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I. M.
SAN SEBASTIÁN.
Martes, 26 de marzo 2019, 06:32
El Hospital Aita Menni de Arrasate ha participado en un estudio pionero en el que se han analizado las alteraciones emocionales y de la ... personalidad que se producen como consecuencia del ictus tales como la depresión, la ansiedad, la irritabilidad, la agresividad y la apatía. En concreto, se ha estudiado este impacto en diferentes etapas después del ictus: tres, seis y doce meses. La principal conclusión es que el ictus no solo provoca secuelas físicas, sino también consecuencias psicológicas y lo hace tanto al cabo de poco tiempo de haber sufrido la lesión como a largo plazo, ya que existe una alta prevalencia de depresión, ansiedad y apatía tres, seis y doce meses después del ictus, siendo mayor el impacto de la apatía en la capacidad funcional del día a día de las personas implicadas.
El Hospital Aita Menni, que trata a personas con enfermedad mental, daño cerebral, discapacidad intelectual y personas mayores, ha participado en el estudio de una tesis doctoral de la Universidad de Deusto. Naiara Mimentza, autora del informe y que trabaja como neuropsicóloga en el centro arrasatearra, señala que «el ictus genera un amplio abanico de trastornos psíquicos y un alto impacto tanto en los pacientes como en sus familias; se correlacionan con peores resultados funcionales, menor participación social, conflictos familiares, sobrecarga al cuidador, mayor institucionalización, mayor mortalidad y peor calidad de vida». La enfermedad, con una incidencia de 200 casos por cada 100.000 habitantes, provoca «alteraciones psicopatológicas» que están mucho menos reconocidas «que las alteraciones físicas o de la comunicación, siendo muy importante conocer su impacto y abordar su tratamiento».
En el caso de la depresión, en la primera valoración (3 meses) casi la mitad de la muestra presenta un trastorno depresivo, disminuyendo en las siguientes valoraciones. Respecto a la ansiedad, casi el 30% presenta ansiedad en las dos primeras valoraciones (3 y 6 meses después del ictus), disminuyendo al 15% al año del ictus. En relación a la apatía en la primera valoración la mitad de las personas con ictus presentaron apatía, siendo del 32,4% en la segunda valoración y del 25,9% en la tercera valoración. Los datos indican que la apatía presenta relación con la funcionalidad de las personas con ictus, y que la depresión en la primera y la segunda evaluación se relaciona con la funcionalidad de forma significativa, y que en la tercera valoración la tendencia se mantiene.
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