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Marta Epelde (San Sebastián, 1984) relevó a Jon Ansoleaga -actual director del Grupo Spri- en el mes de febrero al frente de la dirección del ... Clúster de Construcción de Euskadi, Build:Inn. Esta arquitecta de profesión afronta un reto titánico: acelerar la transformación de la industria de la construcción vasca, y potenciar la productividad y la competitividad mediante el impulso de la sostenibilidad, la industrialización y la transición digital. Todo ello, además, bajo la crisis del acceso a la vivienda. Sin embargo, la donostiarra muestra su optimismo porque «la industrialización de la construcción puede ayudar a reducir costes y tiempos, pero para ello hay que asumir que el sector ya no es solo albañiles y hormigón: es tecnología, digitalización e innovación».
- ¿Qué salud tiene el sector de la construcción en Euskadi?
- El sector de la construcción en Euskadi representa aproximadamente el 13% del PIB si incluimos toda su cadena de valor, desde promotoras y constructoras hasta estudios de arquitectura, ingenierías y fabricantes de materiales. En términos de empleo, supone alrededor de 120.000 puestos de trabajo. Se trata de un sector mucho más transversal de lo que a veces se percibe.
-¿Cómo está afectando la incertidumbre económica internacional a la construcción en Euskadi?
- A corto plazo, el sector sigue con perspectivas positivas, hay infraestructuras y viviendas por construir. Sin embargo, la incertidumbre genera inflación y subidas de precios en materiales como el acero y el aluminio, lo que puede afectar a medio plazo. Estamos, como siempre, pendientes de los aranceles, pero somos optimistas.
- Euskadi tiene un problema de acceso a la vivienda. Los precios siguen disparados y los jóvenes lo tienen muy difícil, ¿Qué soluciones ofrece la construcción?
- Estamos en un momento clave. Es cierto que el acceso a la vivienda es un reto enorme, pero también lo es que necesitamos cambiar la manera en la que se construye y se rehabilita. No podemos seguir con las mismas recetas de siempre. La industrialización de la construcción puede ayudar a reducir costes y tiempos, pero para ello hay que asumir que el sector ya no es solo albañiles y hormigón: es tecnología, digitalización e innovación.
- La industrialización es una de las grandes apuestas del sector. Se habla de prefabricación, de digitalización... ¿De verdad es el futuro?
- Sin duda. Es una necesidad. Si no industrializamos la construcción, nos quedaremos atrás. Ya hay ejemplos claros: en Suiza o Reino Unido, los edificios se están diseñando con gemelos digitales, se construyen en fábricas y luego se ensamblan en el sitio. Aquí tenemos empresas punteras, pero necesitamos dar el salto definitivo. Lo bueno es que en Euskadi tenemos un ecosistema de innovación muy potente, y ahora nos toca trasladarlo de lleno a la construcción.
-¿Qué opina sobre la flexibilización de la normativa en la construcción de VPOs propuesta por el Gobierno Vasco?
- Nos parece positivo que haya voluntad de cambio. Como Clúster, apostamos por la innovación y cualquier iniciativa que impulse la construcción y la rehabilitación con una visión de futuro nos tendrá de aliados.
- Se habla de digitalización de la construcción, pero este tipo de talento sigue eligiendo otros sectores. ¿ La imagen clásica del albañil con casco y paleta sigue muy presente?
- Totalmente. La construcción ya no es lo que era, pero seguimos teniendo un problema de imagen. La realidad es que necesitamos perfiles técnicos, especialistas en digitalización, en inteligencia artificial, en robótica… Pero seguimos transmitiendo la idea de que trabajar en la construcción es solo levantar muros. Si no conseguimos cambiar esta percepción, nos quedaremos sin relevo generacional y el problema de la mano de obra irá a peor.
- Pero a nivel práctico, ¿cómo convencemos a los jóvenes de que el futuro está en la construcción y no en otros sectores más tecnológicos?
- Explicándole que la construcción ya es un sector tecnológico. Que aquí también hay inteligencia artificial, 'machine learning', robótica, digitalización y una transformación brutal en marcha. Y, sobre todo, demostrándole que hay oportunidades de trabajo con sueldos competitivos.
- Y, ¿cómo les apoyan a esas pymes o autónomos que desconfían de esta transición?
- Tenemos programas específicos para la recualificación y la formación, en colaboración con centros de FP y universidades. Además, trabajamos con empresas grandes para que las innovaciones lleguen también a los subcontratistas y pymes.
- ¿Cuáles son las principales barreras que encuentran a la hora de rehabilitar una vivienda?
- Una de las principales barreras es que en Euskadi la propiedad está muy fragmentada. En otros países europeos, los edificios tienen un solo propietario, lo que facilita las reformas. Aquí, cualquier decisión requiere poner de acuerdo a decenas de vecinos. Si a eso le sumamos la incertidumbre sobre las ayudas y los plazos eternos, entendemos por qué hay tanta resistencia.
- Y parte de la sociedad no está dispuesta a pagar una reforma carísima.
- Es cierto que no todo el mundo está dispuesto a invertir en mejorar su vivienda. Por eso, necesitamos certidumbre en cuanto a las ayudas y subvenciones.
- ¿Euskadi tiene un parque de vivienda viejo?
- El 55% de las viviendas en Euskadi son anteriores a 1980. Hay que ser realistas: una gran parte de nuestro parque de viviendas necesita reformas. Rehabilitar es necesario, pero requiere una apuesta decidida desde las instituciones y desde la sociedad. No podemos permitirnos seguir con edificios que consumen el doble de energía de lo necesario. También hay que decir que Euskadi es pionera en rehabilitación energética, y en lugares como Donostia ya se han hecho avances importantes. La cuestión es si vamos a ser capaces de trasladar este modelo al resto del territorio.
- ¿Qué necesitamos para ello?
- Es importante que vuelvan todas esas ayudas que se pusieron en marcha para rehabilitar viviendas en materia energética. Esta cuestión siempre ha sido prioritaria para el Gobierno Vasco, por lo que somos optimistas.
- Con esta incertidumbre internacional, ¿corremos el riesgo de que se frene la inversión en sostenibilidad y volvamos a lo barato y rápido?
- Es un riesgo real. La rentabilidad económica sigue pesando más que la sostenibilidad en muchas decisiones. Pero cada vez hay más regulaciones que obligan a incorporar criterios medioambientales. A medio plazo, los edificios con baja huella de carbono serán los únicos que tengan sentido en el mercado.
- ¿Cómo está evolucionando la economía circular en la construcción?
-En Euskadi hemos avanzado en la gestión de residuos, impulsando su reutilización y separación. Pero el verdadero reto es aplicar la prevención del residuo desde el diseño y fomentar el uso de materiales reciclados sin que suponga un sobrecoste para las empresas.
-¿Es rentable construir edificios de gran altura con criterios de sostenibilidad y economía circular?
- A día de hoy, sigue siendo más caro en términos económicos. Sin embargo, en el futuro la rentabilidad se medirá también en huella de carbono y eficiencia energética. En Euskadi ya hay muy buenos ejemplos, como el edificio de Naturklima de la Diputación.
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