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MIKEL G. GURPEGUI
Sábado, 27 de mayo 2006, 02:00
Hubo un tiempo en que en San Sebastián no había entrega de premios, festival popular o sarao benéfico en el que no estuviera pesente, como presentador, animador, humorista o lo que hiciera falta. En los años 50 y 60, su figura era algo así como el Paco Martínez Soria donostiarra. Recordamos hoy a un hombre tocado con una txapela y un gracejo euskaldun, que encarnaba todos los tópicos del baserritarra y respondía al nombre de Pello Kirten.
Pello Kirten en realidad no existió. Me explico. Pello Kirten era un personaje de ficción, protagonista de una comedia teatral del mismo título escrita por José Artola Eliceche, Pepe Artola y estrenada en 1906. Al autor hay que adjudicarle la invención del personaje y del nombre propio.
Según leemos en una artículo firmado por Antonio Otegui en la revista ilustrada San Sebastián de 1962, «Pepe Artola, al crear el nombre de Pello Kirten, tradujo perfectamente al euskera la palabra clown, que significa exactamente: cateto, hazmerreír, etc. Y Pello, y Kirten. vienen a decir eso mismo: cateto, paleto, hazmerreír...».
Pero Pello Kirten se hizo real. Agustín Zapiain, cómico local que había dado sus primeros pasos en el cuadro teatral de la Juventud Carmelo y Praga, se apropió del nombre y del personaje del baserritarra buenazo y salao.
Seguimos leyendo el artículo de la revista: «Pello Kirten nos ha presentado siempre a un aldeano, a un cashero, limpio. Satisfecho, simpático, ocurrente, gracioso. Admitiendo siempre su tontera ante el avispado de la ciudad, para apabullarle al final, con una salida inesperada, seca, con la sonrisa en los labios. Esa sonrisa amplia, esos ojos llenos de chispa y picardía que son su único maquillaje».
Escribía Antonio Otegui que Kirten era algo más que un graciosillo. «Es un hombre bueno, quizá algo ingenuo para estos tiempos, con un corazón más grande que su boina, que antes, mucho antes de salir a los escenarios, era conocido en los hospitales, en los sanatorios, en los asilos... cuando había que actuar en beneficio de tal o cual obra, allí estaba Pello Kirten. con su boina, sus chistes y su sonrisa».
En 1961, un grupo de amigos capitaneado por Jesús de Aguirregaviria dedicó un homenaje a Zapiain / Kirten, que «no se sabe dónde termina Agustín Zapiain, y dónde empieza Pello Kirten...». Y el cashero de camisa blanca sonrió.
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