
La sacudida que alentó el principio del fin de ETA
Por qué todo cambió ·
El gran impacto por el asesinato de Miguel Ángel Blanco rompió la espiral del silencio y reflejó un cambio social que fue decisivo para el final de ETASecciones
Servicios
Destacamos
Por qué todo cambió ·
El gran impacto por el asesinato de Miguel Ángel Blanco rompió la espiral del silencio y reflejó un cambio social que fue decisivo para el final de ETALa noticia circuló como la pólvora. A las 15:30 horas de aquella tarde del 10 de julio, tres terroristas de ETA secuestraban a Miguel Ángel Blanco después de llegar en tren a Eibar, a donde acudía a trabajar a una consultora como economista. Blanco tenía 29 años y era concejal del PP en Ermua. ETA reivindicaba a las 18:30 la acción en un comunicado a Egin Irratia, exigía el acercamiento de todos sus presos al País Vasco y lanzaba un ultimátum: si a las 16:00 del sábado 12 el Gobierno del PP no accedía a sus exigencias, ejecutaría al rehén. El entonces consejero de Interior, Juan María Atutxa, informaba al lehendakari José Antonio Ardanza. El mazazo fue demoledor.
Las movilizaciones para pedir su liberación, y para que ETA no le matara, no se hicieron esperar. Al mediodía del sábado 12 en Bilbao hasta medio millón de personas clamó por la libertad de Miguel Ángel. El Ejecutivo de José María Aznar no accedió a negociar y ETA cumplió sus amenazas. A las 16:10 horas de aquel día, en un paraje de Lasarte-Oria, el etarra Francisco Javier García Gaztelu, 'Txapote', le disparaba dos tiros en la cabeza, uno en la nunca, con una pistola pequeña con silenciador. Otro de los terroristas le había obligado a arrodillarse y le ató las manos por delante con un cable. No murió en el acto. Lo hizo en la madrugada del 13 tras algunas horas en estado vegetativo y en coma profundo.
El asesinato provocó una sacudida social sin precedentes. La crueldad retransmitida minuto a minuto en directo golpeó con extraordinaria dureza a la sociedad. El mazazo fue un catalizador de una corriente profunda de indignación ciudadana, sobre todo entre los más jóvenes. El movimiento de deslegitimación de ETA se había venido gestando ya en los últimos años. Pero el brutal impacto de los hechos desató la ira.
Una de las claves de la derrota de ETA fue batalla de la opinión pública vasca. El punto de inflexión determinante a finales de la década de los años 80 fue el Pacto de Ajuria Enea, firmado en enero de 1988, que estableció un marco político de claridad para dar, y ganar, la batalla cultural contra el terrorismo.
25 AÑOS SIN MIGUEL ÁNGEL BLANCO
Ermua, eso sí, fue un detonante que venía precedido por una tarea de desafección en la que resultó clave el anclaje del nacionalismo institucional en el seno del bloque democrático, lo que contribuyó al aislamiento político de la izquierda abertzale que se resistía a desmarcarse de ETA. El papel desarrollado en ese sentido por el lehendakari José Antonio Ardanza fue una contribución esencial. Él supo lanzar un mensaje que terminó penetrando al señalar que el problema del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) no solo era de medios, el empleo de la violencia, sino de fines, en la medida en la que el proyecto totalitario de ETA era precisamente negador de la pluralidad vasca y una amenaza contra el autogobierno derivado de las instituciones estatutarias.
El denominado 'espíritu de Ermua' condensó en movilizaciones sin precedentes todo un estado de ánimo que, con altibajos, se había fraguando en el País Vasco en la última década. El inicio de la Transición en Euskadi fue particularmente traumático, entre otros factores, por la presión terrorista de ETA, que se cebó expresamente después de la aprobación del Estatuto de Gernika. Los intentos de articular un 'frente por la paz' para aislar políticamente al mundo de la violencia, la histórica pretensión de Txiki Benegas, tropezaban con las resistencias del nacionalismo institucional, sobre todo en la primera etapa cuando el protagonismo recaía en el lehendakari Carlos Garaikoetxea. En el contexto de aquella coyuntura, además, los atentados de los GAL alentaron una espiral de acción-reacción que dificultó durante mucho tiempo la clarificación en aquella disputa para achicar el espacio de la violencia.
La imagen de Ardanza encaramado en un banco de piedra en un paseo junto al Palacio de Ajuria Enea en plena protesta tras el asesinato fue precisamente la metáfora de aquel punto de inflexión de un cambio social que se había venido labrando en los últimos años. La crueldad de ETA al asesinar a Blanco tras el chantaje terminó por convulsionar a una ciudadanía que empezaba a sentir un profundo hartazgo por la persistencia del terrorismo.
