De cómo en minutos puedo cambiar de opinión e incluso de principios. Dilucidaba si escribir hoy sobre la IA -acostúmbrense, siglas de Inteligencia Artificial- porque había concluido de que, a mi edad, en plenas facultades y consciencia, mi decisión era quedarme fuera del metaverso, del ... que no entiendo nada; lo mismo de la realidad aumentada (¿Solo es eso de las gafas para ver cosas de fantasía?) y, por supuesto, de la IA. ¿Qué me va a aportar a estas alturas la IA?

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Identificada con mi padre, que pidió jubilación anticipada, cuando en las oficinas de su empresa «entraron los ordenadores». Luego se vio que su plan tenía fallos y qué pena que no se familiarizara con estos aparatos; cómo hubiera disfrutado, ornitólogo aficionado, viendo pájaros en youtube.

Pues me descargo el ChatGPT, ese que te escribe lo que le pidas. Le pido: «1.450 caracteres, artículo de opinión actual y divertido». Y va y lo escribe. Veamos: esta inteligencia artificial es muy mejorable y se le escapan topicazos como «¿Quien dijo que la actualidad tiene que ser aburrida?». Luego divaga sobre la pandemia y «las situaciones divertidas de olvidarse la mascarilla» (?). Sigue con otro tema actual, el cambio climático «y su influencia en nuestras fotos de instagram» (?) En ese artículo que me escribe el aparato se menciona a sí misma, a la AI, y suelta: «¿No les da miedo pensar que podríamos enamorarnos de un sistema operativo?».

Yo casi me he enamorado. (Continuará)

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