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El brillo de la Costa DoradaSi pensamos en la Costa Dorada, enseguida imaginamos el clásico destino de sol y playa. Que lo es. Y que está muy bien. Pero incluso ... estos lugares ofrecen siempre rincones que merece la pena descubrir. En esta escapada visitaremos la capital de la provincia, de las menos mediáticas del país aunque tiene detalles bonitos, un monasterio de primera categoría, un pueblo con sabor medieval y otro marítimo para disfrutar de la vida. Un cóctel que, como nos suele gustar, mezcla varios estilos y que da juego para tres o cuatro días. Éstas son las luces que más brillan en la Costa Dorada.
Tarragona es una de las ciudades con mayor densidad de vestigios romanos. Fue por eso que la Unesco la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad. Y sí, es el paraíso de los arqueólogos. Picas en el suelo, o en una pared, y te aparece una cornucopia. O te asomas al balcón del hotel y te aparece un anfiteatro. Aparte de ruinas romanas y medievales, la capital tienta al viajero con un brillante manojo de joyas modernistas y un collar de playas urbanas imbatible. Y también mucho ambiente, que en una ciudad abarcable de 134.000 habitantes parece que cunde más.
En Tarragona saltaremos del anfiteatro a la catedral, del foro provincial al templo, de la antigua audiencia al paseo arqueológico, del teatro al foro local. La huella del Imperio Romano es evidente. Las calles que envuelven a la catedral y a la antigua Judería están llenas de tiendas donde se ofrecen los frutos de la tierra, desde calçots frescos –en temporada– hasta la salsa romesco. Pero el gran escaparate nos aguarda en el mercado municipal, obra modernista de Josep Maria Pujol. Restaurado hace unos meses, se ha convertido en sitio para el aperitivo en puestos exquisitos, como vemos en tantas ciudades de aquí y de allí.
Cómo ir: Cinco horas por carretera.
Dónde dormir: H10 Imperial Tarraco (Rambla Vella, 2, Tarragona). Imponente establecimiento con habitaciones amplísimas, piscina y 'rooftop' para los mejores atardeceres.
Dónde comer: El Molí del Mallol (Muralla de Santa Anna, 2, Montblanc), de cocina tradicional. Miramar (Passeig Miramar, 30, Cambrils), productos marineros para un homenaje.
Además, una costumbre popular en Tarragona reside en lo que los lugareños llaman 'tocar hierro'. Es decir, la jerga local para llegar hasta la barandilla de Ramón Salas que cierra el Balcón del Mediterráneo, el mirador donde acaba la Rambla Nova, llena en su último tramo de casas modernistas.
Hemos hablado mucho de los vestigios romanos de Tarragona, pero en esta ciudad también hay que hablar de otra cosa. De los vermús, que son una auténtica institución. No hay plaza que no disponga de alguna tasca especializada que pugne por ofrecerte los precios más competitivos junto a los aperitivos como las aceitunas, las tostadas, los berberechos... La plaza del ayuntamiento, la plaça de la Font, con su bullicio habitual y escenas de la vida cotidiana, es un buen lugar.
Para otro día, en una excursión cómoda, pueden combinar dos enclaves. En primer lugar, el monasterio de Poblet, una de las joyas de la Conca del Barberá y unos de los monasterios más grandes de Europa. Rodeado de viñedos, el monasterio cumple la orden del Císter, pues se ubica también en un lugar aislado.
A apenas un cuarto de hora se halla Montblanc, un precioso pueblo anclado en la época medieval que presume de tener una de las murallas mejor conservadas de Cataluña. Para llegar al casco antiguo, tendrás que hacerlo a través de algunos de sus portales, cómo el de Sant Antoni, el de Castlà o el de Sant Jordi. Su casco histórico está repleto de calles llenas de vida, historia y patrimonio, siendo un placer callejear entre sus casas señoriales y tiendas como las de antaño.
Para otro día, a veinte minutos de Tarragona, pueden visitar Cambrils, turística localidad costera muy visitada por los vascos. En esta ocasión no les hablaré de arte y cultura. Pero Cambrils tiene vida, playas, muchas tiendas, un Aperol Spritz estupendo en la terraza de Les Barques –y baratísimo– y un restaurante, Miramar, donde darse un buen homenaje marinero. Elegante y de aire Michelin, tienen atún Balfegó, ostras, almejas, espardeñas, langostinos, cigalas, bogavante, langosta, arroces, lenguado, lubina... ¿Ven cómo la Costa Dorada merece la pena?
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