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Que me hubieran votado a mí, y no las hubieran insultado, ha venido a decir Ernest Maragall, capaz él mismo de estigmatizar sin tregua a ... aquellos a los que conminaba para que le hicieran alcalde.
Los hechos son que después de que los concejales de Manuel Valls facilitaran que Ada Colau fuese alcaldesa, en detrimento del que pretendía hacer de Barcelona la capital de la república independiente y tal, hubo un grupo de independentistas que insultaron a Colau. «Puta, guarra, zorra», esos adjetivos propios del campo semántico del machismo, esos que jamás se emplean contra los hombres. De manera que tenemos una serie de insultos machistas y totalitarios, proferidos por independentistas que le ponen a Colau ante sus propias contradicciones, víctima ahora después de haber guardado un ominoso silencio cuando las insultadas eran otras, pongamos Inés Arrimadas, o jueces a los que les pintaban la casa, y eso era 'libertad de expresión'. Qué decir del boicot al Rey y a Mariano Rajoy, cuando en la manifestación contra el atentado terrorista de las Ramblas fueron víctimas de un 'bocadillo' entre la alcaldesa y los Jordis, Sànchez y Cuixart, que construyeron una manifestación de Hispanofobia en la que el Felipe VI y Mariano Rajoy parecían los culpables de los atentados y no los yihadistas.
Bien, Colau es ya alcaldesa; compungida, pero alcaldesa. Valls, que hizo un regate que sonó estimulante y nuevo en la política de bloques de hormigón, está a un minuto de salir del Ayuntamiento y Ribera le ha puesto la proa. No se pueden descartar nuevas sorpresas de Valls en la política catalana, es probable la creación de un partido de la burguesía catalana no independentista, que huya de los independentistas de ERC y la CUP, que han acabado por engullir lo que fue la Convergencia pactista. Hay que agradecerle, de momento, que haya impedido que un independentista de la catadura de este Ernest sea alcalde.
Ciudadanos no ha hecho más que crecer desde su nacimiento, pero en su corta vida da síntomas del síndrome Poulidor, aquel ciclista francés, muy bueno, de los sesenta y setenta, que quedó toda su vida segundo en el Tour que ganaban Anquetil o Merckx. Después de surgir como una urgencia democrática ante totalitarios, como el tal Ernest, en Cataluña, dan ahora síntomas de fatiga en lo que alardeaban: ser capaces de pactar con la derecha y con la izquierda, regenerar la política, echar a los corruptos, quitar a los que llevan décadas en el poder. Se les ha atragantado ese planteamiento en Madrid y Castilla y León, por citar solo dos ejemplos, y han llegado al exotismo de gobernar, así Palencia como Melilla, a pesar de sus paupérrimos resultados.
Colau no es para troncharse, pero no quería que BCN fuera capital de la república independiente y tal. Gracias Valls.
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