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La política vasca ha entrado ya en un nuevo ciclo una vez han culminado los procesos congresuales del PNV, PSE y EH Bildu. Las tres ... formaciones –junto al PP y el conglomerado en torno a Sumar y a Elkarrekin Podemos,– retrata el rompebezas vasco. Como telón de fondo de esta renovación emerge un contexto social de evidente cambio, con derivadas que aún es prematuro calibrar. En Euskadi, de entrada, en donde la pulsión identitaria ha perdido virulencia tras el fin de ETA, y en la que la agenda social y económica se sitúa en las principales prioridades de la ciudadanía. Las 'cosas del comer' y 'las cosas del vivir' prevalecen frente a otras narrativas. En este marco voluble, bajo la feroz presión de la política española, los partidos vascos mueven ya sus posiciones ante el debate de la reforma del Estatuto de Gernika. Primera constatación: cualquier ampliación del consenso debe basarse en la interiorización sincera de la pluralidad y transversalidad del país, centrándose en los factores de cohesión e integración y no de división. Segunda variable: el principio de realidad prevalece sobre el prejuicio ideológico. El autogobierno constitucional que ha disfrutado Euskadi, y el progreso económico y social que ha permitido, es el fruto de ese marco jurídico político, que debe legitimarse frente a quienes lo han despreciado siempre desde la ruptura sistemática. El nuevo tiempo exige también estar atentos a los movimientos de la sociedad y a las demandas de la ciudadanía. Cuando el acceso a una vivienda se ha convertido en una escandalosa urgencia para muchas familias, el debate sobre el derecho a decidir retrata una paradoja bien gráfica de que los tiempos de la ideología van bastante más lentos que las agujas de la sociedad real. Una cosa son las legítimas aspiraciones y otra tomar una fiable temperatura a la sociedad. Los partidos deben ser conscientes de que la transformación del país les interpela directamente a ellos, que ha venido para quedarse y que el contexto internacional no hace más que poner en valor la necesidad de ofrecer proyectos que ofrezcan seguridad y estabilidad. Es hora de poner el foco en lo que ocupa y preocupa. El País Vasco moderno merece abrir una etapa de esperanza y renovación. Se trata de abordar los retos del futuro y superar las simbólicas discusiones de un traumático pasado que han atrapado a la sociedad vasca entre la hiperventilación ideológica y las visiones excluyentes. Una ingente tarea que necesita, de verdad, 'ambición de país'.
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