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ARANTXA ALDAZ
Martes, 18 de octubre 2016, 07:21
Una cosa es el pañuelo y otra distinta el niqab. La comunidad educativa vasca diferencia entre el caso de la donostiarra Meryem Echaniz a la que le han prohibido el acceso a un centro educativo por cubrirse el rostro -solo se le ven los ojos- y las experiencias con alumnas musulmanas que eligen llevar el 'hijab', que significa velo en árabe, el pañuelo que deja al descubierto la cara, el más utilizado. El Departamento de Educación del Gobierno Vasco no tiene constancia de que se hayan dado situaciones similares a la denunciada por Meryem, una historia que ha hecho de nuevo emerger el debate sobre la integración y la diversidad intercultural en los colegios vascos.
Educación ha trazado una línea divisoria entre la situación de esta alumna donostiarra, convertida al Islam con trece años, con la de otras estudiantes musulmanas que acuden con velo a su centro educativo «sin problemas». La comunidad educativa también llama a no generalizar una imagen equivocada del colectivo. Amelia Barquín, profesora de educación multicultural de Mondragon Unibertsitatea, asegura que, en Primaria, «mayoritariamente» los padres no envían a sus hijas con pañuelo a la escuela, y las personas que sí eligen cubrirse con el velo se encuentran sobre todo en los últimos cursos. En Secundaria, en el instituto, hay más, pero el uso del pañuelo tampoco se da de forma generalizada entre las alumnas de esa etapa educativa, describe.
La prohibición del 'yihab' tampoco es la norma, a pesar de la visibilidad que toman los casos que de vez en cuando saltan a la luz pública, como el de los padres de una niña en Vitoria que el curso pasado se negaron a que su hija se quitase el velo para entrar a su aula. O el de las dos menores que no fueron admitidas el año pasado en un centro escolar de Andoain por portar pañuelo, lo que les obligó a escolarizarse en otro colegio fuera de la localidad.
Si reducido es el número de alumnas que llevan velo, «son todavía menos los casos en los que desde los centros se les ha planteado la prohibición; esa prohibición no se suele producir», puntualiza esta experta, para quien «realmente el tema del pañuelo no es un problema de envergadura en el sistema educativo en este momento». Barquín formó parte del equipo que elaboró el Informe sobre gestión positiva de la diversidad religiosa en el País Vasco, encargado por el Gobierno Vasco, y del que salió la recomendación general de no prohibir el uso del pañuelo en la escuela.
El departamento que dirige Cristina Uriarte recogió el guante y el pasado mes de septiembre envió una circular a todos los centros. Textualmente, dice así: «No impedir la escolarización a las alumnas que porten pañuelo en la cabeza, y que aquellos centros escolares vascos cuyos proyectos educativos o reglamentos de organización y funcionamiento no lo permitan, procedan a su revisión, desde el planteamiento de la educación inclusiva y la atención a la diversidad».
Para Barquín ha sido un paso adelante, «un mensaje claro para las direcciones y para la inspección educativa, algo que hasta ahora no se había producido. Anteriormente se ha podido dar una incoherencia difícil de justificar entre centros (que unos lo permitieran y otros no) y esa incoherencia corría el peligro de incrementarse. Actualmente los centros y la inspección saben a qué atenerse», defiende la profesora.
Imanol Zubizarreta, coordinador de la federación de padres de la escuela pública vasca Baikara, habla a título personal. Aunque agradece la directriz del Gobierno Vasco, sí se muestra favorable a que se clarifique aún más, a que no se deje en manos de los colegios la decisión de aceptar o o no el uso del velo. Reclama, en este sentido, «un criterio unificado», pese a que choque con la defensa que hacen de la autonomía de los centros.
La importancia del rostro
Amelia Barquín repara en otro detalle a la hora de diferenciar el niqab y el pañuelo en el caso de la educación obligatoria: «La comunicación es imprescindible en el proceso de aprendizaje escolar y el rostro es el principal órgano en la comunicación; no sólo la boca, por donde sale la voz, sino la gestualidad facial. Obstaculizar la comunicación cubriendo el rostro no contribuye al proceso educativo ni a la relación entre las personas implicadas en él». La propia comunidad musulmana, recuerda, también ha explicado que se puede ir al colegio con velo y «es crítica con la actitud de cubrirse el rostro», a través del niqab. De ahí de la excepcionalidad del caso de la donostiarra Meryem.
La «preocupación» de Barquín, sin embargo, es que «haya personas que alimenten su islamofobia» con una historia particular como ésta, a la que se le presta «demasiada atención», a su juicio, «y que de un solo caso extraigan conclusiones equivocadas sobre todo el colectivo musulmán». Defensora de una escuela inclusiva y diversa, reflejo de la sociedad actual, la profesora apela a la responsabilidad colectiva. «Sobre igualdad entre mujeres y hombres y sobre el respeto a a la diversidad de todo tipo tenemos todos y todas mucho que aprender».
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