mismo». La escribo en inglés porque me gusta más «vecino» que «prójimo». Con esa idea pensé en hacer una canción que la reflejara: quizás somos dos, quizás el vecino está en ti misma... Busco palabras y, a la vez, intento reflejarlas musicalmente. Y a veces hay accidentes maravillosos y sólo soy una marioneta de lo que va ocurriendo.
– Ha incluido ruido de ambiente en las canciones.
– Al principio, pensé en ser inquilina del estudio y que quien lo escuchara también lo fuera, pero enseguida cambié de idea y me entraron ganas de salir fuera porque me di cuenta de que no sólo somos inquilinos de un espacio, sino de la tierra. Cogí una grabadora y empecé a registrar sonidos del entorno en el que vivo. Y todo eso me ha inspirado mucho a la hora de darle unidad al disco.
– ¿Cómo sabe cuándo está terminada una canción? La tentación de retocarla y retocarla debe ser grande...
– A veces hay que dejarla marchar. Uno de mis grandes defectos es que soy muy perfeccionista y en este disco he intentado no serlo. Por eso lo he grabado yo, sin los medios y los técnicos de un estudio. Tuve que aprender y aunque algunas cosas podía retocarlas, otras no sabía cómo hacerlo. La tentación de retocar es muy grande, pero he intentado liberarme un poco de eso.
– ¿Y el directo? Será complicado, más en solitario que en trío.
– Será diferente. Era una de las cosas que tenía claras desde el principio:hacer el disco que me apeteciera y en directo, lo que se pueda. Lo efímero del concierto nunca más se repite. Para esta ocasión, he pensado en el disco como una cosa y en el directo, como en algo diferente. Cuando vaya en solitario será como cantautora y cuando toque acompañada tendrá otro sonido.
– ¿Se siente más cómoda en el estudio que en el escenario?
– Son comodidades diferentes.
– ¿Es más obsesivo el primero?
– Sí, sí, es muy obsesivo, pero hay canciones en las que la voz es la de la segunda toma. He intentado no repetir porque normalmente hago las demos y después voy al estudio donde se registran las canciones con un técnico y unos medios mayores. Eso mata lo fresco que lleva una demo porque cuando cantas una canción por primera o segunda vez hay algo que luego es imposible reproducir. Cuando te pones a repetir y repetir, el estudio se vuelve en efecto muy obsesivo, mientras que el directo requiere de otra destreza.
– Con la tranquilidad de que lo que ahí sucede, ahí se queda...
– A veces es mágico. Si no te dejas llevar y no puedes salir de tu cabeza, que es donde siempre está todo el problema, puedes pasarlo mal. Si eso se desvanece, el directo tiene una magia de la que carece el disco.
– ¿Vive estos días con nervios, con incertidumbres o está convencida de lo que ha hecho?
– Con todo a la vez. Dudas, pero supongo que es normal. Un disco es un proceso de aprendizaje, pero hay que dejarlo marchar. Lo aprendido, ahí está y lo que no, para la próxima vez. Es un disco más.
– ¿Es una 'rara avis' en el panorama musical vasco?
– Creo que sí o así me siento. Por un lado está bien y por otro, quiero encajar, pero no sé si hay alguien que encaje.
– Últimamente ha hecho cosas en el teatro, en podcasts... ¿Por qué?
– Porque me ofrecen trabajos diversos y me lanzo. Me gusta mucho colaborar con diferentes artistas de disciplinas distintas. Desde niña, aprendí a tocar el violín y me he pasado dieciséis años por Europa con el movimiento historicista de música antigua, pero luego empecé a cantar, he sacado discos, me han ofrecido teatro y ahora me entra trabajo de composición. Y está muy bien. Tras tanto viaje, está bien arraigarte en tu casa.
– Dice en una canción:«Toda lengua es madrastra». ¿Lo es?
– Sí, de alguna forma, sí. Por eso soy música. La lengua se me queda corta para expresar lo que soy y por eso decidí ser música.
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