j.d.a
Domingo, 25 de febrero 2018, 08:29
La consejera de Desarrollo Económico, Arantxa Tapia, es consciente de que esta revolución en los centros de la Red Vasca de Ciencia y Tecnología -ella prefiere hablar de «evolución»- va a generar un cierto ruido, al menos en el corto plazo. «Todos los cambios generan resistencia, pero es el momento adecuado para hacerlo», explica en declaraciones a DV al hilo de la creación del consorcio, del que se pretende que sea mucho más que la simple suma de sus integrantes.
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Un proyecto que, añade la consejera, «hace cinco o seis años hubiera sido implanteable». «De hecho, quise hacerlo hace algún tiempo pero prefería apartar la idea del ‘road map’ y esperar», confiesa. La red sufrió un intenso ‘revolcón’ con el decreto de 2015 y era aconsejable, según deja entrever Tapia, aguardar un tanto. «Empezamos a trabajar con ellos esa norma en 2013, pues en este asunto todo requiere su tiempo, y se han dado cuenta de que les ha ido mejor», afirma.
Cuando a la consejera se le plantea la parte ‘envenada’ del proyecto, aquella que liga indefectiblemente la financiación de la investigación basal ligada a resultados de los centros a la pertenencia al consorcio (más adelante, la presión será mayor, al condicionar más ayudas y programas), replica: «Soy consciente de que aprieto, pero la financiación pública ha crecido en estos años; los centros se sienten bien tratados y los resultados son buenos».
Sabedora de que los distintos agentes de la red son instituciones siempre celosas de lo suyo y defensoras, todas, de su singularidad frente al resto, Arantxa Tapia lanza un mensaje tranquilizador: «Esto que propone el Gobierno Vasco no es una fusión; evidentemente, no vamos a fusionar nada, hablamos de colaborar y de coordinar».
Y sentencia: «Como reto de país nadie puede decir que es malo». A lo que añade que «otra cosa es el detalle». En este sentido, explica que la arquitectura planteada el lunes a los protagonistas del consorcio es «un boceto» que se puede y se debe concretar aún más junto a ellos.
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«Tenemos que mejorar la eficiencia, dotar a la red de elementos transversales, mejorar la coordinación entre agentes, lograr una imagen de país, que es lo que está sucediendo fuera, potenciar la investigación de corte más industrial o aplicada, llegar a las empresas, sobre todo a las pymes, y diseñar una carrera profesional para los investigadores», afirma.
La puesta en marcha de esa ‘txapela’ a los centros, es evidente, deja en el aire el papel de alianzas como IK-4 (la fundación Tecnalia está ya casi amortizada). Tapia lo refrenda, y explica que la institución «puede funcionar como clúster, más ligada a las pymes o quizás más próxima a las agencias comarcales». «Ellos lo tendrán que definir», concluye.
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