¿Cómo dejar que se deteriore un terreno de semejante valor natural y afectivo? Era la pregunta que rondaba por las mentes de la familia ... Ondarzabal Izagirre desde que el padre, Asentzio, muriera hace trece años. Él era el alma máter del bosque que plantaron los de casa en Bidania. Quien tuvo la idea inicial de crear en su terreno un paraíso de oxígeno y quien lo cultivó con mimo mientras vivió. ¿Y después, qué?
El interrogante empezaba a acosar a viuda e hijas y la fundación foral Basotik ha venido a plantearles una solución a medida. Cuidará y gestionará las necesidades del bosque durante los próximos cien años para que preserve su potencial natural sin que la familia pierda la propiedad. Lo hace cada vez en más terrenos de Gipuzkoa, donde se dispara la demanda de propietarios que no pueden o quieren ocuparse del bosque heredado.
Ainhoa, una de las hijas, se acuerda bien de la plantación. «¿Cómo no acordarme? Fue un trabajo duro. Estuvimos toda la familia. Yo era adolescente. Habrán pasado 35 años. El padre tenía interés en poner árboles autóctonos, robles y hayas. Él se ha ocupado luego de las labores de limpieza, con ayuda de un equipo de la Diputación. Para él era un hobby. Como lo eran las vacas de raza pirenaica que puso en el caserío. No vivía allí pero iba todos los días, una vez jubilado».
La inquietud empezó a brotar tras el fallecimiento de Asen-tzio. «Desde entonces no ha ido nadie a cuidar el bosque. Y, claro, nos surgió la preocupación. Hay tanto árbol que alguno se cae y cierra algún camino y, sobre todo, nuestra madre tenía miedo a los incendios. Ella fue la que escuchó un día en la radio que existía una fundación que ofrecía ayuda a quien no podía gestionar sus terrenos y nos pidió que nos enteráramos bien de qué iba».
Las hijas indagaron y se pusieron en contacto con Basotik. Fueron de las primeras en iniciar los trámites para acabar firmando un contrato. Ainhoa remarca que «la propiedad sigue siendo nuestra» y explica en qué consiste la relación establecida con la fundación foral. «Ellos adquieren la responsabilida de la gestión. Primero hacen un diagnóstico visitando el bosque: analizan en qué estado se encuentra y qué necesita para hacer un planteamiento que detalla qué intervención requiere. Se trata sobre todo de mantener el capital natural. Se comprometen al mantenimiento y a hacer frente a cualquier afección en caso de inclemencias».
Un año para cerrar el contrato
Ainhoa matiza que, a diferencia de otros propietarios, «nosotros no obtenemos un rendimiento económico de esta relación. Es muy poco lo que hay que sacar. Otros bosques igual están más orientados a sacar madera. No el nuestro. Lo que ganamos es la tranquilidad de que van a cuidar aquello que plantamos, de lo que se ocupaba el aita. Tener una institución detrás que ante cualquier contingencia va a responder, es lo que nos da seguridad. Nosotras en trece años no hemos hecho nada más que mantener un poco limpio el camino para subir al caserío. Es un alivio».
Ha pasado un año desde que empezaran los contactos hasta que la familia ha cerrado un contrato, ¡de cien años! «Somos cuatro hermanas y necesitábamos ponernos de acuerdo en un tema con una implicación a tan largo plazo. La fundación ha puesto todo el cariño y la paciencia en todo el proceso. Han respondido a todas las preguntas que han ido surgiendo hasta quedarnos todas tranquilas. Han hecho un planteamiento ecológico en todos los sentidos. Compartimos el objetivo: mantener la identidad y nuestras raíces».
La relación sentimental con el terreno ha primado en toda la fase de acercamiento hasta sellar el contrato. «Sobre todo la madre tenía más preocupación porque tenía más la cabeza ahí. Ha vivido más lo que suponía el proyecto para el aita. Cada vez que veía incendios en las noticias de la televisión, le impactaban. Ella fue la que tuvo la iniciativa y nos pidió que se hiciera así. Nosotras somos cuatro y con ideas diversas». Los nietos de Asentzio y Mila saben que ese terreno es familiar y así será hasta que se hagan mayores.
