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RICARDO ALDARONDO
Miércoles, 14 de septiembre 2016, 07:58
'Manda huevos' será el viernes la 'otra' inauguración del Festival en la Sección Oficial, con el pase a las 20.30 horas en el Victoria Eugenia de su nuevo documental que, tras el retrato de la mujer en 'Con la pata quebrada', recoge la visión del varón que ha dado el cine español a lo largo de su historia. Diego Galán vuelve como autor al Festival que hace 30 años dirigió por primera vez.
- Se cumplen 30 años de su primer Festival de San Sebastián como director.
- ¿Treinta ya? No me había dado cuenta...
- ¿Qué recuerda de su primera edición de 1986, cuando el Festival venía de años muy difíciles? ¿Lo vivió con más temor o ilusión?
- Fue uno de los momentos más intensos que haya vivido nunca, desde luego, fantástico y apasionante. No lo viví con miedo, sino con inconsciencia absoluta. Era tan apasionante tratar de sacar el Festival del agujero en que estaba metido que casi todas las ideas eran buenas.
- Una de las ideas que se pusieron en marcha ese mismo año fue el Velódromo como gran sala de cine. Y ahí sigue.
- Sí, nadie daba un duro por esa idea. El primer día cogí un taxi para ir al Velódromo y el conductor me dijo: «Uy, va a ser difícil llegar porque ahí masas de gente». Y claro, escuchar eso fue como un orgasmo. Cuando íbamos llenando las salas poco a poco, era una compensación tan extraordinaria al trabajo que se había hecho, que siempre resultaba gratificante. A pesar de los pésimos ratos que también se vivieron, que fueron muchos y por distintas razones, al final solo me acuerdo de esos momentos felices.
- Y el respaldo a esa idea vino nada menos que de Oliver Stone, cuando presentó 'Salvador' entusiasmado con la sala y la audiencia.
- Es que 'Salvador' era una película que no había interesado mucho en su estreno en Estados Unidos. Y ver una sala abarrotada con 5.000 personas, porque entonces la capacidad del Velódromo era bastante más grande, y el público bramando de entusiasmo ante la película, a Oliver Stone tampoco se le puede olvidar, por supuesto. Además era una película combativa y militante en un momento en que el público era muy sensible a ese tipo de temáticas, y aquello fue un clamor. El hombre se quedó pasmado.
- Ese mismo año también se instauró el premio Donostia.
- Sí, el primer premiado fue Gregory Peck. Pero, cosa curiosa, anunciamos un segundo premio ese año que luego no dimos, pero nadie lo echó de menos. Se lo íbamos a dar a Gene Tierney y lo anunciamos. Cuando finalmente Gene Tierney dijo que no venía, nos llevamos un disgusto tremendo. Gregory Peck al parecer dijo que tampoco venía porque su mujer estaba enferma, y digo al parecer porque entonces mis compañeros me lo ocultaron. Pero finalmente vino, y como el hotel María Cristina estaba cerrado por obras, hubo que llevarle al Palacio de Ayete, que se habilitó provisionalmente como hotel.
- ¿O sea que las intrigas y zozobras con el premio Donostia ya empezaron en la primera edición?
- Sí, es que Gene Tierney debía estar ya un poco mal en la cabeza, y Pilar Olascoaga, que era la reina del teléfono, hablaba con ella casi todos los días. Y un día Tierney le decía que iba a venir, y al día siguiente no se acordaba de lo que habían hablado. Y al final fue que no. Pero me hace gracia que nadie echara de menos ese segundo premio Donostia. Fue tan grandioso para el Festival que hubiese venido Gregory Peck, que eso compensó la ausencia.
- ¿Han cambiado mucho los festivales desde entonces, será más fácil o difícil organizarlo ahora?
- No lo sé, supongo que las mejoras se heredan, y se va haciendo un camino que facilita ciertas cosas. Hace 30 años había que explicar dónde estaba San Sebastián y que no había tantas bombas como se decía. Hacer un Festival nunca es fácil, pero aquel tipo de problemas que eran muy básicos, ya no existen, afortundamente. Ahora también habrá que batallar duro por cada película, pero por lo menos no hay que partir de cero.
