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antton iparraguirre
Miércoles, 14 de febrero 2018, 07:09
Hoy se cumple el trigésimo quinto aniversario de la presencia de la Ertzaintza en las carreteras vascas, todo un hito en la historia del autogobierno de Euskadi. El 14 de febrero de 1983 los conductores se toparon con los primeros agentes de la Unidad de Tráfico. Fue en Bizkaia, y días después en Gipuzkoa y Araba. Hasta entonces, desde su creación un año antes, la Policía Vasca se había ocupado únicamente de la custodia de las sedes institucionales, tanto autonómicas como forales. Luego llegarían las competencias en materia de seguridad ciudadana, investigación criminal, orden público y lucha antiterrorista, hasta convertirse en la Policía integral que es hoy día.
Entre los primeros aspirantes a ertzaina de Tráfico una de las razones para ingresar en la Academia de Arkaute se encontraba la crisis económica que asolaba Euskadi a principios de los 80. Confiaban así en hacer frente a una hipoteca y mantener a una familia. Amén de lograr un trabajo de funcionario, fijo y bien pagado. En 1982 un policía alumno ganaba 40.000 pesetas mensuales. Es de justicia señalar que había quienes se presentaban por sentirse «un policía del pueblo y para el pueblo». Pero no todos lograron su sueño. De los 680 aspirantes que llegaron a Arkaute, 77 no acabaron la formación. El 27 de octubre de 1982 salieron a la calle los 278 primeros ertzainas. Para enero de 1983 toda la primera promoción estaba en la calle, con jersey azul y no rojo, color al que se pasó en 1985.
Hubo que esperar hasta el 14 de febrero de 1983 para que se hiciera oficial y efectiva la sustitución de la Guardia Civil de Tráfico por la Ertzaintza en las carreteras vascas. Todos eran hombres que tenían que haber cumplidado la mili. Salieron vestidos con camisa de color celeste y cuello blanco tipo Mao, además de hombreras con la hoja de roble y pantalón azul de pinzas. Las mujeres fueron vetadas hasta que en octubre de 1983 dejaron Arkaute las primeras 102 ertzainas, pertenecientes a la segunda promoción de la Policía vasca. Algunas de ellas fueron destinadas a Tráfico. Por aquel entonces ver a un ertzaina patrullando en la calle era raro, pero ver a una mujer de uniforme era algo casi insólito. Ser mujer en un mundo en teoría tan masculino como el policial nunca ha sido fácil. Y menos en aquellos años. El primer uniforme que les dieron fue una falda, unos zapatos de tacón, unas medias y un bolso.
Atrás quedaban las gruesas pilas de apuntes, los libros 'tochos', las prácticas de conducción en la pista de la academia de Arkaute con vehículos de un desguace. También una de las asignaturas más pesadas para todos los agentes, curiosamente el código de circulación.
En varias comisarías los medios materiales y logísticos eran muy precarios. En algunas ertzain-etxea la mesa era una simple tabla sobre dos caballetes, y hasta para los bolígrafos se llegaba a utilizar un bote de Coca Cola. Algunos agentes fueron los encargados de realizar los mapas de los municipios en los que estaban destinados. Eran vitales para poder regular el tráfico en las calles. Además, se elaboraba una precaria base de datos con la rudimentaria tarea de coger del listín los números de teléfonos necesarios ante cualquier incidencia, grúas, ambulancias, bomberos.... Los ordenadores no se implantaron en las oficinas hasta 1984, por lo que todas las incidencias del día se apuntaban en folios y grandes cuadernos. Las primeras patrullas de Tráfico disponían de una cámara fotográfica Nikon, «con teleobjetivo y todo», alardeaban, para documentar los atestados
El primer consejero de Interior, Luis María Retolaza, no pudo ver cumplido su sueño de que la Ertzaintza saliera a las carreteras en 1983 a bordo de flamantes BMW. «Madrid decía: ¿Cómo van a llevar éstos BMW si la Guardia Civil tiene Sanglas?», rememoraban años después patrulleros de esa época.
En 1983 en las carreteras se podía ver a los Miñones de Álava o a los Forales de Navarra. Y de repente apareció un cuerpo policial nuevo encargado de la seguridad vial en la Comunidad Autónoma Vasca. Esto fue una sorpresa mayúscula para los conductores y chóferes de otras zonas del Estado y del extranjero. ¿Dónde estaba la Guardia Civil de Tráfico?. ¿Por qué le ordenaba detener el vehículo un joven vestido con uniforme azul y boina roja? Algún que otro infractor se preguntaba, incluso, si las multas en Euskadi iban a ser más caras.
Ser ertzaina de Tráfico también tenía sus riesgos. Un agente murió arrollado por varios vehículos en la autopista A-8 a la altura de Zarautz. Otro falleció tras ser atropellado por un joven sin carné de conducir que se saltó un control en Barakaldo. A lo largo de su profesión más de un agente ha temido por su vida mientras estaba regulando el tráfico. Veía cómo un conductor perdía el control de su vehículo y venía derecho hacia él. Su única escapatoria era tirarse al suelo por el instinto de supervivencia.
Hablando de fallecimientos y de tráfico, no se puede olvidar el asesinato de dos ertzainas de Seguridad Ciudadana a manos de dos etarras el 20 de noviembre de 2001 cuando estaban regulando la circulación en la N-1 a la altura de Beasain, que se veía dificultada por unas obras en un colector cercano.
