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El resultado de las elecciones andaluzas se va a convertir en un termómetro de la enrevesada situación política y puede tener efectos en el tablero ... de los próximos meses. Los frentes se superponen de forma consecutiva. El alza de precios, la incertidumbre por la guerra de Ucrania, la crisis con Argelia, las dificultades para controlar el coste de la energia, la situación de la deuda pública... describen un escenario muy complejo con un impacto directo entre la ciudadanía y las empresas que estrecha el margen de maniobra del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Es un cuadro económico en el que las sombras eclipsan a las luces de la ansiada recuperación, alimentan el discurso crítico de la oposición y complican el 'relato' social que ha intentado activar el Ejecutivo de coalición PSOE-Unidas Podemos a pesar de sus desavenencias públicas y del ruido que proyectan. Es prematuro aún concluir que estamos ante el inicio de un nuevo ciclo político, pero la desmovilización del electorado de centroizquierda, de confirmarse, puede abonar esa idea de cambio a medio plazo.
Este es el contexto de las elecciones andaluzas de este domingo en las que el PP de Moreno Bonilla parte de claro favorito y en las que, en función de la participación, los populares podrían incluso acercarse a la mayoría absoluta. Moreno Bonilla ha conseguido surfear con habilidad la campaña y ha logrado, según todos los sondeos, fagocitar casi por completo a Ciudadanos, que este domingo puede firmar ya su defiinitivo certificado de defunción política. El naufragio de una opción que nacía con la vocación de ser la bisagra liberal es uno de los fenómenos más sorprendentes y es fruto de una polarización alentada en los últimos años que ha agudizado el achique de espacios.
Pero la partida andaluza juega este domingo solo su primer desenlace. No será el último. Si el PP no obtiene esa mayoría absoluta en el Parlamento andaluz, el papel de Vox –verdadera incógnita en estas elecciones, con la candidatura 'efectista' hasta la exageración de de Macarena Olona– va a obligar a todos a retratarse. La ultraderecha, que ha dejado de dar miedo en una parte considerable de la sociedad española, asegura que la única posibilidad de que apoye a Moreno Bonilla pasa por participar en una coalición al frente de la Junta de Andalucia, una decisión de calado estratégico. Se trata de una verdadera prueba del algodón para Alberto Núñéz Feijóo en su apuesta por anclar al PP en el espacio de la derecha moderada y reformista, con voluntad europeísta.
Los resultados de este domingo tendrán también consecuencias en el seno de la izquierda, que tendrá que realizar un profundo examen de conciencia sobre las razones de su descalabro en un territorio como Andalucía, que ha sido el tradicional granero del voto socialista.
Moreno se va a resistir a un gobierno de coalición con Vox y va a jugar con la idea de una eventual repetición electoral en la Comunidad en el supuesto de un bloqueo. Es su preferida baza de presión al Partido Socialista. La amenaza va a instalar lel dilema en el seno de la izquierda, tanto en el Partido Socialista con la formación que se sitúe en su izquierda, y cuya abstención podría resultar decisiva para permitir que, en todo caso, arranque la legislatura.
Una revisión en la estrategia del PSOE podría incluir, previsiblementee, una serie de acuerdos con el PP para desbloquear el colapso que sufre el Consejo General del Poder Judicial. Después de los comicios pueden reactivarse una línea de negociación institucional, con muturas contrapartidas, más allá de la retórica grandielocuente en la que aún se mueve el discurso entre el Ejecutivo y la oposición. Porque un gobierno de coalición con Vox serían palabras mayores. No solo por el tamaño de la Comunidad ni por la población sino por su propia relevancia política.
La previsible derrota del candidato socialista, Juan Espadas, confirmaría un error inicial de cálculo. Que el alcalde de Sevilla pueda sufrir un revés electoral podría tener que ver también con la extraña dicotomía sociológica amor-odio que se produce entre Sevilla capital y el resto de Andalucía, y que a veces no se ha calibrado suficientemente. Además, Juan Espadas era el candidato de Pedro Sánchez frente a Susana Díaz en el PSOE andaluz. Lo que suceda este domingo en las urnas pueda interpretarse como el último desquite de la expresidenta de la Junta andaluza hacia el actual inquilino de La Moncloa. La venganza en plato frío de la política es como un gazpacho andaluz en plena ola de calor. Este domingo despejaremos la duda.
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