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Domingo, 23 de junio 2019
Hace tiempo que las flores ocupan un lugar privilegiado en la alta cocina. Sin embargo, podemos incorporarlas fácilmente a nuestros platos, y conseguir efectos sorprendentes. Se huelen, se contemplan y… ¡se comen! Las flores comestibles las podemos incluir en nuestras ensaladas y otros platos, para darles color y un toque algo distinto al habitual. Aunque resulte evidente decirlo, no podemos añadir a nuestra dieta cualquier flor que veamos, por bonita que sea, sin conocer antes si se puede o no comer. Estas son algunas de las flores comestibles más populares.
Además de su belleza visual, tienen un sabor agradable, suave y se pueden cocinar de mil formas. Frescas, secas, cristalizadas e incluso confitadas. Fue de las primeras en consumirse y aporta un gran grupo de antioxidantes y vitaminas. Su cultivo es muy sencillo, se pueden incluso cultivar en macetas y tenerlas en casa para ir utilizando sus pétalos poco a poco según van saliendo en los meses de floración. Su multiplicación es muy sencilla y se hace a través de semillas o estolones.
Los pétalos de la caléndula, aromáticos y un tanto amargos, ofrecen muchas posibilidades en la cocina. Podemos decorar canapés, sopas y macedonias de fruta, aromatizar un aceite para aliñar las verduras o bien rebozar las flores enteras, con harina de garbanzo y espelta, y servirlas de aperitivo. Dan una gran alegría a las ensaladas.
Seguramente hayamos probado sus tallos como verdura, pero las flores también tienen un gusto exquisito. El sabor fresco de la borraja puede recordar al pepino, y las encontramos durante toda la primavera, azules o blancas. Para dar un toque de color, podemos decorar con ella salsas y ensaladas. O igualmente, ingerir unas borrajas hervidas. En infusión, se utiliza para aliviar los catarros.
Los grandes pétalos rojos del hibisco combinan con helados, ensaladas, confituras y gelatinas, pero sobre todo casan con muchas frutas. En especial, con la manzana, el kiwi y el arándano. Con la infusión de estas flores se preparan deliciosos refrescos. Podemos probarla con jengibre y zumo de limón, endulzada al gusto de cada uno y bien fría.
Sus flores blancas y purpúreas son muy aromáticas, como las hojas y semillas. Al cortarlas, se recomienda que dejemos un trocito de tallo para potenciar su sabor. Podemos decorar con ellas ensaladas y cremas de verduras. Si la receta ya lleva cilantro, como el guacamole, la flor será un buen guiño y redondearemos la experiencia.
Las capuchinas son tan hermosas que alegran cualquier ensalada o canapé a los que se añadan enteras. Pero además, aportan sabor, un punto picante que se asemeja con la mostaza. Aparte de enteras como decoración, podemos cortarlas en tiras muy finas y alargadas y añadirlas a patés vegetales, sopas, tartas y helados. En las ensaladas, aliñándolas con limón, las hojas también se usan.
De las flores comestibles de mayor renombre, posee un buen sabor y una clara ventaja sobre las demás: su gran capacidad para albergar rellenos. Una vez colocado en su interior un picadillo o una pasta, se puede sellar la flor enrollando las puntas. Podemos freírlas con una tempura muy fina, ya sean solas o rellenas de pera, de risotto, de tomates secos… ¡Con esta flor se puede experimentar!
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