Volviendo a los inicios, más de un agente de Tráfico ha reconocido que se puso nervioso cuando tuvo que poner su primera sanción a un infractor. Incluso les temblaba el boligrafo. Tampoco falta el patrullero veterano que admite en privado que ha llegado a perdonar alguna multa o que, por una razón u otra, ha puesto menos sanciones de las que debiera si aplicaba el código de circulación a rajatabla.
Hay curiosas anécdotas vividas en controles de alcoholemia. Los agentes han tenido que escuchar historias como la del típico conductor que ha dado positivo y ha justificado su embriaguez en que estaba en paro o tenía problemas familiares o personales. Otros, al estar ebrios, se han llegado a encarar desafiantes y violentos a los agente, lo que no ha hecho más que agravar la sanción del infractor. Otro caso es el recurrente intento del automovilista que para eludir la multa asegura que, aunque es cierto que está borracho, no supone ningún peligro para la seguridad vial ya que su casa se encuentra, curiosamente, a tan solo unos pocos kilómetros y se sabe la carretera de memoria. Una treta habitual es intentar controlar el equilibrio y el habla, disimular las 's' provocadas por el alcohol y procurar caminar en silencio y de forma convincente en línea recta hasta que lo ordene la autoridad. Tocar la nariz con la rodilla..., eso ya es otra historia. Al final, no hay excusa, el que la hace la paga.
En estos 35 años la Unidad de Tráfico ha ido evolucionado, al igual que toda la Policía vasca. Uno de los cambios más significativos se produjo el 31 de julio de 2008. Desde febrero de 1983, cuando el Gobierno Vasco asumió la competencia de Tráfico y los primeros agentes de la Ertzaintza salieron a patrullar las carreteras, los ertzainas habían llevado como uniforme una camisa azul celeste y un pantalón de pinzas. A partir de esa fecha vestirían un polo entre naranja y rojo, con cuello y remate de mangas en azul marino y bandas reflectantes, y pantalón azul marino mucho más actual y con protecciones. Los antiguos pantalones de poliéster, nylon, tergal o lana fueron sustituidos por tejidos más técnicos como pulmax, polartec o simpatex (similar al goretex), al igual que telas bielásticas, que se estiran a lo ancho y a lo largo. La nueva indumentaria también introducía la palabra 'Polizia' en el pecho, y 'Ertzaintza' en la espalda
Los motoristas de las unidades de Tráfico de los tres territorios fueron los encargados de estrenar el nuevo equipamiento en sociedad la festividad de San Ignacio en la Clásica Ciclista de Getxo. Pocos días después les tocó el turno a los agentes de Gipuzkoa y Álava. La vestimenta sustituyó al tradicional uniforme de cuero de los motoristas, que no había sido actualizado desde 1983.
Con el fin de que tuvieran protecciones especiales ante posibles caídas, el traje se completaba con una chaqueta en el mismo tono que el niki, y con refuerzos en las zonas sensibles, como los codos o la columna vertebral, además de un casco blanco y los guantes y botas negras. Para la temporada invernal, el uniforme nuevo incluía forros interiores con 'espuma inteligente', un material poliuretano con perforaciones para una mejor transpiración. Las prendas presentaban, además, un índice de absorción del agua de un 1%.
La siguiente modificación importante fue la sustitución de la tradicional txapela roja a una gorra hexagonal con visera de color azul oscuro, a juego con el color del resto del uniforme. La boina solo se mantiene para la uniformidad de gala de la Ertzaintza y para agentes que desarrollan su trabajo en oficinas.
Además, un 21 de octubre de 2014 una veintena de motoristas de la Unidad de Tráfico de Bizkaia fueron los primeros en estrenar ese flamante vestuario sobre sus 'BMW R 1200 RT'.
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Ertzainas que han desarrollado toda su carrera en Tráfico han admitido, tras jubilarse, que es "una unidad que engancha mucho". Y eso que son conscientes de que se trata de uno de los grupos que más quejas recibe de los ciudadanos. Quién sabe. ¿A lo mejor, porque son los que más sancionan? No. Esto sería una crítica simplona e injusta.
De los actuales 8.000 agentes que integran la plantilla oficial de la Ertzaintza, algo más de 500 corresponden a la Unidad de Tráfico. Dentro de ellas, el reparto de agentes por territorio no se corresponde con la población, sino con otros factores. Entre ellos, el número de kilómetros de vías principales a cubrir o la densidad del tráfico que circula por cada territorio, incluidos los vehículos pesados y el transporte internacional. Así, el 42% del personal de las unidades está destinado en Gipuzkoa, el 34% en Bizkaia y el 24% en Araba.
Pero los agentes no son solo los encargados de velar por la seguridad de la circulación a pie de carretera y auxiliar en casos de accidentes. También llevan a cabo otras funciones como controles de velocidad, alcoholemia y drogas, uso del cinturón de seguridad o del casco, supervisión de los tacógrafos en los vehículos pesados, acompañamientos de transportes especiales, vigilancia de pruebas deportivas, instrucción de diligencias por delitos contra la seguridad vial, etc.
Hoy en día su presencia es tan normal y necesaria como las señales de las carreteras. Basta solo un dato para entender la labor tan importante que realizan. El pasado año, las unidades territoriales de Tráfico atendieron un total de 5.335 accidentes. Constituyen el 44 % de los que producidos en el conjunto de Euskadi. En definitiva, su labor no es solo sancionar al infractor, también salvar vidas, como se enorgullecen los agentes desde hace 35 años.
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Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
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