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Las diez noticias de la jornada

ETA nunca debió existir

El día de su desaparición definitiva testimonia el recuerdo de un sufrimiento estéril que no ha servido para nada

Viernes, 4 de mayo 2018, 06:31

La desaparición definitiva de ETA deja una huella dolorosa de 854 víctimas asesinadas, miles de personas heridas y amenazadas, más de trescientos atentados sin esclarecer y cuantiosos daños materiales. Todo ello, para nada. ETA es la expresión de un sufrimiento inútil que nunca debió producirse. Su deuda con las víctimas y el conjunto de la sociedad vasca y española será siempre impagable. ETA cierra la persiana de su historia sin reconocer que fue injusto matar, amenazar y coaccionar a personas solo porque pensaran de forma diferente. Algo que jamás debió haber acontecido. Tampoco ha sido capaz la organización terrorista de cerrar su cruel historia con un reconocimiento auténtico y sincero de que todas sus víctimas merecen la misma consideración.

ETA nunca debió existir y el día de su desaparición definitiva testimonia el recuerdo de un sufrimiento estéril que no ha servido para nada. Exigirá mucho tiempo y esfuerzo olvidar el enorme dolor que la organización terrorista ha provocado y reconstruir todas las vidas y familias que ha destrozado. La banda ha matado y coaccionado durante décadas en nombre de un pueblo vasco al que ha desoído cada vez que su inmensa mayoría le ha reclamado reiteradamente que renunciara a las armas. ETA no ha defendido al pueblo vasco. Se ha enfrentado a él, porque hasta que abandonó la violencia nunca respetó la expresión de su libre decisión en cualquier proceso electoral y muy especialmente cuando se produjo la aprobación mayoritaria del Estatuto de Gernika. La voluntad recurrente de ETA durante toda su historia ha sido la de utilizar el atajo de la violencia para imponer por la fuerza su proyecto político minoritario al conjunto de la sociedad vasca sin respetar su diversidad y pluralidad.

El final de ETA es el triunfo de la libertad y la democracia, pero también el de la inmensa mayoría de una ciudadanía vasca y el conjunto de una sociedad española que han sido capaces, a lo largo de todos estos años, de resistir y sobreponerse al dolor y sufrimiento de la violencia terrorista con la esperanza de que llegara un día en el que ETA pasase a formar parte de un pasado irrepetible.

El recuerdo y la memoria de todas las víctimas asesinadas, heridas, extorsionadas, amenazadas y coaccionadas durante tanto tiempo deben hacerse más presentes que nunca en este momento. Siempre serán el testimonio permanente de un sufrimiento que jamás debió haber existido. La construcción de un futuro en libertad, especialmente en el seno de la sociedad vasca, va a necesitar un esfuerzo y generosidad permanentes para afianzar una convivencia tolerante y democrática, que exige no pasar la página de la triste historia de ETA vivida durante el último medio siglo como si nunca hubiera ocurrido. Profundizar en la búsqueda de la reconciliación en el seno de una sociedad vasca asolada por décadas de violencia terrorista, es una tarea pendiente que requerirá mucho esfuerzo y tiempo. Es un quehacer que concierne a todos, pero muy especialmente a quienes han mantenido durante la prolongada trayectoria de ETA una postura afín y acrítica con su estrategia violenta.

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