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MIGUEL ANGEL MATA
Domingo, 21 de mayo 2006, 02:00
SYDNEY. DV. Se sabe que Cristóbal Colón descubrió América sin ser consciente de su hazaña. Pensó que había llegado a las costas de Asia abriendo una nueva ruta por mar hacia el oeste. Ese error no ha impedido que sea considerado el descubridor más importante de la Historia.
Todo lo contrario que al marino genovés le sucedió un siglo después a otro aventurero a las órdenes del Reino de España, el portugués Pedro Fernández de Quirós (1565-1614). Hace 400 años, el 14 de mayo de 1606, pensó haber hallado un nuevo continente en los mares del Sur (la por entonces mitica Terra Australis) y un lugar propio en el olimpo de los grandes descubridores.
Pero lo cierto es que Quirós nunca pisó suelo australiano. Por eso su nombre no tiene la relevancia de Colón, Magallanes, Elcano y otros descubridores. Pero la Historia ha sido injusta con él. Sus viajes merecen más atención que la que se les ha prestado. No en vano, fue él quien puso a Australia su nombre actual. Y gracias a él otras potencias posteriores como Holanda o Inglaterra se interesaron y colonizaron el gran continente austral.
La obsesión por Australia
Tras el descubrimiento de América, y una vez asumido que se trataba de un nuevo continente, España se lanzó a descubrir el Pacífico. Se presuponía que, siendo el planeta redondo, en el Hemisferio Sur debía existir un gran continente que sirviera de contrapeso a la gran masa terrestre que forman Europa, Asia y el norte de África. Desde sus colonias americanas, los Austrias que gobernaban España se embarcaron en numerosas expediciones en busca de nuevas tierras que coloniza, y en las que sacar provecho de sus presuntas riquezas naturales, como especias y minerales.
Aquel 14 de mayo de 1606, la expedición que comandaba Quirós -formada por tres naves y 300 marineros y soldados-, que había partido el 21 de diciembre desde las costas de Perú, alcanzó una nueva tierra tras navegar por el Pacífico durante cinco meses.
En ese tiempo pasó de largo por numerosas islas y archipiélagos ya descubiertos por anteriores navegantes, hasta que al fin logró arribar a un nuevo territorio salvaje, al que ningún hombre blanco parecía haber llegado antes.
El capitán Quirós tomó posesión de las tierras a las que acababa de llegar con la convicción de que se trataba del nuevo continente. Convencido de haber logrado una hazaña, tomó posesión de aquellas tierras «y de los restantes territorios hasta el Polo». Lo hizo con toda solemnidad, bautizando el continente como Austrialia del Espiritu Santo, en honor a la Casa de Austria, que reinaba en España en la persona de Felipe III, y a la Iglesia.
Creando el término Austrialia, Quirós quiso conjugar las referencias a la dinastía reinante en España y a la situación geográfica del nuevo continente, en el Hemisferio Sur. En Europa, el original Austrialia no tardó en convertirse en Australia, el nombre que perdura desde entonces.
Llegó a Vanuatu
Lo que no sabía Quirós es que, en realidad, estaba a unos 2.400 kilómetros al este de la costa australiana. En concreto, en el archipiélago de Nuevas Hébridas (actual Vanuatu). El descubridor tuvo la mala fortuna de arribar a la isla más grande del archipiélago. Al ser mayor que otras islas del entorno, dio por seguro que se trataba del continente que estaba buscando. La isla conserva aún hoy el nombre de Espíritu Santo.
Allí estableció Quirós la colonia de Nueva Jerusalén, que fue abandonada al poco tiempo debido a la hostilidad de los nativos y a desacuerdos entre la tripulación. Quirós regresó a América por la ruta del Pacífico Norte, con la intención de contar su descubrimiento y retornar para colonizar las tierras descubiertas.
El error de Quirós evitó que Australia se convirtiese en colonia española, pero no fue el único. Como si el destino hubiese querido impedir la colonización hispana de aquella tierra, una serie de casualidades se sucedieron para que los navegantes españoles nunca llegaran a la tierra de los canguros. Al partir Quirós de regreso a América, una tormenta separó a las tres naves que componían la expedición. Una de ellas, la gobernada por su segundo Luis Vaez de Torres, siguió con la exploración de nuevas tierras.
El estrecho de Torres
Torres descubrió pronto que Austrialia del Espíritu Santo no era más que otra isla, por lo que siguió hacia el oeste, buscando el continente. La gran barrera de coral que ejerce de escudo de la costa noreste australiana obligó a la expedición a desviarse hacia el norte. Así, Torres alcanzó Nueva Guinea, ya conocida al haber llegado allí los portugueses desde Asia.
Pertinaz en su intento, exploró la costa sur de Nueva Guinea sin saber que a pocas millas al sur tenía el continente que buscaba. Al cabo de los días, los expedicionarios, cansados, abandonaron la empresa y tomaron rumbo a las Filipinas. Sin saberlo, Torres fue el primer hombre en atravesar el estrecho que separa Nueva Guinea y Australia, motivo por el que este paso de mar se llama Estrecho de Torres. Algunos historiadores afirman incluso que durante su travesía por el estrecho Torres tuvo que ver sin duda el cabo de York (el extremo más septentrional de Australia), pero que al no ver una línea de costa prolongada debió confundirlo con una isla.
Entretanto, Quirós había vuelto a España con un completo plan de asentamiento en su nuevo continente. Presentó su plan a las autoridades, pero por entonces comenzaba la decadencia del Imperio español, y la Corona decidió que bastante complicado le resultaba intentar conservar sus dominios como para financiar nuevas aventuras.
Después de haber abandonado España el interés por Australia, tomó el relevo en el empeño la recién independizada (1597) Holanda, especialmente interesada en acabar con el monopolio español en el Pacífico. Así, el primer europeo en tocar tierra australiana fue el holandés Dirk Hartog, por la costa occidental. Aunque la labor más importante fue la realizada por Abel Janszoon Tasman, quien en 1642 divisó la isla que en su honor hoy se conoce como Tasmania. A pesar de ser los primeros en llegar, los holandeses no llevaron a cabo una colonización sistemática, seguramente porque en sus contactos hallaron pocas cosas de valor para el comercio europeo.
No fue hasta más de 100 años después, con la llegada del capitán Cook en 1770 y su toma de posesión para Inglaterra, cuando comienza el asentamiento de europeos en el país.
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