Secciones
Servicios
Destacamos
Esa imagen de Oriol Junqueras, dándole, descaradamente, la espalda al lunático de Quim Torra, mientras Carles Puigdemont se aprieta una cena en Berlin, retrata de ... manera fehaciente la fractura abisal dentro del propio independentismo.
No hay estrategia que se perciba, salvo la rutina propia del victimista: cuanto peor, mejor. El liderazgo independentista se diluye en las rencillas entre los que saben que dormirán en la cárcel y los que envían hipócritamente ánimos desde el confort de Waterloo. La única idea clara es evitar que los nuestros nos llamen traidores y así, después de engatusar a buena parte de los catalanes con la idea de que la independencia estaba al alcance de las manos, no hay quien sea capaz de decirles que es preferible el pájaro en mano del dinero para infraestructuras y la Policía autonómica, antes que la independencia total, que vete a saber.
A estas alturas del curso me parece imposible adivinar lo que pueda pasar en esta historia, a diferencia de algún polítologo papagayo. El independentismo acaba de echar abajo los Presupuestos socialistas, mientras sustituía la estelada por la republicana para las teles en el juicio -todo, o casi todo, es teatro en política-, y ha dado paso a unas elecciones anticipadas en las que, si se reproduce el modelo andaluz y la suma de Partido Popular, Ciudadanos y Vox da mayoría absoluta, los independentistas que quieren agudizar las contradicciones se sentirán felices.
La división se ha expresado en las dos diferentes líneas de defensa de los procesados: los que harán lo posible para que a sus clientes les absuelvan, o les caiga lo mínimo posible; y los que parecen estar deseando la máxima pena para sus mártires, para así agudizar las contradicciones en el seno del bloque dominante y ganar el paraíso.
Estamos en la efervescencia del juicio recién comenzado, pero macrojuicios anteriores demuestran que después de los primeros momentos de euforia informativa, la cosa tiende a decaer. Máxime cuando es evidente que una sala de juicios, con su solemnidad, su policromía en los techos y sus togas con puñetas, poco tienen que ver con las tractoradas y los platós llenos de amigos que se hacen propaganda y atizan la idea de pueblo en marcha.
Se supone que pronto (hoy) sabremos la fecha de las elecciones generales, una especie de nuevo reparto de cartas, una estación que ahora se plantea como urgente y salvífica. Por profilaxis democrática, descartemos la idea del efecto taumatúrgico del resultado para la solución de los problemas, así sea el catalán como el de aliviar la precariedad. De momento, la única novedad es que ha nacido una estrella para el gran público: María Jesús Montero, la ministra de Hacienda, que ganó el debate y perdió los Presupuestos.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.