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'Novocaine': humor, amor y masacre

'Novocaine': humor, amor y masacre

El actor de 'The Boys' vuelve a salpicarse con abundantes dosis de sangre en esta comedia de acción que no escatima en escenas escabrosas y se apoya en un humor negro desatado

Martes, 25 de marzo 2025, 20:38

El cine de acción comercial que llega desde EE.UU. no vive sus mejores momentos -lo de 'Borderlands', el pasado año, fue el apocalipsis creativo-, pero esta temporada no ha empezado mal, a la espera de varios títulos con pegada. De hecho, lo mejor de la última aventura del Capitán América es su desenlace, cuando el justiciero del escudo y Hulk Rojo intercambian caricias. Buenos mamporros y destrucción de edificios y mobiliario urbano, ingredientes esenciales para un buen espectáculo. Afortunadamente, alguien se ha dado cuenta de que también pueden funcionar estupendamente las historias menudas, sin tanta grandilocuencia, con secuencias de pelea cuerpo a cuerpo y tiroteos de andar por casa. Generalmente son intrigas planteadas con sencillez, que derivan en una venganza descomunal, con un protagonista que, a priori, parece no haber roto nunca un plato. 'Novocaine', filme de reciente estreno en salas, camina por este sendero iluminado, al igual que 'John Wick' o 'Nadie' -con pronta secuela-, presentando a un sosainas, un individuo introvertido y acomplejado, como amo y señor de la función, encarnado por el caricaturesco Jack Quaid, quien siempre acaba salpicado de sangre. El actor de 'The Boys', sublime en la reciente 'La acompañante', divertida a rabiar, ya es el rostro perfecto para representar al americano medio, un tipo sumido en la rutina que ve cómo su mundo explota y tiene que tomar cartas en el asunto, generalmente de manera accidental. No le queda otra para salvar el pellejo o, como es el caso, auxiliar a la mujer de sus sueños, secuestrada por unos atracadores de bancos sin escrúpulos.

El atolondrado protagonista de 'Novocaine' es el subdirector de una entidad bancaria del montón. Es un maniático del orden, con sus rituales, porque no le queda otra. Sufre una extraña enfermedad que le impide sentir el dolor, con lo cual puede sufrir todo tipo de vejaciones y heridas sin que su cabeza y cuerpo se enteren. Aparentemente afable, tímido y obsesivo, descubre el amor con una compañera del trabajo justo la noche antes de un terrible asalto con varias víctimas mortales. Unos pérfidos ladrones, disfrazados de Papá Noel, irrumpen en escena violentamente para quedarse con todo el dinero de la caja bajo custodia. El director y algunos agentes mueren entre sonoros disparos y el grupúsculo de criminales deciden llevarse como rehén al objeto de deseo del acongojado oficinista, quien, empujado por la pasión, decide perseguir a los malotes con todas las consecuencias. A partir de aquí -media hora de reloj, hay que decirlo-, comienza el show macabro, con momentos de acción gamberra que se apoyan con descaro en la capacidad del sujeto en cuestión de no notar en absoluto cuando una bala le atraviesa el brazo o una flecha la pierna. Festival de humor macabro y gore a discreción

'Novocaine' es una historia salvaje de amor y masacre. Acción a golpe de sangre, previsible en su desarrollo, correcta en su empaque, con algunas escenas algo confusas narrativamente cuando hay meneo y los intérpretes se tiran de los pelos, siendo benévolo. Dan Berk y Robert Olsen ('Villains') co-firman la dirección, morosa en su ritmo inicial. El desgarbado Quaid, enfundado en un traje de ejecutivo, a posteriori agresivo, lleva el peso del asunto, rindiéndose al histrionismo cuando toca. Como un cartoon viviente se ve inmerso en una aventura ultraviolenta y enloquecida para cuyo disfrute hay que contar con un sentido del humor retorcido. Se agradece que la co-protagonista del entuerto sanguinolento no sea la típica damisela en apuros, la pareja acaba ayudándose recíprocamente, pero el resultado final tampoco rompe esquemas de manera chocante. La película ofrece lo que se espera de su planteamiento, sin trampa ni cartón, con abundante carnaza pero expuesta con prudencia. Las imágenes no se saltan algunos límites. Más mala leche quizás le habría sentado mejor al conjunto, pero se cerraría algunas puertas. Por cierto, el hijo de Jack Nicholson, Ray, confirma el dicho «de tal palo, tal astilla». Sus muecas recuerdan a su progenitor con algarabía, ejerciendo de fatal villano.

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