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Con la industria vasca prácticamente cerrada o, como mucho, trabajando al ralentí tras las idas y venidas de los reales decretos del Gobierno central, la otra cara de la moneda -más bien, el viaje de vuelta de esta horrible pandemia- hay que buscarlo en China, allí donde nació el Covid-19. Resulta paradójico, pero también esperanzador; y es que las empresas vascas implantadas en el gigante asiático vuelven a levantar la persiana y a encender las máquinas.
Es el caso de Fagor Arrasate, que, tras cumplir con las estrictas y rigurosas medidas que impone el Gobierno chino en materia de prevención, desinfección de instalaciones y disponibilidad de material sanitario, ha resucitado las dos plantas de que dispone en el país, tras recibir la pertinente autorización. La firma dispone de dos factorías en Kunshan, a unos cincuenta kilómetros al oeste de Shanghái, abiertas en 2008 y 2012, respectivamente, bajo la premisa de 'diseño europeo, fabricación local
Ambas instalaciones, explicaron hoy fuentes de la cooperativa de la Corporación Mondragon, están ya trabajando a un ritmo del 97%, después de que sus respectivas plantillas se hayan ido reincorporando de manera gradual. «Nuestra prioridad ha sido siempre la seguridad y bienestar de las personas y hemos
tomado todas las medidas a nuestro alcance para garantizarlas», destaca el gerente de la compañía en China, Alberto Sarasqueta, viejo conocedor del país y de las capacidades industriales vascas por aquellos lares.
Esas dos plantas de Fagor Arrasate, especializada en el diseño y fabricación de máquina-herramienta por deformación y conformado, tuvieron que cerrar sus puertas del pasado 24 de enero al 10 de febrero, fecha hasta la que el Gobierno extendió las vacaciones del Año Nuevo Chino. A partir de ese día, explican fuentes de la cooperativa, la empresa pudo solicitar el permiso de reapertura y la vuelta al trabajo de la plantilla.
Una vez realizado el trámite, entre el 12 y el 19 de febrero, los trabajadores volvieron a sus puestos de trabajo. Eso sí, en 3 grupos. No fue una vuelta al tajo sencilla en lo administrativo. Para la obtención de los permisos, las plantas tuvieron que cumplir una serie de severos requisitos impuestos por las autoridades en lo relativo a la toma de medidas preventivas de contagio y limpieza de
las instalaciones. También debían disponer de un minucioso inventario de material sanitario. Para certificar el cumplimiento de estas exigencias ha sido preciso, además, pasar las correspondientes auditorias.
Los proveedores locales de las dos factorías han necesitado algunos días más para arrancar de nuevo, puesto que el Gobierno chino priorizó la apertura de las empresas extranjeras. «Sin embargo, a día de hoy tanto la cadena de suministro como la operativa interna de la empresa están en marcha», resaltó Fagor Arrasate.
La cooperativa defiende que «la pandemia actual ha puesto de relieve lo crucial que resulta la internacionalización y lo acertado de implantarse en el gigante asiático con capacidad productiva«. Según explica la compañía, la filial china »está jugando un papel muy importante de apoyo a las actividades industriales y de servicio del grupo«.
«Esta multilocalización permite, por ejemplo, que desde las plantas chinas se vaya a enviar a la de México una pieza mecanizada que no se puede suministrar desde las instalaciones vascas en estos momentos. De esta manera Fagor Arrasate puede seguir ofreciendo sus servicios de asistencia técnica a sus clientes«, añade.
El papel de la filial china se ve reforzado por el hecho de que se trata de una planta multidisciplinar, que abarca las tres áreas de negocio de la empresa: automoción, siderurgia y electrodomésticos. Además, recalcan desde la cooperativa, la delegación tiene también la capacidad de ofrecer «soporte de servicio de asistencia técnica en otras partes del mundo».
Esta capacidad productiva local coloca a Fagor Arrasate en una posición de fuerza frente a sus competidores, pues en el sector de las líneas de corte y procesado de chapa son los únicos con presencia en China.
«Si actualmente surgiese algún proyecto, a diferencia de la inmensa mayoría de nuestros competidores, tendríamos una posición privilegiada al poder ofrecer la confianza al cliente de una solución a través de nuestra filial. Seríamos uno de los pocos fabricantes extranjeros que podría ofertar con garantías de servicio«, destaca Sarasqueta.
En opinión del directivo, la evolución económica de sectores como la automoción o la siderurgia en el gigante asiático «dependerán en gran medida las medidas de estímulo del consumo y la inversión que ponga en marcha el gobierno«. En todo caso, matiza Sarasqueta, el país cuenta con un as en la manga, como es la mucha liquidez que le proporciona una muy positiva balanza comercial.
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