La relación con la fundación Basotik es cercana y, de hecho, «cada vez que tienen que ir al terreno, nos avisan. La comunicación tiene que ser constante. Antes de hacer nada, tienen que decírnoslo. Ellos son muy conscientes de ello, muestran una gran sensibilidad ecológica y tienen la prioridad de mantener en buen estado los bosques de Gipuzkoa, ayudando a quienes tenemos dificultades para hacerlo por nuestra cuenta. La verdad es que hemos recibido un trato exquisito. Hemos visto en todo momento un esfuerzo para el entendimiento».
El caso particular de esta familia ilustra la finalidad con la que nació Basotik: «ofrecer garantía y tranquilidad a los propietarios de los bosques ante incendios, plagas, vendavales o imprevistos similares», tal y como dicen sus bases fundacionales. Cuidar los terrenos basándose en «un modelo sostenible y avanzado» es el reto de una fundación foral que ha detectado una gran demanda por parte de la sociedad en el año largo de vida que tiene.
El proyecto de Basotik fue presentado en febrero de 2024 por la propia diputada general de Gipuzkoa, Eider Mendoza, en Brinkola (Legazpi). Un mes más tarde tuvo lugar la divulgación de la iniciativa por comarcas. A las charlas ofrecidas en seis municipios acudieron 1.600 personas. «Teniendo en cuenta que en el conjunto del territorio hay unos 11.000 propietarios de bosque, podemos decir que la iniciativa ha sido un éxito», comenta Jon Ander Ostolaza, director de la fundación.
Anduvo rápido la familia Ondarzabal Izagirre y tras muchas horas de conversación y aclaración de asuntos varios, cerró su contrato en diciembre. Ostolaza explica que «las propuestas técnicas sobre la gestión de los terrenos en el tiempo se presentan en una reunión presencial. Podríamos hacerlo enviando los documentos por correo, como se hace en otros tantos ámbitos, pero entendemos que hablamos de contratos largos y, sobre todo, que hay una relación sentimental entre el propietario y el bosque. Muchos de ellos han visto a padres o abuelos plantarlo. Es por ello que a cada familia se le da un servicio personalizado».
En adelante, el bosque será para esta familia solo una fuente de vida y disfrute, no un quebradero de cabeza. Seguirá siendo su bosque, pero estará cuidado por profesionales. Ganan ellos y gana la naturaleza.
750 familias están interesadas en que Basotik gestione sus terrenos
Los números de Basotik en su primer año de vida denotan la necesidad aflorada en Gipuzkoa para gestionar bosques que han pasado de generación en generación y no encuentran hoy manos para su cuidado. 750 familias han mostrado interés en entablar un diálogo con la fundación foral. Todos ellos representan más de 9.000 hectáreas de bosque en Gipuzkoa. En términos absolutos, Gipuzkoa cuenta con un total de 122.000 hectáreas de bosque, de las cuales el 80% son de titularidad privada mientras que el 20% restante es monte público: de Diputación o Ayuntamientos. Según estas cifras, la fundación tiene una demanda para cuidar más de un 7% del terreno forestar del territorio. Basotik cerró 2024 con 100 contratos firmados para gestionar cerca de 1.000 hectáreas
Según los datos de la fundación, más del 85% de los propietarios aceptan los términos de las propuestas realizadas por los técnicos una vez analizado el terreno. «Se miden hasta 200 parámetros», matiza el director Jon Ander Ostolaza. Añade que «en los casos en los que no llegamos a cerrar un acuerda no es tanto por las características técnicas de la propuesta, sino por desacuerdos entre miembros de las familias. Es la principal dificultad».
Basotik ha tomado velocidad de crucero «después de un primer año que nos ha servido para aprender». Durante 2024 ha mantenido una capacidad para proponer tres contratos por semana. «Ahora ya hemos doblado ese volumen y llegamos a poder presentar hasta seis contratos por semana. La previsión es ir creciendo paulatinamente y terminar con unos diez contratos a la semana a final de año. Por el momento, somos tres personas en la fundación y cada contrato requiere una gran dedicación. Según vamos aprendiendo, iremos creciendo».
La propuesta técnica, por su parte, la realiza Basotik y no el propietario, por una razón: «Somos una fundación pública a la que la Diputación le ha puesto un objetivo, que es mantener el equilibrio entre especies en Gipuzkoa. Un 50% de coníferas y un 50% de frondosas. Si el propietario nos hace una propuesta que encaja con este criterio, la tenemos en cuenta claro». En cuanto al rendimiento económico, «hay parcelas de las que se extrae madera y en las que sí existe un potencial económico, que recae en el propietario por anualidades. Otros terrenos tienen la función de preservar la biodiversidad».
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