La burbuja del mundo radical, aparentemente, seguía cerrada, pero las contradicciones iban por dentro. ETA seguía de vanguardia y bloqueaba la existencia de movimientos políticos, en donde los sectores más proclives a terminar con la violencia aún eran minoritarios o carecían de peso para cambiar la correlación de fuerzas interna a pesar de que la presión policial desgastaba a la organización. Se atribuye a Antton Etxebeste, entonces deportado en Santo Domingo, un intento que no cuajó para ampliar el plazo y propiciar una negociación que evitara que se cumpliera el ultimátum. El entorno radical parecía pétreo, pero la presión de la sociedad comenzaba a hacer mella. Iñigo Iruin, veterano abogado de la izquierda abertzale, es el autor de una frase reveladora: «A ETA se le mina, pero no se le elimina». El colchón sociológico de la izquierda radical vasca, labrado en el final del franquismo y al comienzo de una Transición convulsa, fue decisivo para explicar la lentitud en la evolución de ese mundo.
Ermua rompió el silencio de años de indiferencia, de mirar para otro lado, a pesar de que en un sector de la sociedad vasca sí habían anidado grupos pacifistas y de resistentes, y había comenzado en los años 80 a cristalizar, primero en torno a Gesto por la Paz, un movimiento de contestación a la violencia, en una primera fase, con una adhesión significativamente minoritaria pero que expresaba el germen de esa revolución de las conciencias que después iría germinando en algo cualitativa y cuantitativamente distinto. Durante aquel tiempo se activaron las campañas ciudadanas del 'lazo azul', por ejemplo para exigir la liberación de los empresarios Julio Iglesias Zamora y José María Aldaia, y del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, secuestrados por la organización terrorista, este último liberado por la Guardia Civil días antes de perpetrarse el crimen de Miguel Ángel.
En aquel escenario emergió el 'Basta ya' que, al menos sus orígenes, pretendía contrarrestar tantos años de silencio y ambigüedad con una beligerancia activa contra la violencia y contra quienes le prestaban cobertura ideológica. El embrión de aquello fueron las movilizaciones espontáneas en las calles de Euskadi tras el asesinato, muchas de ellas con presencia de numerosos jóvenes, que se habían socializado durante años en la cultura de imposición de ETA. Las convocatorias se llevaron a cabo, en numerosas ocasiones frente a las sedes de Herri Batasuna. «Sin pistolas no sois nada», era uno de los lemas coreados por los manifestantes.
Aquellas movilizaciones fueron el símbolo de aquella revuelta ciudadana, que después tendría consecuencias políticas. En la izquierda abertzale el fenómeno no fue inocuo y alentó las contradicciones internas que ya había comenzado a dejar el fracaso del diálogo de Argel, sobre todo quienes pensaban que una previsible derrota militar iba a precipitar un naufragio del proyecto político de la izquierda aber- tzale. Pero ETA y el bloque KAS, entonces dominante y representante de la línea más intransigente, optaron por una huida hacia adelante y una dinámica de hostigamiento terrorista de carácter político-militar. Las movilizaciones al calor de Ermua denunciaron también la cobertura política que daba Herri Batasuna a ETA.
A día de hoy todavía sorprende la falta de reacción y el silencio que caracterizaron su dirección, pese a sentirse directamente interpelada por la indignación cívica. En todo caso, Ermua también despertó determinados recelos políticos. El nacionalismo temió que, detrás del fenómeno de indignación social, los partidos no nacionalistas y el colectivo 'Basta ya' utilizaran esa reacción para socavar la base sociológica aber-tzale y legitimar un discurso constitucionalista. El 'Basta ya' logró aglutinar a numerosos intelectuales no nacionalistas al activismo ideológico y el nacionalismo institucional interpretó que se estaba gestando una operación en su contra para sustituir su tradicional hegemonía.
Después, tras la ruptura del acuerdo de Ajuria Enea, se activaría el 'plan Ardanza', que planteaba «un incentivo político» para integrar a la izquierda abertzale en el juego democrático, y que fracasó antes de nacer por los recelos del PP a que el PNV estuviera negociando en secreto con HB. Empezaba a germinar la dinámica de Lizarra en defensa del derecho de autodeterminación. Y emergía el proyecto de nuevo Estatuto de Libre Adhesión de Juan José Ibarretxe, cuya toma en consideración para debatirlo fue rechazado en el Congreso. El Pacto de Lizarra visualizaba la fractura entre nacionalistas y no nacionalistas, un caldo de cultivo propicio para la violencia.
Ermua aceleró algunos movimientos en la política vasca que venían larvándose tiempo antes, aunque el final del terrorismo tendría que esperar a 2011. Las tensiones en la izquierda abertzale permanecerían agazapadas, pero iban socavando poco a poco ciertos cimientos sociológicos que parecían inamovibles pero que, al final, terminaron por implosionar por la confluencia de numerosos factores: la presión y eficacia policial y judicial, la movilización social, el papel activo de los sectores más resistentes y la cooperación internacional. El complejo imaginario del terror, como la punta de un gigantesco iceberg, comenzaba a resquebrajarse poco a poco pero tardaría aún demasiado tiempo en derretirse.
Publicidad
Álvaro Soto | Madrid y Lidia Carvajal
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.