- En los últimos años ha venido al Zinemaldia como cineasta, con diversos documentales. ¿Cómo se siente al otro lado de la barrera, ahora con 'Manda huevos'?
- Pues un poco nervioso, la verdad. Lo que más temo es que acabe la película y que no pase nada, que la gente salga corriendo a ver otra película. Pero espero que guste y va a ser un momento de emoción y reencuentro con mucha gente.
- ¿'Manda huevos' es una segunda parte, una pareja o un filme independiente?
- Tiene mucho paralelismo con 'Con la pata quebrada', pero es una película independiente. Ambas son espejos de lo que ha sido este país contado a través del cine. Es una radiografía de nuestra historia reciente, más que una división de hombres y mujeres, y cómo los ha visto el cine, en el fondo es lo mismo para todos.
- Comienza como un retrato del «varón español», pero luego va derivando a otras cuestiones históricas y sociales del país en general.
- Sí, aunque la mayoría de las cosas que salen están más referidas a hombres, la División Azul, la mili, etcétera. Pero en el fondo da lo mismo que sean cuestiones de hombres o de mujeres porque a todos nos ha tocado algo...
- ¿Se quedó con mucho material sobre la mesa tras 'Con la pata quebrada' o la continuación surge de la buena acogida?
- La verdad es que surgió en una de las presentaciones de 'Con la pata quebrada' en Francia, donde la película ha tenido mucho éxito, y he ido un montón de veces allí a presentarla y a mantener debates. En uno de ellos, un señor me dijo: «¿Y por qué no hace una película sobre los hombres?». Le respondí que los hombres no tienen ese combate común por sus reivindicaciones como las mujeres. Pero luego pensé que a lo mejor ese hombre tenía razón. Y sobre todo, como yo me lo paso también trabajando con todo este material, podía ser una buena disculpa para pasarme otro año feliz.
- ¿'Con la pata quebrada' tuvo más repercusión en Francia?
- Creo que ha tenido mejor eco, las personas que han llevado la distribución allí lo han trabajado mucho, incluso la han llevado a colegios e institutos. Se ha transformado en una película didáctica, no solo sobre la historia de España y del cine, sino sobre la situación de la mujer. En España no hubo una distribución formal de la película, ha ido a festivales o lugares donde ha sido solicitada, en cambio en Francia sí.
- ¿Tenía imágenes ya recolectadas para esta nueva película?
- No, hubo que empezar de cero, aunque siempre hay imágenes que se te quedan grabadas en la memoria. También había que ver muchas películas de nuevo pero con otra perspectiva. A veces el fragmento que recuerdas resulta que luego no vale, porque no es como lo recordabas, o porque es muy largo o rompe el ritmo narrativo y tienes que empezar otra vez. Pero, insisto, eso es precisamente lo más divertido, porque a cambio encuentras otra cosa que no te esperabas. Eso es lo interesante del trabajo de montaje, ser tú el primero que se sorprende de lo que va surgiendo.
- El montaje juega mucho con la ironía, como esa aparición de Raphael vestido de fraile cantando 'La bamba' después de una serie de películas religiosas...
- Espero que buena parte de la película sea vista con humor, es fundamental. La elección de Carmen Machi como narradora no es casual, porque también tiene un sentido del humor y una retranca que apoya esa intención. Es una actriz que me gusta muchísimo desde tiempo inmemorial y tiene esa voz rasposa y una forma de decir las cosas que no tiene parangón.
- En 'Manda huevos' no solo aparece el macho ibérico, el hombre también ha sido humillado en el cine español, ¿no es así?
- Sí, muchísimas veces ha quedado como grotesco y ridículo, en algunas películas de Alfredo Landa o José Luis López Vázquez, por ejemplo. Esa caricatura del ligón español, aunque esté hecha por hombres, es terrible, el varón no queda nada bien. El hombre también es una víctima.
- En los años 40 y 50 parece que el hombre tenía que ser cura, militar o torero...
- Eso viene de una frase de Primo de Rivera, quien decía que el hombre tiene que ser mitad monje y mitad soldado. En eso consistió la educación. Y así nos ha ido.
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