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En octubre del año pasado un llamada cambió la vida de la familia Rodríguez-Lucena. A Jon, con tan solo 50 años, le había dado ... un ictus mientras trabajaba. «Cuando me dijeron que estaba en la unidad de ictus pensé que era porque no había sitio en el hospital», cuenta Elena. «Se cuidaba, hacía deporte varios días a la semana, cuidaba la alimentación... ¡Cómo le iba a pasar a él!». Luego vino la realidad. «Sentí mucho miedo, nadie te puede asegurar qué va a pasar al día siguiente», relata. Y luego todo lo demás. «Desde entonces vivimos momentos de muchos altibajos. Tiene otra personalidad, es otra persona».
Atentos escuchan a sus padres Naroa e Iker, de 22 y 19 años. Los cuatro participan en la segunda marcha solidaria en favor de las personas con daño cerebral adquirido organizada por la asociación en Gipuzkoa que atiende a las personas afectadas y sus familias, Atece. «Elena es la que me sufre todos los días», reconoce Jon, a quien en el habla se le nota algo, muy poco, diferente. «He tenido que reaprender casi todo. Aprender de nuevo casi a andar, a saltar, a agarrar las cosas con dos manos, a leer...», va enumerando. Sus hijos le miran con ternura. «Para mí lo que nos ha pasado es surrealista porque no le ves venir. Desde fuera veíamos que se cuidaba y que le haya pasado a él», comenta Naroa.
José Manuel Amador
Atece
Maite Peña
Diputada Políticas Sociales
En su «nueva vida» han estado acompañados por Atece. «Te enseñan que esto es una enfermedad invisible. Por fuera puede parecer que no te pasa nada pero por dentro es otra cosa. El camino que haces con ellos el largo y tedioso», explica Jon. Elena reconoce que el apoyo con el que ha contado estos últimos ocho meses ha sido fundamental. «Te acompañan y te guían. Te enseñan que puede haber un camino y cómo transitar por él. Además, te sientes comprendida. Tenemos mucha suerte de que estén. Y también de que haya una unidad de ictus en la residencia, porque cada minuto cuenta».
Cuando se les pregunta por el futuro mantienen la fortaleza de la unión familiar como estandarte. «A mejorar, sin duda», se le escapa tímidamente a Jon.
Atece celebra que llevan 30 años en funcionamiento. «Nos preocupamos de los pacientes y de sus familias», recalca el presidente de la asociación, José Manuel Amador, quien lleva 26 años cuidando de su hija. «Sufrió un derrame cerebral», resume. «Es un problema que se presenta en casa sin avisar. Llevas una vida normal, con tus amigos, familia, y un traumatismo por un accidente, un ictus, una falta de oxígeno al cerebro... y todo se transforma para ti y para tu entorno. No es un daño cerebral de nacimiento». Amador insiste en que quienes estén en esa situación «se pongan en contacto con nosotros, les vamos a orientar, y si se quedan bien y, si no, también».
Itziar Prado participa en la marcha y lleva de la mano de sus dos hijos pequeños. «A mi tío le dio un ictus hace 25 años. La asociación necesita visiblidad y dinero, se necesita mucho logopeda, fisios... y eso cuesta».
Entre los representantes instituciones Xabier Ezeizabarrena, presidente de las Juntas Generales y Maite Peña, diputada de Cuidados y Políticas Sociales. «En Gipuzkoa hay 275 personas a las que se atiende den Atece. Más allá de todos los procesos de rehabilitación hay muchos servicios», explica la diputada. «Y sobre todo sienten a la asociación como una familia, donde se apoya a todos».
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