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Hay un mundo entre visitar Valencia en verano o hacerlo en invierno. La ciudad es distinta. Se transforma. Pasear en pleno mes de enero al ... sol es una delicia que no se puede hacer en agosto, donde el calor impide sacarle todo el jugo a esta magnífica ciudad. Lo que sigue son tres planes gastronómicos para acertar en Valencia en invierno, entre arroces y latas.
Los 20 graditos del enero valenciano invitan a alquilar una bicicleta y recorrerse la ciudad sin problemas. No hay cuestas. Se puede ir a la playa, subir y bajar la antigua cuenca del Turia o, para los más animados, recorrer el bidegorri que te lleva a las puertas de la Albufera. Son más de 20 kilómetros, pero merece la pena. Para los menos deportistas, siempre está la opción de tomar un autobús o un taxi.
La Albufera en esta época del año ofrece un espectáculo maravilloso de aves. Nosotros tuvimos que detener nuestro camino en bici hasta nuestro destino para contemplar las bandadas de flamencos que volaban sobre nuestras cabezas. Porque el objetivo es contemplar la Albufera, cuyas aguas están llenas en esta época del año, pero desde dentro. En distintos puntos se puede alquilar una barca con barquero que te enseña la zona entre arrozales.
Y de arroz va la cosa. En los pueblos de la Albufera hay restaurantes a pie de agua que ofrecen auténticos manjares. Nosotros acudimos a la arrocería el Rek, en El Palmar, que además de una espectacular terraza y cocina, ofrece paseos en barca. Son especialistas en cocina valenciana, donde destaca la anguila y, por su puesto, un surtido de arroces con granos de la propia Albufera. Nosotros nos decantamos por una paella valenciana de pollo y conejo (conviene reservar). Pedimos dos raciones, a pesar de ser tres comensales. Con un entrante a base de tartar de salmón salvaje con alga guacame y un postre para compartir quedamos satisfechos. También nos gustó el vino de la D.O. Valencia Dominio de Calles Crianza (Vegamar) 2020 con variedades Syrah, Garnacha y Merlot. Fue un día irrepetible.
Si lo que se busca es tapear por la ciudad vieja de Valencia, existe una plaza muy coqueta (Plaça de Mossén Sorell) que concentra tres templos muy recomendables. Yo me quiero fijar en uno en el que repetí en mi última escapada a la ciudad ché. Hablo de La Latería, una coqueta tasca que tiene en las latas de conserva de primera calidad su receta de éxito. Pero no solo eso. Ofrece un ajoarriero frío, al estilo conquense, que es obligatorio pedir, o platos más sofisticados como atún ahumado de Barbate con algas o un surtido de cocas que preparan al momento. La atención es de diez y, si además eres amante de los libros, el bar linda con una librería de segunda mano con auténticos tesoros y rarezas a muy buen precio.
Por último, ir a Valencia y no acercarse al mar es un pecado. Tanto la zona del puerto recientemente reformada como la playa de la Malvarrosa son de paseo obligatorio. En primera línea del arenal hay multitud de restaurantes y bares pero, a pocos metros, en el Cabanyal, hay auténticos tascos de barrio donde acuden a comer los valencianos. Uno de ellos es A Tu Vera, en la calle Virgen del Sufragio. Si quieren buenas vistas, no vayan. Si quieren comer bien, comida casera y a buen precio, acudan sin falta.
En A tu Vera hay que pedir el calamar a la romana, la especialidad de la casa, junto a las croquetas y, por su puesto, los arroces. Nosotros optamos por un Señoret muy apañado. De postre tomamos una tarta de zanahorias de la casa que fue una sorpresa divina. Y todo regado con vino D.O. Valencia.
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