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«No sabía que tu pareja te podía violar, pensaba que la violación era que te cogieran por la calle y te dejaran por ahí ... tirada». Es una de las frases que la víctima de una presunta agresión sexual sufrida en verano de 2022 a manos de su pareja en su hogar de Astigarraga pronunció este lunes en el juicio que se inició en la Audiencia Provincial de Gipuzkoa. La segunda sesión se reanuda este martes, jornada en la que el acusado, al que la Fiscalía solicita 18 años de prisión por violación y maltrato, está previsto que declare.
Los hechos de la presunta violación sucedieron en agosto de 2022, aunque el maltrato, según el relato de la víctima y el escrito de acusación, comenzó antes. Los dos jóvenes se conocieron en abril al coincidir trabajando en un pub de Astigarraga. En junio dieron el paso de convivir bajo el mismo techo en un piso compartido con otras dos personas. «Al principio era un hombre atento, caballeroso», recordó la víctima, a la que una compañera de trabajo que testificó describió como «muy alegre, cariñosa y presumida a la hora de vestir».
El control que comenzó a ejercer sobre ella fue «progresivo». «Si me ponía falda, me preguntaba a quién le enseñaba las piernas. Lo mismo si me depilaba, me maquillaba o conjuntaba la ropa. '¿Para qué te arreglas?'. En el trabajo no podía hablar con clientes ni tampoco con un compañero con el que creía que había tenido relaciones. Según él yo tenía relaciones sexuales con todo el mundo». El «control» también se producía en casa. «Iba conmigo al baño. Si en medio de la noche tenía ganas de mear le despertaba y se lo decía, y entonces me acompañaba o no me dejaba ir», por el temor que tenía de que se encontrara con el otro compañero de piso.
Una noche, mientras la pareja conversaba en su dormitorio a las 3 de la mañana, a la joven le llegó un mensaje al móvil. Era de un amigo de Colombia, de donde es natural la víctima. «Me empezó a preguntar quién era y por qué me escribía a esas horas. Le expliqué que en Colombia no era de madrugada por la diferencia horaria, pero me agarró del cuello, forcejeó conmigo y me revisó todas las conversaciones».
El control «progresivo» cruzó la frontera de las amenazas y las agresiones físicas. «Me amenazaba con que me mataría si le era infiel. Las discusiones más fuertes se dieron en casa», como la que se produjo en fiestas de Astigarraga después de otra discusión. Los dos estaban trabajando de noche en el bar y a ella le tocó estar en la barra al lado de un chico al que al acusado no le gustaba que su pareja hablara y estuviera con él. «Me dio dos bofetadas a mano abierta. Fue la primera vez que me pegó con más fuerza». Vista la escena, en la que no «dejaba de pegarme», la víctima tiró un vaso al suelo tras un forcejeo. «Cogí trozos de cristal y me autolesioné en la muñeca para que viera que estaba sangrando y que parara. No paró».
La joven fue a trabajar al día siguiente, donde la compañera que testificó ayer vio las heridas y avisó a su novio –que también declaró– para que la curara. «Tenía dos cortes, y en una muñeca se le veía un poco el hueso», transmitió. Los dos testigos coincidieron en que con el paso de los meses la víctima «dejó de hablar, de ser alegre y de maquillarse». Ella no se planteó ir al médico por «miedo». En 2022 no tenía todavía el permiso de residencia en España. «No estaba de manera regular, temía que eso pudiera manchar mi historial y que me deportaran».
Un mes después, el control y maltrato «progresivo» llegó a la presunta agresión sexual. En un día de libranza «empezamos a beber. Yo estaba muy borracha. No tengo claro cómo llegué a casa, solo me acuerdo de estar esperando un taxi. Luego me desperté por el dolor que sentía, y vi que él me estaba penetrando por la vagina». La joven rompió a llorar en ese momento del relato, teniendo que detener su declaración durante un minuto en el que se hizo un completo silencio en la sala. «Le dije 'no me apetece, no estoy en condiciones'», continuó, «a lo que me respondió 'cállate y disfruta'. Siguió, y pensé 'que acabe rápido que quiero dormir'».
La víctima nunca consideró que fue violada hasta que denunció los hechos después de marcharse de casa en septiembre. En comisaría, «un ertzaina me preguntó si sabía, después de lo que le conté, que había sido víctima de una agresión sexual. Le dije que no. Vino otro policía especializado en maltrato, y me dijo 'usted ha sido violada'».
Después respondió a las preguntas de la abogada del acusado, y ante la insistencia de si era o no consciente del momento de la penetración o si dio o no su consentimiento, la víctima fue tajante: «Nadie me va a hacer dudar de lo que vi porque desgraciadamente sé lo que pasó».
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