

Secciones
Servicios
Destacamos
Yna impresionante vista del valle de Urola con todos los montes que le rodean a su alrededor y aquellos que permanecen más alejados. ... Es la recompensa de subir hasta la cima de Erlo. El punto más alto del macizo de Izarraitz, uno de los más notables e importantes de Gipuzkoa. Un valle que recibe su nombre del río que lo recorre, el Urola. Sus aguas llegan hasta el mar tras atravesar el gran barranco que queda entre este macizo y su vecino Hernio. En el fondo del barranco se asienta la población de Azpeitia, Azkoitia y Zestoa que a sus pies aparecen como pequeños asentamientos modernos de los que pudieron ser los primeros lugares de vida de Gipuzkoa. Pequeños teniendo en cuenta, claro, el desnivel de casi un millar de metros que separan las calles de cualquiera de estos municipios con el punto más alto de esta cima.
El macizo de Izarraitz, que se sitúa en los términos municipales de Azkoitia, Azpeitia y Zestoa, está declarado Espacio Natural Protegido y cuenta con 1.531,5 ha. En dicho macizo Erlo ostenta el título de máximo protagonismo con su 1.026 m. de altitud, seguido de Kakute (942 m.) y Xoxote (930 m.) donde preside la espectacular imagen de San Ignacio. Punto de referencia desde muchos de los rincones del Urola, esta estatua que fue colocada hace casi 62 años e inaugurada un 15 de julio de 1956, coincidiendo entonces con el 400 aniversario de la muerte del santo de Loiola. Se trató de una iniciativa montañera y religiosa. La iniciativa partió del grupo de montaña Aldatz-Gora de Bilbao, perteneciente a la congregación de los luises de la capital bilbaína, como aportación al año ignaciano que se celebraba tanto en Gipuzkoa como en Bizkaia con Loiola como epicentro.
El escultor vizcaíno Jesús Torre diseñó la estatua y las crónicas de aquellos años destacan el interés que generó su inauguración, que se llevó a cabo en medio de una gran expectación y arropada por unos mil montañeros, con la presencia de monseñor Aranburu, obispo de Wuhu (China).
Precisamente su enorme tamaño provocó grandes dificultades a la empresa encargada de instalarla en la cima de Xoxote (912 m.). Dificultades sobre todo a la hora de transportar los pesados materiales traídos desde Bilbao. Para superarla los montañeros bilbaínos se pusieron en contacto con los miembros del club Lagun Onak de Azpeitia, presidido entonces por Miguel Arregi Iturbide. Fueron los montañeros azpeitiarras los que, valiéndose de mulas, se hicieron cargo de subir todo el material hasta las alturas del Izarraitz y desde entonces el hijo de Azpeitia preside todo el Urola protegiendo a sus habitantes y devotos que se acercan hasta el precioso valle.
El ascenso hasta Erlo siguiendo el recorrido clásico comienza en las escaleras situadas en la parte trasera del Ayuntamiento de Azpeitia. Estas nos conducirán hasta la ermita de Santutxu y después al caserío Gomensoro. A partir de ahí debemos seguir el camino que nos llevará hasta nuestro objetivo, en el que la pendiente es constante. Antes podremos disfrutar de puntos interesantes como el caserío Miraflores, donde se encuentra la estatua en homenaje 'Takolo' (Joxe Urbieta), mendizale y alpinista fallecido que entre otras gestas, se encuentra su participación en la expedición vasca de 1980 al monte Everest.
Después deberemos llegar al caserío Urreta-Txiki, donde abandonaremos la carretera para continuar por un precioso y empinado camino de piedra, que tras un par de lazadas largas, nos sitúa en el collado de Naargun. Tras el collado deberemos virar al Noroeste y para llegar a un bosque de alerces antes de alcanzar la vaguada de Badiolegitxo donde se encuentra la fuente de Azketa. La dureza de la ascensión nos exigirá tomarnos un respiro, una excusa perfecta para disfrutar de las vistas y la tranquilidad del lugar. Poco a poco alcanzaremos Xoxote que cuenta con su bonito refugio. Desde Xoxote el ascenso a Erlo es sencillo, en cuanto a localización, ya que permanece inamovible. Solo queda superar la dificultad del repecho final, pero las maravillosas visas bien merecen el esfuerzo hasta alcanzar la cruz que se encuentra jutnoa su buzón.
Izarraitz guarda por sus rincones atractivos tesoros que han permanecido impasibles al paso del tiempo. Entre ellos destaca el nevero de Xoxote, uno de los mejor conservados de Euskal Herria y que en nuestro ascenso a Erlo habremos visto en Azketa. Se trata de un curioso nevero cubierto por una cúpula, en el que se acumulaba la nieve que caía en invierno para utilizarla en los meses cálidos. Sin embargo, es un nevero orientado al sur, algo nada apropiado para la conservación de la nieve. Según un estudio realizado por Angel M. Calvo, miembro del Departamento de Etnografía de la Sociedad Aranzadi, «en la actividad de la nieve y su entorno había gozado de gran popularidad durante los siglos XVII, XVIII y XIX principalmente, hasta el nacimiento de la moderna industria frigorífica». Al parecer los neveros dejaron de utilizarse a fines del XIX y a comienzos del presente siglo, siendo excepcionales los que llegaron a los años treinta.
Según los datos recogidos por los estudiosos, «el hielo se vendía por los pueblos que lo solicitaban, transportándolo preferentemente por la noche, para una mejor conservación del producto, en burros convenientemente protegidos por pieles de cabra o en carretas de bueyes cargadas de cestos de hielo envueltos en arpilleras y alkotza». De Izarraitz se llevaba a los puertos de Zumaia, Mutriku y Ondarroa. «Se empleaba con fines terapéuticos y culinarios. En la cocina se utilizaba para conservar los alimentos, refrescar las bebidas y hacer helados».
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Los libros vuelven a la Biblioteca Municipal de Santander
El Diario Montañés
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.