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Cambio. Operarios colocan los nuevos carteles de Ayesa en la sede de Miramon. BORJA LUNA
A Ibermática se le caen las letras

A Ibermática se le caen las letras

Adiós a la marca. La histórica tecnológica de Donostia coloca sus nuevos letreros de Ayesa, otro ejemplo del creciente desplazamiento de centros de decisión fuera de Euskadi

Sábado, 3 de febrero 2024, 01:00

51 años después de su fundación, Ibermática –ahora integrada en el grupo sevillano Ayesa– ha perdido una de sus señas de identidad, el nombre de la compañía y a su vez marca comercial. Una nomenclatura que estaba muy arraigada al territorio –no en vano nació en Donostia– y a Euskadi, desde donde la compañía ha extendido sus tentáculos por todo el mundo en este medio siglo. Pero al igual que otras firmas vascas, para lograr músculo financiero para seguir creciendo, ha tenido que dejarse por el camino parte de su identidad y de su arraigo en el País Vasco a medida que ha ido cambiando de accionariado y propietarios.

En este sentido, ayer fue un día simbólico para este proveedor de servicios tecnológicos y digitales, ya que la que ha sido durante décadas sede de Ibermática en el parque donostiarra de Miramon vio mudar su nombre. Unos operarios procedieron a retirar las letras de Ibermática y colocar el nuevo logo de Ayesa, ante la mirada de algunos de los trabajadores que acudieron a trabajar. Una mutación que suele ser habitual cuando una empresa es absorbida por otra, como es este caso, o incluso cuando se produce una fusión, como ocurrió con las cajas vascas.

En cualquier caso, la adquisición de Ibermática por parte del grupo sevillano Ayesa, que se produjo en agosto del año pasado pero que culminó este jueves con su integración definitiva, es un exponente más del creciente desplazamiento de los centros de decisión y de los propios directivos fuera de Euskadi. Una tendencia que se está produciendo en los últimos lustros en el País Vasco y que también está afectando a otras empresas emblemáticas con DNI vasco que han sucumbido a la necesidad de llevar su cuartel general fuera, sobre todo a Madrid, para estar donde se cocina todo o para seguir creciendo.

Esto es lo que le pasó a Ibermática a partir de 2013 cuando el fondo madrileño Proa Capital se hizo con el control de la compañía tras adquirir el 55% de las acciones. Un movimiento que supuso entre otras cosas que Kutxabank pasara de tener el 48% al 15% de las acciones, tras poner el cartel de 'se vende' a gran parte de su participación. Un paso obligado por las nuevas normativas financieras, en concreto Basilea III, que penalizaba a los bancos sus carteras industriales, ya que a partir de 2014 no computaban a la hora de tener en cuenta el ratio de cobertura de liquidez.

Fuentes conocedoras de la compañía indican que fue un momento decisivo porque Ibermática trasladó gran parte de sus directivos a Madrid, a pesar de que gran parte de su negocio seguía estando en el País Vasco. Pero apuntan que para crecer era casi un mandamiento obligado situar el cuartel de mando en la capital del Estado.

Retenerla en Euskadi

Y a pesar de que hubo intentos posteriores, desde dentro de la compañía, para que la empresa proveedora de servicios tecnológicos mantuviera su arraigo en Euskadi y también contar con capital mayoritariamente vasco –captar inversores de aquí–; es decir, para retener la compañía en el País Vasco, no fue posible. Y es que como ha ocurrido con otros muchos casos, para ello se requiere, señalan estas fuentes, un «pulmón financiero potente que permita aguantar estos procesos y retener a las empresas en Euskadi».

Este es uno de los grandes retos que tiene el País Vasco, apuntan expertos en la materia, ya que Madrid y Barcelona tienen el viento de cola de cara a los inversores mientras que Euskadi tiene la corriente de frente y tiene que luchar contra ese polo de atracción financiero que suponen ambas capitales. Es un efecto más de la globalización, señalan, y que ha hecho que el País Vasco pierda ese poder que hace décadas sí tenía y ha ido perdiendo, aunque distintas compañías están impulsando fondos, o el Clúster Financiero, para invertir en empresas vascas. Y la propia Ayesa, en su intento de mantener cierta identidad, creará Ibermática Fundazioa para cuestiones como el I+D+i o la inclusión social.

Una central calculadora, la Caja Municipal y Telefónica

A finales de los cincuenta se creó en Donostia la Central Calculadora Electrónica, una entidad pionera en ofrecer servicios de computación. Contaba con una sofisticada herramienta de cálculo, el Gamma 3, que leía datos de tarjetas perforadas. Fue el germen de Ibermática, que nació en 1973, fundada por la Caja de Ahorros Municipal de San Sebastián y Telefónica, a través de su filial Entel. Entre sus primeros clientes estaban las cajas de ahorros, así como Gurelesa, Rezola, Orbegozo, Pakea y Guascor. 51 años después, el CEO de Ayesa, José Luis Manzanares, indica que la apuesta de la sevillana por Euskadi «es fundamental. Seguimos creciendo en actividad, clientes y profesionales en Euskadi -en 2023 lo hicieron en más de 100 personas, hasta las 2.150-, desde Euskadi, para Euskadi, el Estado y el Mundo. Vamos a comprar nuevas empresas y las queremos comprar desde Ayesa Euskadi», cuya sede está en Miramón.

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