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MIKEL PÉREZ
ERRENTERIA.
Jueves, 16 de agosto 2018, 00:19
El molino de Fandería se convertía el pasado mes de mayo en un museo al alcance de todos los visitantes. A través de una visita guiada de carácter gratuito, toda persona que se acerque podrá conocer un recorrido a través del tiempo acerca de un edificio con cinco siglos de antigüedad, cuyo corazón sigue bombeando agua.
En sus inicios, durante un periodo cercano al año 1450, comenzó a trabajarse el hierro en el edificio. Esto se debe a que Errenteria era por aquel entonces un puerto amurallado que contaba con una incipiente actividad de construcción de barcos, lo que requería grandes cantidades de metal y madera. Su objetivo principal: reducir el mineral extraído de las minas cercanas y producir tochos de hierro que posteriormente eran colocados en instalaciones más pequeñas. El lugar era conocido como la ferrería de Renteriola, dando nombre al pueblo y a la actividad que desarrollaba.
El siglo XVIII acarreó el fin de la ferrería clásica, lo que trajo consigo el abandono del edificio, hasta que en 1749 se realizó una propuesta para erigir una fábrica de anclas para la Armada Real, que, finalmente, acabó construyéndose a orillas del Urumea en el municipio de Hernani. Era una época en la que el río Oarso -denominado río Oiartzun actualmente- se encontraba en un periodo de secación, lo que redujo el trabajo de los astilleros. Poco después, en 1769, el marqués Simón de Arangorri -natural de Hendaya- compró las viejas instalaciones para crear una fandería. En ella se daba forma de lámina a bloques de metal con la ayuda de cilindros movidos por energía hidráulica. El agua impulsaba unas enormes ruedas de más de 9 metros que movían toda la maquinaria. El hierro procedía de minas cercanas (como las de Arditurri), mientras que el carbón provenía de Inglaterra. Llegó al punto de convertirse en la fábrica de este tipo más importante de Euskal Herria y de toda la Península.
Todo ello quedó arruinado por los conflictos bélicos que asolaron la zona. No fue el fin del edificio, ya que en 1828 se aprovechó su estructura para construir un molino harinero de 8 piedras. Se convirtió en uno de los más célebres de la zona.
En 1884 la industria llegó al municipio, llegando a ser conocido como 'la pequeña Mánchester', y el molino se modernizó e industrializó con una nueva turbina. Esta modernización en la zona supuso una alteración del entorno fluvial y natural que hoy en día se ha ido recuperando.
Posteriormente, se siguió moliendo cereal, pero para usarse como pasto para animales, dando lugar a la fábrica de piensos La Fandería. La turbina que se había instalado años antes dejó de funcionar y se instaló un motor de gasóleo en su lugar en 1952.
Actualmente, ya no hay rastro de cereales ni se oyen los martillazos producidos por la fabricación del hierro. Ahora el edificio consta de un centro abierto que muestra los orígenes del molino. Actúa también como lugar de concienciación del mantenimiento de las aguas de los ríos colindantes, de ahí que sea conocido también como 'Casa del Río'.
El museo puede visitarse los sábados y días festivos de 10.00 a 14.00 horas. Las visitas pueden ser de carácter libre o bien guiadas, en la que se da la oportunidad de conocer el mecanismo del molino en funcionamiento.
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