Con el proceso de escucha activa Entzunez Eraiki hemos querido abordar los complejos desafíos que se plantean en Gipuzkoa y Euskadi, que no son ajenas ... a la incertidumbre y volatilidad existente en el ámbito estatal, en la UE y, cómo no, ni a las tensiones globales y geoestratégicas que ahora nos aquejan. El objeto de esa estrategia es poder buscar soluciones de manera compartida y colectiva, tratando de definir estrategias eficaces para desentrañar los complejos nudos económicos y sociales con los que se enfrentará la sociedad vasca en los próximos años. Se trata de un ejercicio político para desarrollar un oído fino, abierto a las opiniones y sensibilidades de la sociedad vasca, que enriquezca la política y redefina las soluciones y líneas de actuación, partiendo de un acercamiento sincero y basado en la confianza.
El PNV es consciente de la urgencia de emprender nuevos caminos para regenerar la política, y a través de Entzunez Eraiki busca revisar en términos positivos su relación con la ciudadanía vasca, con objeto de reforzar esa interrelación y poder ofrecer una visión estratégica compartida que innove el discurso político, aunando miradas y perspectivas; pero también impulse la transformación y la acción ejecutiva, desarrollando nuevas formas de hacer política en los distintos niveles de gobierno. La política es decisión, pero también ejecución. Así, una buena política no puede permanecer de espaldas, alejada o distante de la gestión, pues de hacerlo así se transformaría en una imagen vacía. La buena política necesita ser no solo eficaz y eficiente, sino también ser efectiva; es decir, ofrecer resultados tangibles, y ser capaz de compartirlos con la sociedad.
Esa es una lección que hemos tenido muy clara a la hora de gobernar las principales instituciones de este pueblo en estas últimas décadas. Sin embargo, las fortalezas de nuestro modelo, aun siendo innegables, no pueden conducirnos a la autocomplacencia. Los desafíos hoy en día son inmensos y hay que afrontarlos. Para ello es importante disponer de un retorno claro sobre cuáles son las distintas opiniones y sensibilidades que en este país coexisten, y abrir un espacio a la interlocución activa con actores sociales, académicos, empresariales y profesionales, jóvenes, etc., que pueda generar sinergias, pero también ofrezca a la vez en su justo equilibrio una mirada crítica y constructiva. Quizás este proceso pueda ser tachado de insuficiente, y probablemente lo sea; pero es un paso en la dirección correcta, marca el camino a seguir, y eso es lo realmente importante en estos momentos. No cabe ocultar que la política atraviesa un momento crítico, agudizado por la pandemia y las respuestas a veces insuficientes que se han producido desde el sector público en este complejo escenario. Se detecta un notable distanciamiento de la ciudadanía de las instituciones, sus responsables y las propias estructuras de los partidos políticos. Según el último Sociómetro de la Diputación Foral, un 82% de la ciudadanía guipuzcoana no confía en la política, pero crece también la desconfianza en sus semejantes; ya sean estos vecinos y vecinas, profesorado, empresariado o compañeros y compañeras de trabajo. Lo cierto es que vivimos en una sociedad cada vez más individualista y egoísta, muy interconectada, pero en la que paradójicamente el sentido de comunidad tiende a diluirse y el ambiente se enrarece. Aun así, en Euskadi el tejido asociativo y el sentido de pertenencia a una comunidad siguen siendo fuertes.
Tal y como expone brillantemente la directora de la London School of Economics, Minouche Shafik, el contexto actual, tras la crisis financiera de 2008, la pandemia, los retos del cambio climático y de la propia Agenda 2030, el envejecimiento de la sociedad, los desafíos tecnológicos y la incertidumbre de futuro para la juventud, entre otros muchos aspectos críticos, emplazan a la construcción de un nuevo contrato social «más generoso e inclusivo» que cohesione la sociedad y sirva para mitigar las desigualdades sociales, económicas y políticas. Hoy es preciso que construyamos lo que debe ser un nuevo pacto social para Euskadi en cuyo diseño participen tanto instituciones públicas como actores empresariales, profesionales, sociales y la ciudadanía en general, para profundizar en ese modelo de gobernanza colaborativo que tiene desde 2016 un hito importante en Gipuzkoa con la puesta en marcha de Etorkizuna Eraikiz.
Construir todo eso requiere instituciones abiertas, pero también partidos políticos distintos. Practicar la gobernanza desde las instituciones implica comenzar a practicarla también desde los propios partidos políticos. No cabe ocultar que no será un proceso fácil. Pero la renovación gradual de los partidos, y la búsqueda de una mayor conexión con la ciudadanía no admiten otras soluciones. La renovación de la confianza ciudadana en los partidos es tarea hercúlea, pero debe ensayarse abiertamente. Eso es lo que con acierto se ha pretendido con En- tzunez Eraiki. Si las instituciones vascas fuimos pioneras en la implantación de modelos de gobernanza, también ahora el PNV pretende iniciar ese complejo proceso de reconectar con la sociedad vasca y reforzar, así, la confianza en las instituciones que nos representan. Toca renovarse.
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