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El propio Xabier Lete, poco antes de morir, hizo suyo el conocido epitafio escrito por Cesare Pavese. «Fue un hombre que lo intentó, ... pero no acertó». O tal como él lo tradujo al euskera, 'Izan zen gizon bat / saiatu zena / baina ez zuena asmatu'. El músico Joxan Goikoetxea, amigo y compañero de Lete recuerda hoy esa afirmación de la que se adueñó el poeta y escritor para resumir su personalidad. «Era así, autoexigente y pudoroso... Dejó escrita hasta la 'playlist' de canciones para su funeral. 'Si os dejo a vosotros, igual hasta me ponéis aizkolaris a la puerta de la iglesia', nos decía».
Hoy se cumplen diez años exactos de la muerte de Xabier Lete (Oiartzun, 1944 - Donostia 2010) y numerosos libros, documentales y conciertos recuerdan estos días su figura y su obra. En contra de lo que decía por boca de Pavese, Lete sí lo consiguió: la cultura vasca lo reconoce como uno de sus grandes poetas y músicos. Pero hoy buscamos algunas pinceladas humanas para trazar el retrato del personaje.
«Pese a su fama de serio era un hombre absolutamente divertido«, dice Miren Valverde. «Cuando llegue al cielo y San Pedro me pregunte quién soy responderé que el autor de 'Xalbador' y me dejará entrar», solía decir Lete, recuerda Eugenio Ibarzabal. «Era una persona muy cálida y en sus tiempos de política en la Diputación, al lado de Imanol Murua, pusieron en marcha multitud de proyectos, como Arteleku o el Koldo Mitxelena», remarca la periodista Estrella Inchausti, que le trató de cerca en los años en que Lete fue diputado de Cultura y portavoz foral.
Joxan Goikoetxea asegura que «mi vida estuvo tan marcada por Lete que cada día tengo motivos para recordarlo, y hasta para añorar que me eche la bronca por algo», dice con humor. Mañana estrena en el Kursaal el oratorio que ha compuesto en memoria de su maestro y amigo, «un hombre de apariencia seria, divertido en el fondo y de una profunda autoexigencia. Se impuso a sí mismo una línea ética y moral que mantuvo hasta el final».
Miren valverde, hija de antton valverde
joxan goikoetxea, músico
Goikoetxea rememora que «antes que poeta y músico Lete fue actor: entró en el grupo teatral Jarrai, en los años 60, con Ramon Saizarbitoria y otras gentes, y pusieron en escena 'Los justos', de Camus. Ahí se plantea si es lícito matar a un tirano, en ese caso en la vieja Rusia. Lete pensaba que no, y cuando ETA mató a Carrero Blanco no le gustó«.
Los últimos años de Lete fueron complicados, con una frágil salud. «Le dio tiempo a diseñar su funeral y mostrar otra vez su personalidad: no quería grandezas post-mortem, solo el cariño de los cercanos y una lista con sus músicas más queridas. Pero a la vez tenía un punto histriónico. Cuando se juntaba con Bernardo Atxaga siempre bromeaban. 'Los vascos para hacer las cosas necesitamos epopeya', decía Atxaga, y 'epopeyaaa, epopeyaaaa', coreaba Lete. Convivían el Xabier pudoroso con el actor, el divertido y el introspectivo, el espiritual que se iba a los monasterios con José Antonio Echenique y Frantxi Lopez de Landatxea a escuchar música religiosa y el aficionado a la jota«.
Todos los testimonios coinciden en el Lete divertido bajo su semblante serio. «Cuando venía a casa a ensayar con el aita era una fiesta», apunta la periodista Miren Valverde. Es hija del músico Antton Valverde, eterno compañero de Lete en escenarios y experiencias. Antton ha hablado mucho de su amigo, pero preguntamos a Miren, la joven Valverde que veía a Lete con otra mirada.
«No solo era divertido: resultaba hasta gamberro y un poco payaso, lo que nos hacía felices, aunque luego, a la hora de ensayar, se ponían serios y era un privilegio escucharles», añade Miren Valverde. ¿Piensa que la obra de Lete ha quedado más olvidada, en comparación con otros artistas de su generación, como Mikel Laboa? «No, solo son estilos diferentes. Pero canciones como 'Xalbadorren Heriotzean' no dejan de sonar, por ejemplo«.
El escritor y periodista Eugenio Ibarzabal trató mucho a Lete hasta 1987, y resalta que «con pocas personas me he reído tanto como con él». Ibarzabal acaba de reeditar una entrevista que hizo a Lete en 1978, ampliada con un largo prólogo en el que recuerda a «un hombre que siempre propiciaba la armonía entre las diferentes posiciones. Fue siempre un defensor de la paz, incluso en los tiempos en que eso resultaba más difícil en su entorno. Cuando se hizo el 'manifiesto de los 33' intelectuales contra la violencia, Lete, junto a Julio Caro Baroja, Koldo Mitxelena y yo mismo fuimos quienes más nos movilizamos«.
Pedimos a Ibarzabal anécdotas divertidas. «Siempre contaba que cuando entró en 'Ez Dok Amairu' Joxean Artze le dijo: 'Cantas tan mal que vas a tener un éxito enorme'. Y algunas de sus canciones son ya clásicos. Bromeaba que cuando llegara al cielo y le dijera a San Pedro que era el autor de 'Xalbador' le dejaría pasar enseguida«. Y una más. »Fueron a cantar al Cintruénigo de los años 70. Salió Laboa, luego algún euskaldun más y cuando llegó el turno a Lete alguien del público gritó: 'Que te den por culo y salgan los joteros ya'. Muchas veces repetía con risas lo de 'que salgan los joteros'«, sonríe Eugenio Ibarzabal.
eugenio ibarzabal, escritor
estrella inchausti, periodista
Hubo un momento en el que Lete tuvo papel institucional. Cuando Imanol Murua accedió a diputado general de Gipuzkoa cedió el puesto de diputado de Cultura y portavoz a su amigo Xabier Lete. Estrella Inchausti, periodista de El Diario Vasco encargada entonces de seguir la actualidad foral, estaba ahí para contarlo. «Lete fue primero diputado de 1985 a 1987, y los dos años anteriores había sido director. Eran tiempos en que gracias a la LTH la Diputación recibía amplísimas competencias. En este área llegaron los albergues, las instalaciones deportivas, infraestructuras... Murua y Lete estaban orgullosos de haber puesto las bases de lo qe luego serían el centro de arte contemporáneo Arteleku y el Koldo Mitxelena».
Inchausti recuerda a Lete «sereno, cálido y accesible. Supo conectar la Diputación con la cultura euskaldun y cumplió el sueño de Gabriel Celaya y Amparitxu de preservar unido su gran fondo bibliográfico y documental, 10.000 volúmenes que la Diputación compró por 10 millones de pesetas«. Porque Lete lo intentaba... y acertaba.
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