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Veinte señores concejales, bajo la presidencia del alcalde, Mariano Zuaznavar, celebraron mañana, 27 de noviembre de 1918, un Pleno municipal en el que se trataron ... importantes asuntos para el devenir de la ciudad, aunque la gran discusión que, por no ponerse de acuerdo, pasó a Comisión para su estudio, trató sobre si dar o no una gratificación de dos mensualidades al personal de plantilla en el Ayuntamiento, y a los médicos titulares, por el esfuerzo realizado durante la epidemia mal llamada 'gripe española'. Entre los informes aprobados estuvieron el proyecto de mejora de la Zurriola, el nuevo encauzamiento del río Urumea y el de la urbanización del Antiguo.
Escrito quedó que «el mar se convirtió en lago, el lago en laguna, la laguna fue río y el río riachuelo hasta quedar reducido a un maloliente canalillo al que llamándolo Comporta se quería recordar el molino de marea que existió en el lugar desde 1574». El origen industrial de la zona comprendida entre Igara, Ibaeta y el Antiguo, cuentan las crónicas, fue cuando en torno a 1860 Juan Lizarriturry levantó su primera empresa. A Lizarriturry y Rezola se unió El Lagarto y El León y más tarde llegaron Suchard y otros muchos, pero fue en el Pleno antes citado cuando la Comisión del Ensanche estudio y aprobó su urbanización.
El Ayuntamiento convocó un concurso de proyectos con 15.000 pesetas de premio para el ganador y 6.000 como accésit, siendo así que el mes de enero de 1920, estudiados los trabajos presentados, «resultó preferible el del arquitecto Luis Elizalde». La Asociación de Propietarios y Vecinos del Antiguo ofreció a Elizalde un banquete en el restaurante del Gran Casino, como homenaje «a la ilustre firma que reza en numerosos obras realizadas en San Sebastián».
La ejecución del ensanche se dividió en tres zonas: la primera desde Matía hasta Venta Berri, carretera a Comporta, avenidas de Igueldo y San Sebastián hasta la playa, y la plaza de la Iglesia. La segunda abarcaba la citada avenida San Sebastián y carretera general a Madrid, limitando con las fábricas de Suchard y La Providencia. Y la tercera trataría los terrenos de El León y superficie próxima, a los que, siendo de interés general, se concedería libertad de acción para su desarrollo.
Con algunas variantes sobre el proyecto original, en los 638.5125 metros cuadrados incluidos en el ensanche se trataba de construir «una población higiénica, alegre y tranquila… en suma, una ciudad jardín con capacidad para 30.000 personas». «Ayer mañana (se publicaba en 'La Voz de Guipúzcoa' el 15 de julio de 1921), el ministro de la Gobernación, al despachar con el monarca, sometió a la regia sanción la parte expositiva de un decreto por el que se aprueba el proyecto de don Luis Elizalde para el ensanche del Antiguo». Y en el Pleno municipal celebrado ese mismo día, el alcalde, Pedro Zaragüeta, comunicó oficialmente que el rey había firmado el decreto, elogiando a la reina María Cristina por las gestiones hechas en favor de esta firma.
Cuando en 1925 se hizo entrega de las obras, el presupuesto había ascendido a 1.497.648,59 pesetas, repartidas como sigue: expropiación de terrenos, 750.026,05; expropiación de inmuebles, 160.000; obras de explanación, saneamiento y pavimentación (adjudicadas a Antonio Mendizábal y Cía.), 484.863,64; Alquitranado, 3.606,90; servicio de aguas, 59.152, y Alumbrado, 40.000 pesetas.
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