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La caléndula, una flor que da juego en la cocina.
7 flores comestibles que podemos saborear además de oler
LA DESPENSA

7 flores comestibles que podemos saborear además de oler

Desde hace un tiempo, hay familias de flores que no solo se huelen y se contemplan, sino que se comen, logrando efectos sorprendentes en los platos

Domingo, 23 de junio 2019

Hace tiempo que las flores ocupan un lugar privilegiado en la alta cocina. Sin embargo, podemos incorporarlas fácilmente a nuestros platos, y conseguir efectos sorprendentes. Se huelen, se contemplan y… ¡se comen! Las flores comestibles las podemos incluir en nuestras ensaladas y otros platos, para darles color y un toque algo distinto al habitual. Aunque resulte evidente decirlo, no podemos añadir a nuestra dieta cualquier flor que veamos, por bonita que sea, sin conocer antes si se puede o no comer. Estas son algunas de las flores comestibles más populares.

1. Las violetas, las flores comestibles más conocidas

Además de su belleza visual, tienen un sabor agradable, suave y se pueden cocinar de mil formas. Frescas, secas, cristalizadas e incluso confitadas. Fue de las primeras en consumirse y aporta un gran grupo de antioxidantes y vitaminas. Su cultivo es muy sencillo, se pueden incluso cultivar en macetas y tenerlas en casa para ir utilizando sus pétalos poco a poco según van saliendo en los meses de floración. Su multiplicación es muy sencilla y se hace a través de semillas o estolones.

2. La caléndula, para todo el año y versátil

Los pétalos de la caléndula, aromáticos y un tanto amargos, ofrecen muchas posibilidades en la cocina. Podemos decorar canapés, sopas y macedonias de fruta, aromatizar un aceite para aliñar las verduras o bien rebozar las flores enteras, con harina de garbanzo y espelta, y servirlas de aperitivo. Dan una gran alegría a las ensaladas.

3. La borraja, un toque de azul fresco

Seguramente hayamos probado sus tallos como verdura, pero las flores también tienen un gusto exquisito. El sabor fresco de la borraja puede recordar al pepino, y las encontramos durante toda la primavera, azules o blancas. Para dar un toque de color, podemos decorar con ella salsas y ensaladas. O igualmente, ingerir unas borrajas hervidas. En infusión, se utiliza para aliviar los catarros.

4. Hibisco, maridaje con frutas

Los grandes pétalos rojos del hibisco combinan con helados, ensaladas, confituras y gelatinas, pero sobre todo casan con muchas frutas. En especial, con la manzana, el kiwi y el arándano. Con la infusión de estas flores se preparan deliciosos refrescos. Podemos probarla con jengibre y zumo de limón, endulzada al gusto de cada uno y bien fría.

5. Flor de cilantro, aroma exótico

Sus flores blancas y purpúreas son muy aromáticas, como las hojas y semillas. Al cortarlas, se recomienda que dejemos un trocito de tallo para potenciar su sabor. Podemos decorar con ellas ensaladas y cremas de verduras. Si la receta ya lleva cilantro, como el guacamole, la flor será un buen guiño y redondearemos la experiencia.

6. Capuchina, un toque picante pero muy bella

Las capuchinas son tan hermosas que alegran cualquier ensalada o canapé a los que se añadan enteras. Pero además, aportan sabor, un punto picante que se asemeja con la mostaza. Aparte de enteras como decoración, podemos cortarlas en tiras muy finas y alargadas y añadirlas a patés vegetales, sopas, tartas y helados. En las ensaladas, aliñándolas con limón, las hojas también se usan.

7. La flor de calabacín, una delicatessen

De las flores comestibles de mayor renombre, posee un buen sabor y una clara ventaja sobre las demás: su gran capacidad para albergar rellenos. Una vez colocado en su interior un picadillo o una pasta, se puede sellar la flor enrollando las puntas. Podemos freírlas con una tempura muy fina, ya sean solas o rellenas de pera, de risotto, de tomates secos… ¡Con esta flor se puede experimentar!

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