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Franco se pasó en el poder 40 años con unas cuantas ideas básicas. Una de ellas era que los que se oponían a su régimen ... debían ser expropiados de su condición de españoles españoles. Eran comunistas, judíos, masones, conspiradores, todo a la vez; primaba más su condición ideológica, su antifranquismo, que su lugar de nacimiento. El dictador se muere un 20 de noviembre de 1975 y el uno de octubre del mismo año, en su discurso en la Plaza de Oriente, después del fusilamiento de tres miembros del FRAP y dos de ETA, repite, ante la reacción internacional de repulsa, la misma idea de sus orígenes: todo responde a una conspiración judeo-masónica, marxista, internacional, que si «a nosotros nos honra, a ellos (los rojos) les envilece». Sea dicho esto con voz trémula y mano nerviosa. Los contrarios no eran españoles.
Luego vino otra dictadura, la de ETA, la que se llevó por delante la vida de 858 personas -¡no se olvide!-, la que nos pudo asesinar a algunos, con sus sistemas de fabricación del terror, sus aventadores industriales de odio, su política de exterminio del construido como enemigo, del español como sinónimo de insulto. ETA construyó a 'España' como enemigo y a los 'españoles', como merecedores del exterminio. Hubo un plan sistemático de aniquilación de 'españoles'. Tampoco era aquí el lugar de nacimiento, o el apellido, primaba la posición política del medio volante constitucionalista, así se apellidara Pagazaurtundua. Si nos asesinan, que quede claro que es por las libertades, por estas libertades, insistía Mario Onaindía, que pasó de ser de ETA y estar condenado a pena de muerte por Franco en los sesenta a llevar escolta para que ETA no le asesinara en los noventa.
Hay ahora en el tapete político formulaciones que se dirigen «a los españoles de bien», a «los buenos españoles», una calificación de «patriota» como cualidad excelsa así sea para portar armas como para poner en cuestión logros democráticos que han sido posibles gracias al consenso entre distintos.
Algunos de los que fuimos apeados de la condición de españoles por la dictadura de Franco, que luego fuimos tildados, de forma peyorativa, como 'españolazos' por los etarras, nos daríamos por satisfechos con que se dejara de utilizar el sectarismo, la negación de la condición de español del otro, como arma para descalificarlo. Empieza oficialmente la campaña electoral y parece momento adecuado para pedir que no se estigmatice al otro, para que se baje la hinchazón verbal, para que no se divida el país entre buenos y malos españoles. No sé los votos que puede dar el fomento de la crispación, pero es seguro que deteriora la calidad de nuestra democracia.
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